lunes, 6 de enero de 2014

Arg- El Gobierno ha multiplicado los efectos de la desigualdad social en un contexto de crecimiento" ODSA- A Salvia

5-1-14 LA NACION

El coordinador del Observatorio de la Deuda Social de la UCA alerta sobre la cristalización en el país de una "masa marginal" inempleable, casi 4 millones de personas que malviven entre la violencia y la ilegalidad

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La investigación más reciente del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina se conoció en el tórrido y convulsionado final de año, y mostró una realidad evidente, incómoda y preocupante a pesar de la bonanza económica de diez años de kirchnerismo: se han cristalizado situaciones de marginalidad laboral, pobreza estructural y desigualdad social en el país.
Algunas estadísticas del período 2004 a 2012 dan prueba de ello: la pobreza medida por los ingresos afecta a un 25% de la población urbana (10 millones de personas), una de cada 10 viviendas no tiene agua corriente y tres de cada 10 no disponen de cloacas; el 37 % de los jóvenes no termina la secundaria y el 20% no estudia ni trabaja, y el 55% de la fuerza de trabajo no tiene un empleo productivo y protegido.
El sociólogo Agustín Salvia, coordinador e investigador jefe del Programa del Observatorio de la Deuda Social, sostiene que a lo largo de tres décadas, y a pesar del crecimiento económico de diez años del modelo "neodesarrollista", la desigualdad estructural en la Argentina se ha agravado. "No sólo no ha revertido esta tendencia, la ha reproducido. Crecen las torres, pero crecen las villas y los asentamientos. Se dinamizaron los sectores de punta y también los sectores informales. ¿Creció La Salada? Creció, pero no dejó de ser La Salada, con salarios de pobreza, salud de pobreza, educación de pobreza", explica.
Según el investigador del Conicet, así como hubo una década ganada para buena parte de los sectores medios que se recuperaron de la crisis de 2001, hubo también una década desaprovechada y una oportunidad perdida a la hora de definir políticas de Estado y una visión estratégica de inversión para el desarrollo social.
"Pensaron, al igual que el menemismo y el Consenso de Washington, que el derrame iba a llegar, que el crecimiento económico haría que, tarde o temprano, todos terminarían incluidos. Y se equivocaron. Esos sectores no recibieron el derrame, apenas un goteo, y el crecimiento quedó encapsulado en determinados enclaves productivos."
Días después de los saqueos que se multiplicaron en el país, y que dejaron un saldo de 14 muertos, Salvia -que es además coordinador del Programa Cambio Estructural y Desigualdad Social en el Instituto Gino Germani de la UBA- deja en claro que el aumento de la conflictividad social tiene como matriz la desigualdad, no la pobreza. "La responsabilidad de que exista una mafia instalada en los barrios más pobres y de que el narcotráfico y la violencia crezcan no es producto de que la gente es mala, sino de que ha faltado un Estado justo capaz de generar reglas de equidad, de inclusión, de progreso."
-¿Cuándo y por qué se crea el Observatorio de la Deuda Social?
-Se crea como un programa de investigación interdisciplinario en el año 2001, previo a la crisis, en el contexto de los obispos reunidos en la Conferencia Episcopal Argentina que convocaba a pensar en que había una deuda interna que había que atender, por sobre la deuda externa. A esa deuda interna se la llamó "deuda social". En ese contexto, la UCA lanzó un plan para realizar investigación teórica y empírica a partir de encuestas propias y de encuestas permanentes de hogares, con datos censales. Hasta entonces se tendía a mostrar la problemática vinculada al empobrecimiento y el desempleo de las clases medias, al corralito y a los ahorros, pero nuestros equipos comenzaron a analizar los nuevos rostros de la marginalidad y los nuevos trabajos, como los limpiavidrios, los cartoneros, las cooperativas.
-¿Con qué se encontraron?
-Con que ese proceso y esa matriz de construcción de una pobreza más estructural venía agravándose en las últimas tres décadas. Uno podía ver momentos de picos de pobreza por ingresos con las distintas crisis y luego una cierta recuperación, pero nos preguntábamos si eso no producía otros cambios. Y vimos que sí, que había una pobreza menos coyuntural, que dependía menos de lo que ocurriera en el mercado de trabajo o con el proceso inflacionario. Hoy tenemos un componente importante de este 25 % de pobreza asociado al proceso inflacionario, pero si estabilizáramos la situación inflacionaria -que hoy es entre un 25 y un 28%-, nos encontraríamos con que entre un 15 y un 18% de la población en situación de pobreza o indigencia no lograría, a pesar de una inflación cero, salir de ese estado.
-¿Por qué?
