sábado, 1 de diciembre de 2012

ARG- REG CENTRO-GBA-Cerca de 3000 chicos en riesgo de quedarse sin techo


1-12-12- LA NACION

Provincia de Buenos Aires

El 99% de los hogares dirigidos por ONG que tienen convenio con el gobierno bonaerense presentan retrasos en el pago de las becas que les permiten acoger a niños en situación de vulnerabilidad social

Para ir al Hogar Infantil Bethel, hay que conducir 10 kilómetros al noroeste desde la ciudad de La Plata -centro político de la provincia más poblada del país- por un camino de tosca rocoso hasta llegar a la localidad de City Bell. En la puerta del extenso jardín espera Bladimir Kulak, director del hogar, que con sus grandes anteojos de marco grueso y una mirada inquieta murmura frases hundidas en una voz apesadumbrada. Hace casi un año que la institución no recibe un solo peso del subsidio convenido con la provincia de Buenos Aires. "Ahora creo en los milagros", declara Kulak, al ser consultado sobre cómo hizo para sostener la casa sin dinero.
Si bien el hogar Bethel es uno de los que hace más tiempo espera, esta situación crítica se repite en todos los hogares del distrito: el dinero llega siempre tarde, y durante ese lapso se deben crear diferentes estrategias de supervivencia para salir a flote.
El hogar Bethel es uno de los 200 hogares que dan refugio a casi 3000 chicos que sufrieron vulneración de sus derechos en el territorio bonaerense. Sumados a 41 hogares municipales y otros 24 dispositivos oficiales, son los que actualmente brindan refugio a miles de chicos y adolescentes que fueron separados de sus padres por violencia familiar, maltrato y abandono, y quizás, en breve, tengan que dejarlos en la calle. De éstos, el 99% manifiesta tener un retraso en el pago de las becas mensuales de $ 1300, convenidas con la Secretaría de Niñez y Adolescencia de la provincia de Buenos Aires.
Ésta es la conclusión arrojada por un sondeo telefónico realizado por Comunidad entre todos los hogares de la zona. La mayoría describe su situación como insostenible. Son 40 hogares, de los cuales dependen 655 chicos, los que declaran estar en riesgo de cerrar sus puertas o no saber qué hacer para sobrevivir. Además, nueve tuvieron que cerrar sus puertas durante el año 2012 y otros tres lo harán antes de que termine el año.

Reclamo sin respuesta
 A partir del retraso de pago de los subsidios correspondientes y sus drásticas consecuencias en el día a día y el futuro de estos chicos, la Red de Hogares de Buenos Aires realizó varias marchas de reclamo durante el año. Sebastián Gastelau, subsecretario bonaerense de Promoción y Protección de Derechos de Niñez y Adolescencia, niega este escenario: "Algunas veces es un retraso momentáneo. Hay distintas versiones, pero estamos garantizando todos los pagos".
Para desentrañar esta realidad tan compleja y de opiniones cruzadas, Comunidad llamó uno por uno a los 200 hogares que dependen de ONG y tienen convenio con el gobierno. Del otro lado del teléfono, se escucharon lamentos, risas llenas de ironía, y hasta repreguntas y pedidos de ayuda al consultarles sobre este tema. La mayoría declaró que el primer bimestre del año les fue abonado recién entre los meses de abril y mayo, y en general tienen un promedio de cuatro meses de retraso. ¿Cómo siguen adelante? Todos nombraron donaciones milagrosas que aparecen en el momento justo para poner paños fríos en medio de un incendio o cuando estaban a punto de cortarles algún servicio de agua o luz por falta de pago.
Al consultar a Pablo Navarro, secretario de Niñez y Adolescencia de la provincia de Buenos Aires, por este tema, declaró: "Desde nuestra gestión no han cerrado hogares. Los hogares que hemos cerrado han sido por decisión judicial o denuncias, que son dos o tres". En el mismo sentido, Gastelau declaró que no tiene presente si "alguno está cerrando. Puede ser que alguno esté cerrando y algún otro abriendo". Y precisó que algunos municipios se están haciendo cargo de hogares que antes manejaban ONG, como, por ejemplo, uno en Bolívar. "Hay de todo, hay organizaciones que no trabajan bien", justifica Gastelau.
Gustavo García, presidente de la Red de Hogares de Buenos Aires, reafirma que es alarmante la cantidad de hogares que cerraron en los últimos años y se pregunta a dónde fueron a parar esos niños que asistían a esas instituciones: "Con todos los problemas administrativos de principio de año, en abril empezaron a regularizarse los pagos, y en otros casos, ni siquiera se aprobaron los convenios. Recién ahora están empezando a normalizar los pagos, pero la plata no alcanza y las cosas aumentan día tras día. Uno tiene que pagar la luz, el gas, la leche diaria de los pibes, los sueldos, y los útiles y guardapolvos. Uno no puede mandar a los chicos con guardapolvos o zapatillas rotas, ellos tienen derecho a asistir a la escuela con todo lo necesario, como corresponde".
Daniel Arroyo, presidente de Poder Ciudadano y ex viceministro de Desarrollo Social, coloca el retraso de pago a los hogares en un contexto de situación financiera crítica a nivel global en la provincia: "La situación de los programas de asistencia (hogares, comedores, centros de atención) es realmente grave por evidentes limitaciones presupuestarias", y dice que esta situación, que es histórica, se agravó en este último tiempo y afectó a "la población más vulnerable de la provincia, que representa el 40% del país".

