sábado, 6 de abril de 2013

Arg- Inundaciones en Buenos Aires

5-4-13 AnRed
¿Por qué estamos ante un nuevo crimen social? Parece mentira que en pleno siglo XXI, en el corazón del capitalismo argentino, una lluvia más abundante de lo normal haga colapsar el territorio y arruine la vida de miles de personas que ven como lo acumulado durante toda una vida de trabajo se va con la corriente. Peor aún: ya hay casi 60 muertos y todavía no bajó el agua. En los próximos días la cifra seguramente se elevará. Los gobernantes de los territorios afectados, más que explicaciones, dieron excusas.
Por Gonzalo Sanz Cerbino.
Para Mauricio Macri, se trató de una “tragedia climática”. Una vez más (porque no es la primera vez que pasa) el jefe de gobierno porteño adjudicó lo sucedido a imprevisibles factores climáticos, como si lo único que pudiera hacerse para evitar el caos fuera rezar para que no llueva tanto. Peor aún, luego de varios episodios similares, ya resulta poco creíble seguir hablando de lo imprevisible que resultan las inundaciones. Funcionarios del gobierno nacional salieron inmediatamente a criticarlo, resaltando las demoras en la concreción de obras de desagote pluvial o la ausencia de medidas preventivas, como un plan de emergencia para recolectar la basura y evitar que se tapen los sumideros. Sin embargo, tuvieron que llamarse a silencio en menos de 24 horas, ya que la capital provincial que cogobiernan con Scioli terminó peor que la ciudad, con casi 50 muertos.
Adjudicar lo sucedido a fuerzas incontrolables de la naturaleza, como hacen los gobernantes buscando disimular su propia inoperancia, es deliberadamente falso. Las inundaciones son, en primer lugar, producto de la ocupación del espacio. Que es una actividad humana y que está a nuestro alcance controlar. Tanto en la capital como en la provincia hay zonas inundables y zonas que no lo son: si no se ocuparan las zonas bajas, no habría inundados. A su vez, la intervención del hombre sobre esos espacios puede modificar la forma en que se absorbe el agua de lluvia. Así, la construcción de desagües, aliviaderos o canales pueden transformar una zona inundable en una habitable. A la inversa, la intervención humana, eliminando zonas naturales de absorción, puede convertir una zona en inundable. En este sentido, estas muertes tienen causas sociales antes que causas naturales. En tanto vivimos en una sociedad capitalista, las inundaciones son el producto de sus patrones de ocupación del espacio. Buenos Aires, como toda metrópoli burguesa, comenzó con la ocupación de las tierras altas, prudentemente alejadas de las cuencas de los arroyos que atravesaban la capital. Sin embargo, el crecimiento urbano llevó a los asentamientos sobre tierras bajas, históricamente afectadas por las inundaciones. Eran las peores zonas y por tanto las más baratas, a las que fueron a recalar aquellos que no podían acceder a otras mejores, por carecer de medios. Así, a principio de siglo, los obreros inmigrantes se fueron ubicando a todo lo largo del sur de la ciudad, en barrios como La Boca, Barracas o Soldati, que aún hoy sufren periódicamente de inundaciones que los medios ni se toman la molestia de reflejar. En todas las grandes ciudades (las barriadas que rodean La Plata, por ejemplo), los patrones capitalistas de ocupación del espacio sancionan (mercado mediante) que la burguesía podrá acceder a las tierras más caras que, entre otras cosas, son las que no se inundan. Los obreros se irán ubicando en los márgenes, allí donde no llegan los servicios y donde una lluvia se lleva todo, incluso vidas. En ellas ningún político se molestará en hacer obras de infraestructura para evitar anegamientos: que se inunden se ha convertido en la norma.
Otros fenómenos que tienen que ver con la ocupación capitalista del espacio operan haciendo que ciertas zonas sean más propensas a inundarse ante tormentas fuertes. Arquitectos e ingenieros coinciden en señalar que la expansión urbana va reemplazando a su paso terrenos que filtran el agua (espacios verdes, por ejemplo), por terrenos impermeables (cemento). A su vez, la construcción de los cimientos de edificios interpone barreras subterráneas a la circulación y el drenaje del agua de lluvia. Por otro lado, algunas obras públicas (plazas secas, reemplazar empedrado por asfalto) contribuyen a la impermeabilización de los terrenos y la contracción de los drenajes naturales. El boom de la construcción en los últimos años ha hecho que las grandes metrópolis sean entonces más vulnerables a las inundaciones. Cada capitalista individual que participa del negocio solo se preocupó de su ganancia, y la sumatoria de iniciativas particulares ha dado por resultado una ocupación anárquica del espacio, en donde las grandes inundaciones son moneda corriente. El estado ha procurado no entorpecer este gran negocio, sin intervenir para regular sus consecuencias. El caos en el transporte y en la recolección de basura, por ejemplo, son producto de este crecimiento incontrolado de la ocupación urbana. La ausencia de un plan hidrológico, que adecuara los canales aliviadores acompañando el boom de la construcción, es sin duda una de las razones detrás todo este caos. Ningún burgués va a preocuparse por ello porque el único motor para la inversión es la obtención de ganancias. Y tampoco lo hacen los gobiernos, más preocupados por derrochar recursos en iniciativas cosméticas, aquellas más inmediatamente visibles que son las que dan votos. Los muertos que nos ha dejado el agua no son entonces el resultado de imprevisibles catástrofes, sino un producto de la anarquía capitalista en que vivimos. Un crimen social.