-Por su inserción en un mercado de trabajo secundario, marginal y de baja calidad. Es el vendedor ambulante, el limpiavidrios, el servicio doméstico no protegido, el albañil por hora, las changas de todo tipo. A esto se le agregan las empresas clandestinas, con trabajos de muy baja productividad, y las empresas o microempresas familiares cuasi legales o ilegales. Alrededor de un 20% de la población estaría desarrollando trabajos cuyos ingresos están muy por debajo de lo que le permitiría acceder a una canasta que cubra las necesidades básicas económicas y alimentarias. Esa situación de marginalidad laboral y económica es la que Pepe Nun llamó en los años sesenta "la masa marginal".
-Ese sector, que no es necesario para el mercado de trabajo, no se los incorpora ni siquiera en los momentos de crecimiento.
-Exacto. Nuestra economía en expansión no los necesita. Son prescindibles, sobran y, más aún, producen un gasto muy importante para el sistema económico. Son entre 3 y 4 millones de personas que están en trabajos de muy mala calidad y que esta economía de crecimiento no logró incorporar. En ese sector hay un componente fuerte de mujeres y de jóvenes, con bajo nivel educativo -que no han terminado el primario o el secundario-, que están también en situación de segregación residencial, concentrados en territorios marginados, en áreas urbanas o rurales, vinculados a un sistema público de mala calidad y a programas de asistencia que les transfieren ingresos para la subsistencia. Esos planes o subsidios les permiten garantizar la comida y la sobrevivencia mínima, pero no son una plataforma de inclusión social. Esto finalmente les genera una "subciudadanía".
-En su mayoría, además, por la baja calificación, son inempleables para el mercado formal.
-Así es. Son clientes de los sistemas políticos, los sistemas sociales clientelares, incluso religiosos, que funcionan en torno a esto. Necesitan de la asistencia pública porque no pueden valerse por sus propios medios. Y no son empleables para el tipo de mercado que hoy opera en la Argentina, ni para las políticas de empleo que van dirigidas a mejorar las condiciones de los sectores que ya están incluidos, o sea, esos sectores intermedios que habían quedado desocupados con la crisis de 2001 / 2002 y que fueron incorporados en el período de crecimiento económico de 2003 a 2007. Esos sectores tuvieron un proceso de movilidad social ascendente, fueron incorporados al marco normativo del convenio, protegidos por sindicatos, por normas profesionales y estimulados por la existencia de un alto nivel de consumo. Son sectores intermedios pero que están incluidos, tienen un empleo regular, y pueden incluso estar en negro en algunos casos.
-¿Cuál es el porcentaje de la población en negro?
-Representa un 30%, sean asalariados o no asalariados. Las estadísticas muestran que el 45 % de la fuerza de trabajo de este país tiene un empleo productivo y decente, y el 55 % restante, no. Y cuando uno toma a los ocupados, sólo el 49% -asalariados y no asalariados- hacen aportes a la seguridad social. El otro 50% está desamparado y depende de cómo funcione la economía, qué capacidad tenga el colectivo de defenderse de las crisis.
-¿Cómo se explican estos indicadores tras varios años de incremento del PBI, expansión de la economía y un Estado con capacidad recaudatoria y presión tributaria?
-Así como hubo una década ganada en componentes importantes en las clases medias que lograron recuperarse de la crisis de 2001 y 2002, hay también una década desaprovechada. ¿Quiénes ganaron? Las clases medias en buena medida recuperaron el nivel de vida que tuvieron en la etapa menemista, y las clases medias obreras que habían sufrido el desempleo o bajos niveles de salario en la etapa menemista lograron un ascenso importante. Para los sectores sindicalizados fue una muy buena década, pero no lo fue para todos: entre un 20 o 25 % de la población que está en una situación de exclusión estructural recibió el goteo del modelo y no le llegó el derrame. El capital financiero internacional, Menem y las reformas estructurales y el Consenso de Washington nos decían que, en la medida en que llegaran inversiones internacionales, llegaría el derrame y habría buenos empleos para todos. Ésa era la promesa de los noventa.
-Pero la experiencia comparada demuestra que las ganancias pueden concentrarse en determinados sectores, y no necesariamente derraman sobre el resto de la población.
-Exactamente, acá las ganancias se encapsularon en enclaves productivos sojeros, mineros, productos industriales, productos siderúrgicos de alta productividad, circuitos financieros y comerciales cada vez más concentrados y el resto de la sociedad quedó afuera. La década neodesarrollista del kirchnerismo produjo un boom importante del crecimiento y del consumo interno, gracias al superávit de la balanza comercial yal superávit fiscal, que produjo una fuerte inyección de capitales hacia el mercado interno, junto con la mejora del salario, de las jubilaciones y los programas sociales. Eso fue capaz de dinamizar a los sectores de punta, a los sectores más concentrados y a los sectores intermedios. ¿Y los sectores informales se dinamizaron? Sí, se dinamizaron. ¿Vio cómo se dinamizó La Salada? Se dinamizó, pero no dejó de ser La Salada.