La sombra de qué pasaría con los 22 chicos de entre 4 y 18 años del hogar Bethel si no llegan las becas se instala en cada rincón de la casa. Tres de ellos tienen una discapacidad y ocho presentan dificultades en el aprendizaje.
En el jardín frondoso está estacionado el viejo Peugeot 505 familiar, modelo 86, que pertenece a la organización. Esta instantánea refleja de forma fiel la situación económica que sobrellevan. Como el hogar está ubicado en City Bell, en las afueras de la ciudad, el auto es el único medio de movilidad para llevar y traer a los chicos de la escuela. De hecho, hace unas semanas los niños de primaria no asistieron a la escuela porque se rompió el acelerador del auto. Uno de los chicos recomendó arreglarlo atándolo con un cordón de zapatos.
"Los chicos notan la falta de recursos, de alimentos, especialmente cuando renegamos con el auto y reducimos las salidas", dice Kulak. Realizan aproximadamente diez viajes por día para las salidas de los chicos, y en gas gastan alrededor de 90 pesos por día. "¿Cómo hacemos con el gas para el auto? La providencia. Cada tanto vienen vecinos generosos de la zona y nos donan plata para cargar el tanque", cuenta Kulak.
Actualmente sobreviven a pulmón, gracias a donaciones de particulares y alimentos que entrega la Fundación Banco de Alimentos. Al no haber plata, el equipo técnico del hogar (trabajadoras sociales, psicólogas y coordinador) no cobra su sueldo desde marzo.

Estrategias de supervivencia
En el mencionado sondeo, se les preguntó a las instituciones cómo lograban sostener su obra a pesar de la falta de subsidios. Sorpresivamente, una importante cantidad de organizaciones encontraron que la salida era crear su propio emprendimiento para sobrevivir. Éste es el caso del Pequeño Hogar Ayala, de Avellaneda, que tiene un negocio propio de sándwiches caseros, milanesas y rosquitas para generar fondos. Lo mismo sucede con el Proyecto América por los Niños, de La Matanza, que tiene un emprendimiento de panadería en el jardín. Del otro lado del teléfono, su encargada, Yolanda, dice: "Algo hay que hacer. No voy a dejar a los chicos sin comer, acá tenemos desde bebes hasta chicos de 11 años. Se vuelve muy difícil solventar los sueldos de la gente que trabaja", y agrega indignada que "la provincia te exige mucho, pero te da poco".