Gonzalo Sanz Cerbino, Dr. en Historia, es integrante del Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales/Razón y Revolución.

http://www.anred.org/spip.php?article5992

Arg- Crecidas: miseria y opulencia- Inundaciones Miseria y opulencia- Parte 1 y 2

6-4-13 Realidad Economica

Crecidas: miseria y opulencia - (Primera Parte)
Alberto Viladrich - Oscar Moscardini - Víctor Capilouto - Realidad Económica Nº 109
Artículo publicado en Realidad Económica Nº 109 - julio/agosto de 1992

El argentino común —no inundado—, ante las noticias del desastre humano y físico que representa esta onda de crecida del año 1992, tenderá a considerarla como un hecho de la fatalidad.
Este hipotético ciudadano medio quizá no se detenga a pensar que, ademas de la cuota inevitable que todos pagamos por hechos anómalos de esta naturaleza —en este caso precipitaciones de gran magnitud que se presentan con cierta frecuencia—, estamos pagando los intereses de otra deuda interna.
Bajar doc completo pdf en

http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=4441


Inundaciones Miseria y opulencia II
Alberto Viladrich Morera - Oscar Moscardini - Marcelo González - Realidad Económica Nº 156

Artículo publicado en Realidad Económica Nº 156 - mayo/junio de 1998

El fenómeno reciente de inundaciones y crecidas en el Litoral no ha sido el mayor registrado en este siglo, ni por su duración, ni por las alturas alcanzadas por los ríos en los puntos críticos, ni por los caudales máximos en los grandes emisarios como el Paranaá y el Uruguay. La gran resonancia nacional que ha tenido este fenómeno —quizás aún inconcluso— es atribuible a diversos factores, la mayoría de los cuales se han potenciado entre si.
Entre ellos están la cadena de solidaridad impulsada por los medios de comunicación, especialmente la T.V.; la sensación de la opinión pública de que los sectores oficiales han actuado tarde y mal ante la emergencia. La cobertura del fenómeno de El Niño, que los medios de comunicación realizaron desde 1997, incluyendo sus efectos sobre otros países y las previsiones acerca de las catóstrofícas consecuencias que podia tener sobre el nuestro; el aumento de la pobreza relativa de los sectores de la población de muy bajos ingresos, que son los sectores que en las últimas décadas se han visto, más que otros, «empujados» a la ocupación marginal de los valles de inundación.

Bajar doc completo pdf en
http://www.iade.org.ar/modules/noticias/article.php?storyid=4442





Arg-Reg Centro-GBA- COMUNIDADES INDÍGENAS: LOS OLVIDADOS DE LA INUNDACIÓN

6-4-13 Agencia Walsh
Sin ayuda del municipio

(AW) Más de 60 familias del barrio toba y paraguayo, y la comunidad mocoví, que viven en asentamientos a las afueras de La Plata, no están recibiendo ayuda oficial. Sus viviendas continúan inundadas. Se difunden los números de teléfonos para poder colaborar.