-Pero ese mercado informal moviliza muchísimos recursos.
-Sí, pero las industrias, las empresas y los servicios que giran alrededor de estos consumos informales y que crecieron durante la etapa de crecimiento económico lo hicieron con salarios de pobreza y bajo condiciones de hábitat de pobreza, educación y servicios de salud de pobreza. En esta década, el Estado se equivocó en el diagnóstico y no tuvo una visión estratégica de inversión para el desarrollo social porque pensó, como el menemismo, que el derrame iba a llegar. Se equivocaron y resolvieron el problemade la misma manera que lo había resuelto el Banco Mundial y el menemato: con planes y subsidios. La consecuencia es el agravamiento de la desigualdad estructural. No se corrigió la desigualdad social ni acercamos el sector informal al mundo formal. Hemos producido que el mundo formal siga expandiéndose y el mundo informal también se expanda en momentos de crecimiento. Crecen las torres, pero crecen las villas y los asentamientos. La masa de capital físico invertido en un sector y en otro marca una distancia que no existía en los ochenta y en los noventa. Se invirtió muchísimo más en la construcción de viviendas para las clases medias que en los procesos de urbanización de las villas.
-No se podría decir que en estos años no hubo intervención del Estado. ¿Cómo describe el rol?
-Éste ha sido un Estado incapaz de producir una efectiva redistribución de la riqueza, y un Estado débil para producir condiciones de integración social. Es un gobierno que ha multiplicado los efectos de la desigualdad social y de fractura en un contexto de crecimiento, lo cual no se nota cuando hay crecimiento y hay bonanza: todos consumimos más, hay más trabajo, hay programas sociales, hay cohesión social y hay funcionalidad de la masa marginal. Pero en contexto de crisis inflacionaria, o en contextos en los que no crece el empleo -como sucedió en estos últimos años a diferencia de lo que sucedió en el primer quinquenio- y las bondades del modelo dejan de funcionar, aparecen problemas sociales muy fuertes.
-En otros momentos históricos la movilidad social ascendente estaba ligada al estudio, al trabajo, al esfuerzo y al sacrificio. ¿En qué medida se ha perdido eso?
-Se empezó a perder en los ochenta, se perdió mucho más en los noventa y continuó perdiéndose en los 2000. El camino de la actividad extralegal es una reacción frente a la violencia que produce la ostentación, la desigualdad, la sensación de que en teoría pertenezco a esta sociedad, pero en los hechos, no tengo derecho a ninguno de los beneficios. Robar un plasma o un estéreo en un saqueo significa una especie de resarcimiento.
-¿Se puede hablar de una nueva cultura de la pobreza? Y en tal caso, ¿cómo la describiría?
-Todavía existe una cultura de la pobreza digna que hace sobrevivir a los barrios. Pero la marginalidad estructural va creando otra cultura de la pobreza, con otras reglas de intercambio, de relaciones sociales y de valoración social. ¿Cuáles son las que priman? Hay mucha más violencia y es la ley del más fuerte. Los lazos de solidaridad son más débiles que los de las capas medias. Ocupa una vivienda o un lote el que tiene mayor capacidad de negociar, intervenir, reprimir o amenazar. Frente a la cultura de la pobreza digna está la otra pobreza, la del narcotráfico, la de la venta de productos ilegales y la de la violencia, que es la que se está imponiendo. En los ochenta todavía teníamos una pobreza digna. Esto se fue acumulando y cada crisis fue produciendo un shock de expulsión mayor. Desde el punto de vista económico ya no acceden a un buen empleo, probablemente no puedan acceder a un mercado formal y por lo tanto tratan de encontrar una forma alternativa de vivir. Y esas alternativas se encuentran en formas extralegales.En todos estos años no hemos pensado tampoco en cómo dignificar la pobreza.
-¿Cómo sería eso?
-¿Por qué no podemos hacer escuelas ricas para los pobres? ¿No podemos hacer que ir a la escuela para el sector pobre sea algo digno?¿No podemos hacer que transportarse al lugar de trabajo no sea denigrante? No es inversión sólo en bienes materiales, sino en capital simbólico. Significa "vos sos parte, vos podés". En su lugar, hemos creado el "vos no podés, vos no servís, no te necesitamos, no te queremos, no vengas. Andá a las peores escuelas que nos salgan baratas, andá a los hospitales que nos salgan baratos. No gastemos en vos porque no sos útil".