Éstos son hogares con propuestas más institucionalizadas, pero también hay otros que se las arreglan con la organización de eventos esporádicos, como cenas solidarias. Ése es el caso del Hogar San Hipólito. Emilia Graciela Tessi, protesorera del hogar, cuenta que "actualmente están sobreviviendo con la última cena a beneficio que realizaron", y que además, durante el año, armaron cenas y desfiles para recaudar fondos. Otros se endeudan, piden plata prestada o compran de forma fiada en almacenes.
En todos los casos, la carga más pesada para los hogares es el pago de sueldos, cargas sociales y aguinaldos del equipo profesional. Kulak se queja de la incoherencia de que, por no pagar los sueldos, los intiman de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Y como si esto fuera poco, en los meses de invierno les cayó una inspección del servicio zonal para supervisar la infraestructura del lugar. El abandono está a la vista de cualquiera que visite la casa y el resultado de la inspección era predecible: los matafuegos estaban vencidos, la estufa no andaba, había filtraciones de agua en los techos y las instalaciones eléctricas no estaban en condiciones óptimas.
Consultado Pablo Navarro sobre la ayuda que representan estos hogares en el armado de las políticas sociales de la provincia, sostuvo que "necesitamos su ayuda, son parte del sistema. Nadie piensa en cerrar los hogares, pensamos en fortalecerlos, en trabajar mejor, en seguir trabajando juntos".
De hecho, según el Registro Estadístico Unificado de Niñez y Adolescencia (Reuna), durante 2011, del total de medidas de abrigo adoptadas, el 95% de ellas fue en hogares dirigidos por ONG conveniados con la provincia, y sólo en el 5% de los casos se utilizaron las instituciones oficiales. Esto quiere decir que los chicos siguen llegando a estos hogares, pero no así los recursos para poder darles una vida digna.
Al hogar Bethel le prometieron el pago de todos los meses que le adeudan. Mientras tanto, los chicos toman la merienda sin saber si mañana vivirán bajo ese mismo techo.

Merma de chicos en hogares

En el año 2006 había 8869 chicos institucionalizados en la provincia de Buenos Aires, cifra que se redujo a 3988, a partir de la implementación de la ley 13.298, de promoción y protección de los derechos del niño, que prioriza el vínculo de los padres con sus hijos. Actualmente, la razón principal por la que los chicos ingresan a los hogares es el maltrato infantil, según cifras de la Secretaría de Niñez y Adolescencia de la provincia.

cómo colaborar

Red de Hogares de Buenos Aires
hogardonbosco_laplata@yahoo.com
Hogar Infantil Bethel
info@hogarbethel.org
Poder Ciudadano
www.poderciudadano.org.ar
Hogar San José
 (02245) 442230 .

http://www.lanacion.com.ar/1532333-cerca-de-3000-chicos-en-riesgo-de-quedarse-sin-techo



Arg- En la casa, los chicos solo deben estudiar y jugar- TI Domestico

1-12-12 La Nación- Opinión



Jugar, estudiar, recibir el amor de sus padres y del resto de la familia, sí. Pero trabajar en casa como un adulto, no. Esa debería ser la norma para todos los hogares en la Argentina. Sin embargo, no lo es: lamentablemente, el trabajo doméstico de los niños es el más invisible de todos y el que todavía la mayor parte de la sociedad acepta sin siquiera cuestionárselo.
Una larga tradición pesa en este tema: antes, nunca había estado mal visto que los niños, sobre todo las niñas -aquí también se trata de una cuestión de género-, ayudaran en los trabajos de la casa: cuidar de los hermanitos menores, comprar los alimentos y hasta hacer muchas veces la comida, limpiar, planchar. Pero hace varios años que para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se habla de trabajo infantil doméstico (TID) cuando se realizan tareas domésticas con una duración de más de tres horas diarias o 15 semanales, en los menores de 16 años, y de más de seis horas diarias o 36 semanales entre los 16 y los 18 años.
Los padres o los abuelos que recurren a los niños de la casa para este trabajo no son conscientes casi nunca de las consecuencias que tienen para ellos: riesgos en la salud, retraso o abandono escolar, pérdida de la posibilidad de jugar y tener momentos de recreación acordes con su edad, y la carga psicológica de verse obligados a sumir responsabilidades adultas que no les corresponden.
Por supuesto, esta realidad, que en nuestro país está empezando a documentarse tanto desde el ámbito estatal como del privado, está estrechamente relacionada con el nivel económico y social de los hogares. Según datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, son 701.695 los menores de 18 años que realizan trabajo doméstico intensivo (el 7,8% del total).
La mayoría de las niñas que realizan trabajo infantil doméstico intensivo tienen madres que deben salir a trabajar a su vez en labores domésticas y no pueden estar junto a sus hijos para criarlos; en el futuro, estas niñas reproducirán el modelo familiar y laboral. Aunque los índices son menores para los varones, también ellos deben ayudar: en estos casos, los chicos trabajan afuera (por ejemplo, como cartoneros) y, luego, se ven obligados a hacerlo también en la casa.
La creación de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la jornada escolar extendida han sido instrumentos utilísimos a la hora de poder ponerle cifras a este fenómeno social tan invisible, como ya dijimos. Ahora es imposible seguir negándolo; ha llegado el momento de que, desde el Estado en primer lugar, y desde el resto de la sociedad, después, se aúnen esfuerzos para terminar con esta situación que no sólo es injusta, sino que predice un futuro aciago para nuestros jóvenes y para la comunidad en su conjunto..
http://www.lanacion.com.ar/1532223-en-la-casa-los-chicos-solo-deben-estudiar-y-jugar