Por Ulises Rodríguez

El Barrio Toba y Paraguayo y la comunidad Mocoví que viven en asentamientos a las afueras de La Plata son, una vez más, los olvidados en la cadena de ayuda. Son más de 60 familias que todavía están con agua en sus casas. ¿Cómo ayudarlos?
 Las aguas están bajando, muchos reciben ayuda y otros tantos permanecen en el olvido. Como una película que ya vimos en la Historia argentina son nuevamente comunidades indígenas las marginadas.
 Por un lado está la comunidad Mocoví, en 28 y 154 -partido de Berisso- una zona en la que todavía hay agua en las casas. "Hasta el momento la ayuda que hemos recibido ha sido de algunos vecinos de la zona que nos han traído algo de agua y arroz. También vinieron de la Facultad de Medicina que estuvieron haciendo controles sanitarios", dice Patricia González, líder la de la comunidad.
 Las familias evacuadas están alojadas en un SUM del barrio y allí necesitan frazadas y colchones, además de agua potable, alimentos y productos de limpieza e higiene personal.
 "Hasta el momento no hemos recibido ayuda de la Municipalidad y ninguna autoridad se ha hecho presente para ver si necesitábamos algo", cuenta Patricia.
 Son un total de 27 familias originarias de la localidad santafesina de Calchaquí que tras deambular por distintos distritos bonaerenses y asentarse en tres barrios de Berisso y en el Gran La Plata, formaron su propio barrio en un campo de dos hectáreas y media ubicado en las calles 28 y 156, en las afueras de esta ciudad. En el 2003 obtuvieron su personería jurídica y en junio de 2006 se instalaron en el lugar actual de residencia con un acuerdo de comodato con quienes eran titulares del predio.
 El número de teléfono para llamar a Patricia y brindar ayuda es el 0221 15 5071147.

Tobas y paraguayos
El bario toba y paraguayo está en 140 y 526, atrás del Barrio Malvinas. Hasta el momento no ha ido ninguna autoridad a brindarles ayuda. "Necesitan lo que todo el mundo: colchones, frazadas, agua, ropa, alimentos", dice Tony Fenoy coordinador del Seminario de Teología de la Liberación de la Facultad de Trabajo Social que junto a su compañera Graciela están trabajando en esa zona.
 Esta barriada está bien pegada al arroyo "El gato", una de las zonas permanentemente inundables de la ciudad. Entre los dos asentamientos alcanzan a ser unas 60 familias.
 "La mayoría en el barrio son chicos y los padres trabajan gran parte como albañiles y se organizan de manera comunitaria, algo muy típico de los tobas", dice Fenoy.
 Para ofrecer ayuda a este barrio que tanto lo necesita, se puede llamar a Tony Fenoy al 0221 15 5627467.

Fuente: infonews, Por Ulises Rodríguez, 05.04.2013
Enlace: http://www.infonews.com/2013/04/05/sociedad-68777-comunidades-indigenas-los-olvidados-de-la-inundacion-temporal-inundacion-en-la-plata.php

http://www.agenciawalsh.org/aw/index.php?option=com_content&view=article&id=10416&Itemid=181

martes, 2 de abril de 2013

Mundo-Así será 2013

2-4-13 Le Monde Diplomatique

Ignacio Ramonet

País:  Latinoamérica, Europa, Oriente Próximo
Tema:  Elecciones, Geopolítica, Relaciones internacionales, Revueltas sociales



Después de haber sobrevivido –el pasado 21 de diciembre– al anunciado fin del mundo, nos queda ahora tratar de prever –con razonamientos prudentes pero más cartesianos– nuestro futuro inmediato, basándonos en los principios de la geopolítica, una disciplina que permite comprender el juego general de las potencias y evaluar los principales riesgos y peligros. Para anticipar, como en unos tableros de ajedrez, los movimientos de cada potencial adversario.
Si contemplamos, en este principio de año, un mapa del planeta, inmediatamente observamos varios puntos con luces rojas encendidas. Cuatro de ellos presentan altos niveles de peligro: Europa, América Latina, Oriente Próximo y Asia.
En la Unión Europea (UE), el año 2013 será el peor desde que empezó la crisis. La austeridad como credo único y los hachazos al Estado de bienestar continuarán porque así lo exige Alemania que, por primera vez en la historia, domina Europa y la dirige con mano de hierro. Berlín no aceptará ningún cambio hasta los comicios del próximo 22 de septiembre en los que la canciller Angela Merkel podría ser elegida para un tercer mandato.
En España, las tensiones políticas aumentarán a medida que la Generalitat de Catalunya vaya precisando los términos de la consulta a los catalanes sobre el futuro de esa comunidad autónoma. Proceso que, desde Euskadi, los nacionalistas vascos seguirán con el mayor interés. En cuanto a la situación de la economía, ya pésima, va a depender de lo que ocurra... en Italia en las próximas elecciones (el 24 de febrero). Y de las reacciones de los mercados ante una eventual victoria de los amigos del conservador Mario Monti (que cuenta con el apoyo de Berlín y del Vaticano) o del candidato de centroizquierda Pier Luigi Bersani, mejor colocado en las encuestas. También dependerá de las condiciones (sin duda brutales) que exigirá Bruselas por el rescate que Mariano Rajoy acabará pidiendo. Sin hablar de las protestas que siguen extendiéndose como reguero de gasolina y que acabarán por dar con algún fósforo encendido... Podrían producirse explosiones en cualquiera de las sociedades de la Europa del sur (Grecia, Portugal, Italia, España) exasperadas por los matraqueos sociales permanentes. La UE no saldrá del túnel en 2013, y todo podría empeorar si, además, los mercados decidieran cebarse (como los neoliberales les están incitando a hacerlo) (1) con la Francia del muy moderado socialista François Hollande.
En América Latina, el año 2013 también está lleno de desafíos. En primer lugar en Venezuela, país que desde 1999 representa un papel motor en los cambios progresistas de todo el subcontinente. La imprevista recaída del presidente Hugo Chávez –reelegido el pasado 7 de octubre– crea incertidumbre. Aunque el dirigente se está restableciendo de su nueva operación contra el cáncer, no pueden descartarse nuevas elecciones presidenciales en febrero próximo. Designado por Chávez, el candidato de la revolución bolivariana sería el actual vicepresidente (equivalente a primer ministro) Nicolás Maduro, un líder muy sólido con todas las cualidades, humanas y políticas, para imponerse.
También habrá elecciones, el 17 de febrero, en Ecuador: la reelección del presidente Rafael Correa, otro dirigente latinoamericano fundamental, ofrece pocas dudas. Importantes comicios asimismo, el 10 de noviembre, en Honduras donde, el 28 de junio de 2009, fue derrocado Manuel Zelaya. Su sucesor, Porfirio Lobo, no puede postularse para un segundo mandato consecutivo. En cambio, el Tribunal Supremo Electoral ha autorizado la inscripción del partido Libertad y Refundación (LIBRE), liderado por el ex presidente Zelaya, que presenta, como candidata, a su esposa y ex primera dama, Xiomara Castro. Importantes elecciones igualmente en Chile, el 17 de noviembre. Aquí, la impopularidad actual del presidente conservador Sebastián Piñera ofrece posibilidades de victoria a la socialista Michelle Bachelet.
La atención internacional también se fijará en Cuba. Por dos razones. Porque continúan en La Habana las conversaciones entre el Gobierno colombiano y los insurgentes de las FARC para tratar de poner fin al último conflicto armado de América Latina. Y porque se esperan decisiones de Washington. En los comicios estadounidenses del pasado 6 de noviembre, Barack Obama ganó en Florida; obtuvo el 75% del voto hispano y –muy importante– el 53% del voto cubano. Unos resultados que le dan al Presidente, en su último mandato, un amplio margen de maniobra para avanzar hacia el fin del bloqueo económico y comercial de la isla.
Donde nada parece avanzar es, una vez más, en el Cercano Oriente. Ahí se encuentra el actual foco perturbador del mundo. Las revueltas de la “primavera árabe” consiguieron derrocar a varios dictadores locales: Ben Alí en Túnez, Mubarak en Egipto, Gadafi en Libia y Saleh en Yemen. Pero las elecciones libres permitieron que partidos islamistas de corte reaccionario (Hermanos Musulmanes) acaparasen el poder. Ahora quieren, como lo estamos viendo en Egipto, conservarlo a toda costa. Para consternación de la población laica que, por haber sido la primera en sublevarse, se niega a aceptar esa nueva forma de autoritarismo. Idéntico problema en Túnez.