Arg- Los vicios de la pobreza estructural- TI Domestico


1-12-12 LA NACION

En la Argentina, el trabajo en menores de 16 años está prohibido. Al tiempo que el trabajo en adolescentes está sumamente regulado. Se ha avanzado en la creación de la institucionalidad necesaria para enfrentar el problema, y son muchas las acciones desde el Estado en pos de la prevención y protección del trabajo infantil. Sin embargo, el desafío en su erradicación es aún muy importante porque supone un cambio sustantivo de la sociedad en varios frentes.
Si bien los avances han sido importantes en la creación de empleo, en la ampliación de derechos sociales y políticas de protección social aún persiste un núcleo duro de pobreza estructural donde las changas y los trabajos temporarios constituyen las principales formas de subsistencia de las unidades domésticas. 
Se estima que el 48% de la niñez y adolescencia urbana vive en hogares en los que el jefe/a de hogar tiene una inserción precaria en el mercado de trabajo o se encuentra desocupado, subocupado o desalentado (70% de los chicos/as en el 25% más pobre).
En el contexto de estas unidades domésticas se desarrollan estrategias de reproducción en las que cientos de miles de niños, niñas y adolescentes asumen tareas clave en el interior de sus hogares ayudando con la limpieza de la casa, asumiendo tareas de lavado o planchado de ropa; elaboración de la comida, compras, mandados, y tareas de cuidado de hermanos/as u otros adultos dependientes, entre otras tareas según las condiciones del hábitat y la región geográfica. Es conocido que son las niñas y adolescentes las que suelen asumir las responsabilidades domésticas, que las mismas se desarrollan de modo principal en los propios hogares y de modo no remunerado. En el interior de muchos de estos hogares, la asunción por parte de las chicas de responsabilidades domésticas responde a la necesidad de suplir a las mujeres adultas que se incorporan al mercado de trabajo. Aun así cabe reconocer que el trabajo doméstico en la infancia suele ser una situación naturalizada, que incluso en muchas familias es percibida como una forma de preservación de los peligros del mundo exterior, y que suele ser considerada formativa en tanto se adquieren calificaciones que luego serán útiles en el matrimonio o que le permitirán trabajar en el mercado.
Estas prácticas estructuran trayectos de integración social y laboral en las que se reproducen las relaciones de género, las condiciones de precarización y privaciones sociales que claramente comprometen el presente (educación, juego, recreación, deporte, cultura) y la vida adulta (autonomía, autorrealización y ejercicio de la libertad)
http://www.lanacion.com.ar/1532329-los-vicios-de-la-pobreza-estructural


Arg- TI Domestico- Cuando jugar a la mamá se hace realidad


1-12-12- LA NACION

Más de 700.000 niños y adolescentes de 5 a 17 años son obligados a ocuparse de las tareas de la casa y del cuidado de sus hermanos, en detrimento de su educación y su ocio