Después de haber seguido con interés las explosiones de libertad de la primavera 2011 en esta región, las sociedades europeas se están de nuevo desinteresando de lo que allí ocurre. Por demasiado complicado. Un ejemplo: la inextricable guerra civil en Siria. Ahí, lo que está claro es que las grandes potencias occidentales (Estados Unidos, Reino Unido, Francia), aliadas a Arabia Saudí, Qatar y Turquía, han decidido apoyar (con dinero, armas e instructores) a la insurgencia islamista suní. Ésta, en los diferentes frentes, no cesa de ganar terreno. ¿Cuánto tiempo resistirá el Gobierno de Bachar El Asad? Su suerte parece echada. Rusia y China, sus aliados diplomáticos, no darán luz verde en la ONU a un ataque de la OTAN como en Libia en 2011. Pero tanto Moscú como Pekín consideran que la situación del régimen de Damasco es militarmente irreversible, y han empezado a negociar con Washington una salida al conflicto que preserve sus intereses.
Frente al “eje chií” (Hezbolá libanés, Siria, Irán), Estados Unidos ha constituido en esa región un amplio “eje suní” (desde Turquía y Arabia Saudí hasta Marruecos pasando por El Cairo, Trípoli y Túnez). Objetivo: derrocar a Bachar El Asad –y despojar así a Teherán de su gran aliado regional– antes de la próxima primavera. ¿Por qué? Porque el 14 de junio tienen lugar, en Irán, las elecciones presidenciales (2). A las cuales Mahmud Ahmadinejad, el actual mandatario, no puede presentarse pues la Constitución no permite ejercer más de dos mandatos. O sea que, durante el próximo semestre, Irán se hallará immerso en violentas pugnas electorales entre los partidarios de una línea dura frente a Wa­s­hington y los que defienden la vía de la negociación.
Frente a esa situación iraní de cierto desgobierno, Israel en cambio estará en orden de marcha para un eventual ataque contra las instalaciones nucleares persas (3). En el Estado judío, en efecto, las elecciones generales del 22 de enero verán probablemente la victoria de la coalición ultraconservadora que reforzará al primer ministro Benjamín Netanyahu, partidario de bombardear cuanto antes Irán.
Ese ataque no puede llevarse a cabo sin la participación militar de Estados Unidos. ¿Lo aceptará Washington? Es poco probable. Barack Obama, que toma posesión el 21 de enero, se siente más seguro después de su reelección. Sabe que la inmensa mayoría de la opinión pública estadounidense (4) no desea más guerras. El frente de Afganistán sigue abierto. El de Siria también. Y otro podría abrirse en el norte de Malí. El nuevo secretario de Estado, John Kerry, tendrá la delicada misión de calmar al aliado israelí.
Entretanto Obama mira hacia Asia, zona prioritaria desde que Washington decidió la reorientación estratégica de su política exterior. Estados Unidos trata de frenar allí la expansión de China cercándola de bases militares y apoyándose en sus socios tradicionales: Japón, ­Corea del Sur, Taiwán. Es significativo que el primer viaje de Barack Obama, depués de su ­reelección el pasado 6 de noviembre, haya sido a Birmania, Camboya y Tailandia, tres ­Estados de la Asociación de ­Naciones del Sudeste de Asia (ASEAN). Una organización que reúne a los aliados de Wa­shington en la región y la mayoría de cuyos miembros tienen problemas de límites marítimos con Pekín.
Los mares de China, que designará a Xi Jinping presidente en marzo próximo, se han convertido en las zonas de mayor potencial de conflicto armado del área Asia-Pacífico. Las tensiones de Pekín con Tokio, a propósito de la soberanía de las islas Senkaku (Diaoyú para los chinos), podrían agravarse después de la victoria electoral, el pasado 16 de diciembre, del Partido Liberal-Demócrata (PLD) cuyo líder y nuevo primer ministro, Shinzo Abe, es un “halcón” nacionalista, conocido por sus críticas hacia China. También la disputa con Vietnam sobre la propiedad de las islas Spratley está subiendo peligrosamente de tono. Sobre todo después de que las autoridades vietnamitas colocaran oficialmente, en junio pasado, el archipiélago bajo su soberanía.
China está modernizando a toda marcha su Armada. El pasado 25 de septiembre lanzó su primer portaaviones, el Liaoning, con la intención de intimidar a sus vecinos. Pekín soporta cada vez menos la presencia militar de Estados Unidos en Asia. Entre los dos gigantes, se está instalando una peligrosa “desconfianza estratégica” (5) que, sin lugar a dudas, va a marcar la política internacional del siglo XXI.


(1) Léase el dossier “France and the euro. The time-bomb at the heart of  Europe”, The Economist, Londres, 17 de noviembre de 2012.
(2) En Irán, el presidente no es el jefe de Estado. El jefe de Estado es el Guía Supremo, elegido de por vida, y cuya función ejerce actualmente Alí Jamenei.
(3) Léase, Ignacio Ramonet, “El año de todos los peligros”, Le Monde diplomatique en español, febrero 2012.
(4) The New York Times, Nueva York, 12 de noviembre de 2012.
(5) Léase Wang Jisi y Kenneth G. Lieberthal, “Adressing U.S.-China Strategic Distrust”, Broo­kings Institution, 30 de marzo de 2012. www.brookings.edu/research/papers/2012/03/30-us-china-lieberthal

http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=7ae1bef5-b5bf-49b9-bc67-93e5fd4d60a6