Por Micaela Urdinez  | 
En la semana, Ana -de 15 años- se levanta cerca de las 7 para poder llevar a su hermana al jardín de infantes, y para llegar a tiempo de dejar los tuppers en el Comedor Padre Daniel de la Sierra, que luego retirará llenos de comida cuando salga del colegio al mediodía. Una vez en su casa, su primera responsabilidad es barrer y cuidar de sus hermanos menores: Paola y Arnaldo, de 1 año y 3 meses. Sólo después de haber cumplido con esas tareas puede descansar o jugar una hora en la computadora. Porque junto a su hermana mayor, Liz, también le toca hacerse cargo de otras actividades: lavar la ropa, los cubiertos y platos, el baño, limpiar el cuarto y cocinar.
"Nunca traigo tarea porque hago todo en el colegio. Después de limpiar juego un rato en la computadora. Pero primero me toca la limpieza", dice esta joven tímida, de mirada huidiza, que vive en la villa 21-24 de Barracas, junto a su madre, su padrastro, sus 3 hermanos, un primo y el padre de su padrastro, mientras se recupera de una operación.
Aunque a sus padres -y a la sociedad en general- les parezca razonable que ellas ayuden en la casa, en el caso extremo de Ana y Liz la organización familiar las obliga a ser víctimas de trabajo doméstico intensivo (TDI). Lamentablemente, las consecuencias en las vidas de los niños son tan trágicas como cuando realizan actividades económicas: riesgos en la salud, retraso o abandono escolar, consecuencias psicológicas al tener que asumir responsabilidades de los adultos y pérdida de espacios de ocio y recreación.
Porque aunque existe una concepción ancestral que sostiene que es formativo que los hijos colaboren en los quehaceres domésticos, es preocupante constatar en cuántos casos ellos se convierten, directamente, en los jefes de la casa. Según cifras del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina, son 701.695 los menores de 5 a 18 años que realizan trabajo doméstico intensivo (el 7,8% del total). Esto quiere decir que en sus hogares son los responsables de llevar a cabo todas las siguientes tareas: atender la casa, hacer la comida, cuidar a sus hermanos, hacer las compras, juntar agua o buscar leña. En villas y asentamientos, este porcentaje se eleva al 15,3% -porque permite liberar mano de obra adulta para generar mayores ingresos-, mientras que en el trazado urbano medio se reduce al 3,9 por ciento.
"El trabajo infantil doméstico es el que menos se ve y el más difícil de erradicar porque tiene que ver con una estructura familiar y con el género. Para revertirlo hace falta hacer una intervención familiar y también trabajar con la escuela. No está ligado directamente a un tema económico, pero es el que permite que los padres puedan trabajar", sostiene Soledad Gómez, responsable del Área de Inclusión Social de la Asociación Conciencia.
Al ser un fenómeno naturalizado socialmente y que se transforma en una vulneración de derechos en función de la intensidad y las privaciones que acarrea, el trabajo doméstico intensivo es difícil de detectar, pero también de medir. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se considera TDI cuando se realizan tareas domésticas con una duración de más de 3 horas diarias o 15 semanales en los niños menores de 16 años y de más de 6 horas diarias o 36 semanales entre los 16 y 18, afectando el acceso, rendimiento y la permanencia en la escuela, y el desarrollo físico y psicológico de los niños y adolescentes. Otras variables para tener en cuenta es si constituye una tarea riesgosa o no, la responsabilidad que asume según su edad, si hay o no presencia de un adulto y la percepción de remuneración.

"Nunca dejé a mis hijos en una guardería porque confío más en mis hijas. Yo les explico qué tienen que comer, qué remedios tienen que tomar los más chicos y a qué hora le tienen que cambiar los pañales. Por eso mis hijos nunca se enfermaron", dice María Juana, de 34 años, madre de Liz y Ana, que recién hace 5 se vino a probar suerte desde Paraguay. Hoy, la familia se sostiene gracias a los $ 1500 que reciben del plan Ciudadanía Porteña y de los $ 2000 promedio por mes que saca el jefe de familia de su trabajo de albañil.
Liz no tuvo más opción que empezar a ocuparse de la casa cuando sólo tenía 7 años. De un día para el otro, tuvo que abandonar las cocinas de juguete y dejar de cambiarle los pañales a sus muñecas para transformarse en una ama de casa con todas las letras y en la madre sustituta de sus hermanos. Ana recién empezó a los 10, y hoy son las encargadas del hogar mientras sus padres trabajan. Como es de esperar, los efectos secundarios en su educación no tardaron en llegar. Liz está en 3er. año y a Ana recién la promovieron a 7° grado hace un mes. Ambas presentan retraso educativo.
Datos del ODSA muestran que son 367.166 los chicos entre 5 y 17 años que realizan TDI y a su vez presentan déficit educativo, esto quiere decir que no asisten a la escuela o lo hacen con sobreedad. "El trabajo infantil doméstico no afecta tanto el rendimiento en la escuela, sino que se manifiesta en las llegadas tarde, las inasistencias, en no poder asistir a las actividades de contraturno como las deportivas o artísticas", afirma Magalí Lamfir, responsable de Programas de la Asociación Conciencia.
"Este mes voy a empezar a buscar trabajo, así que el año que viene Ana va a ir a la tarde y Liz a la mañana, así las dos pueden cuidar a sus hermanitos cuando salen del colegio y ocuparse de la casa", dice María Juana, mientras Ana se queja porque dice que a la tarde hace mucho calor en el colegio y que va a tener que cambiar de compañeros.
"Yo directamente las dejo a ellas para que hagan, así cuando se vayan de casa ya saben hacer", dice la madre, reforzando el supuesto aspecto educativo del trabajo doméstico intensivo. Mientras tanto, Ana sigue soñando con hacer lo que más le gusta: andar en bici, cantar, bailar y algún día, cuando sea grande, ser peluquera.
***Limpiar, cocinar, planchar, realizar mandados, o cuidar a otros niños o ancianos no resulta en sí peligroso ni una explotación para todos los niños que lo realizan, pero se convierte en una violación de derechos cuando les demanda todo el día y les impide ser niños: cuando obstruye el goce pleno de sus derechos a educarse, ver a su familia, jugar o tener amigos.
"Una cosa es el trabajo en casas particulares o para terceros, que está prohibido por debajo de los 16 años, según la legislación vigente, y por otro lado el trabajo infantil doméstico intrafamiliar. En este segundo supuesto no hablamos de la colaboración en las tareas del hogar, sino de que la niña o el niño asumen las responsabilidad del cuidado de sus hermanos menores o de adultos mayores supliendo el rol de los adultos", sostiene María del Pilar Rey Mendez, presidenta de la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil.

En términos generales, el perfil de quienes realizan este tipo de tareas son niños de entre 6 a 17 años, en su mayoría mujeres (61,6%), que poseen escasa educación, que proceden de familias muy pobres (en muchos casos monoparentales) y que, generalmente, tienen madres que fueron trabajadoras domésticas antes de cumplir los 18 años.
"En nuestra población vemos más casos de trabajo doméstico que los demás, pero no es excluyente. Un chico que es vendedor ambulante, cartonero o que trabaja en la cosecha llega a su casa y también tiene que cuidar a sus hermanos. No es que los padres son descuidados con sus hijos, sino que no tienen dónde dejarlos. Esto sucede, principalmente, en las comunidades vulnerables, en la que los padres tienen la necesidad de salir a trabajar y hacer changas", agrega Gómez.
Respecto de la situación laboral de los padres de los chicos que realizan TDI, sólo el 36% tiene un trabajo estable, el 46% posee un trabajo precario, el 9,1% está inactivo y el 8,5% era desempleado o con subempleo.
Este último es el caso de Carla, que tiene 14 años y vive en una casa junto a sus padres y sus 4 hermanos en Villa Soldati. Si bien ambos jefes de familia se encuentran sin trabajo -su padre era albañil y su madre tiene un pequeño quiosco en casa-, ella es la encargada de las tareas de la casa. Su rutina consiste en levantarse cerca de las 11, desayunar y limpiar la casa hasta las 17 que va a la escuela donde cursa el 1er. año en el Instituto Nuestra Señora de Fátima. En 2011 la tuvieron que cambiar de escuela porque repitió de grado.
"Barro, limpio la mesa, el baño, lavo los platos y cubiertos, arreglo la pieza de mi mamá y cocino algunas veces. Lo tengo que hacer sí o sí. Si no lo hago me tengo que ir a la casa de mi abuela. Mi mamá es muy nerviosa y cualquier cosa que haga mal ella reacciona mal también, como que se enoja mucho", explica esta joven que comenzó a colaborar en el hogar cuando tenía 5 años, a veces con la ayuda de su madre, y sostiene que le gustaría terminar la secundaria para tener su diploma y poder conseguir un buen trabajo.
***Al igual que sucede en el mundo de los adultos, los niños también tienden a naturalizar esta realidad y no viven la realización de tareas domésticas como una carga o como una imposición, sino como la posibilidad de contribuir en la organización familiar. La mayoría de las veces, los niños frente a la pregunta de por qué se hacen cargo de limpiar, cocinar, responden que es porque quieren, porque les gusta, porque les divierte o porque quieren ayudar mostrando una mimetización con los roles adultos.
"Cuando era chiquito él cocinaba, venía cansado y yo le iba a hacer los mandados nomás. A los 13 un día me dijo que aprenda a cocinar, miraba, le preguntaba cómo se hacía. Un día le dije dejá que puedo hacerlo yo, me controlaba no más como lo hacía, cuánto tiempo dejar las cosas y después solo ya empecé a cocinar. Lavar la ropa; como tenemos lavarropas automático pongo pero no cuesta nada, es una pavada; después tenderlo no más, es fácil", explica Carlos, de 16 años, que vive con su abuelo en una casa en La Cava, Beccar, provincia de Buenos Aires. En su relato, deja en claro que no siente que el tener que dedicar entre 4 y 5 horas de su día a las tareas de la casa sea nocivo para su persona, o incluso un atropello de sus derechos.
Su padre vive en Corrientes donde trabaja en una arrocera, su abuelo es albañil, su madre atiende un quiosco en su casa y su padrastro es pintor. Su casa es de material con pisos de madera y tiene dos dormitorios. Está en 4° año de la Escuela Técnica N° 1 en Beccar, la que considera que es importante terminar porque "quiero tener un buen futuro cuando sea grande y trabajar, tener un buen progreso, ser alguien en el mundo y tener mi propia ropa".
Desde los 12 años Carlos es el encargado de limpiar la casa, lavar los platos, a veces limpiar la mesa, barrer y baldear. Y si bien no reconoce que realiza trabajo infantil doméstico, sí sabe que si no se ocupa de la casa, su abuelo lo retaría, y que si él no lo hace, no hay nadie que lo reemplace. "Cuando yo me enfermé la casa quedó sucia. Mi abuelo no limpió y mi mamá tampoco me ayudaba. Una vuelta estuve rebelde y mi abuelo casi me echó de la casa", recuerda Carlos, en un claro ejemplo de que el TDI no es exclusivo de las mujeres, sino que en algunos casos también son los varones los responsables de las tareas de la casa.
Lo mismo le sucede a Franco, que tiene 17 años y vive en la villa 21-24 de Barracas, junto a sus padres y hermanos de 15, 12 y 7. Sus padres están desempleados y salen a cartonear todas las tardes por la zona de Caseros para recolectar cartón, plástico y vidrio. Parten alrededor de las 16 y vuelven pasada la medianoche. Empezaron con este modo de supervivencia cuando Franco tenía 10 años y así fue como se convirtió en el responsable de la casa. "Cuando eran más chicos los llevaba conmigo a cartonear, también porque les tenía que dar la teta", cuenta su madre, Susana, que todos los mediodía colabora en el comedor Padre Daniel de la Sierra, en el anexo que tienen para diabéticos e hipertensos. Como contrapartida, la dejan llevarse la comida de todos los días para la familia.
Si bien tiene el almuerzo y la cena resuelta, Susana sufre el no poder comprarle ropa o darle una mejor calidad de vida a sus hijos. Cobra $ 1300 del plan Ciudadanía Porteña y saca cerca de $ 30 por día con el cartoneo.
En la dinámica familiar, Franco oficia las veces de adulto y se encarga de cuidar a sus hermanos, cocinar y hacer los mandados. Todos van caminando juntos a la escuela N° 7 por la mañana y por las tardes se los puede ver deambulando por el barrio. "Franco tiene 17, está recién en 2° año. Lo que pasa es que se atrasó mucho porque tuvo cuadros de desnutrición cuando era chico", intenta explicar su madre, que cuando puede dice que les deja hecha la comida para la noche, pero que si no se ocupan ellos.
"El trabajo infantil doméstico va de la mano de la pobreza, de la mala educación, del no acceso a la información, de la mala atención de la salud. Es una pobreza estructural porque la mayoría de los padres también fueron trabajadores infantiles. Es una problemática transversal que tiene que ver con la alimentación, con la higiene, con el trabajo, con la educación y con la recreación", agrega Flores, a la vez que rescata que hace 10 años no se hablaba de trabajo infantil y ahora los padres por lo menos saben que está mal.
La toma de conciencia es el primer paso para cualquier cambio sustancial. Ahora sólo resta transformar estos conceptos en actos, para que en los hogares, los niños sólo se dediquen a jugar, estudiar y ser felices.

PARA SABER MAS

Asociación Conciencia
www.conciencia.org
Comedor Padre Daniel de la Sierra
grupopadredelasierra@yahoo.com.ar

http://www.lanacion.com.ar/1532229-cuando-jugar-a-la-mama-se-hace-realidad