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Arg- Democracia o capitalismo? - Boaventura de Sousa Santos

6-1-14 Diario Pag 12

Por Boaventura de Sousa Santos *

Al inicio del tercer milenio, las fuerzas de izquierda se debaten entre dos desafíos principales: la relación entre democracia y capitalismo, y el crecimiento económico infinito (capitalista o socialista) como indicador básico de desarrollo y progreso. En estas líneas voy a centrarme en el primer desafío.
Contra lo que el sentido común de los últimos 50 años nos puede hacer pensar, la relación entre democracia y capitalismo siempre fue una relación tensa, incluso de contradicción. Lo fue, ciertamente, en los países periféricos del sistema mundial, en lo que durante mucho tiempo se denominó Tercer Mundo y hoy se designa como Sur global. Pero también en los países centrales o desarrollados la misma tensión y la misma contradicción estuvieron siempre presentes. Basta recordar los largos años de nazismo y fascismo.
Un análisis más detallado de las relaciones entre capitalismo y democracia obligaría a distinguir entre diferentes tipos de capitalismo y su dominio en diferentes períodos y regiones del mundo, y entre diferentes tipos y grados de intensidad de la democracia. En estas líneas concibo al capitalismo bajo su forma general de modo de producción y hago referencia al tipo que ha dominado en las últimas décadas, el capitalismo financiero. En lo que respecta a la democracia, me centro en la democracia representativa tal como fue teorizada por el liberalismo.
El capitalismo sólo se siente seguro si es gobernado por quien tiene capital o se identifica con sus “necesidades”, mientras que la democracia es idealmente el gobierno de las mayorías que no tienen capital ni razones para identificarse con las “necesidades” del capitalismo, sino todo lo contrario. El conflicto es, en el fondo, un conflicto de clases, pues las clases que se identifican con las necesidades del capitalismo (básicamente, la burguesía) son minoritarias en relación con las clases que tienen otros intereses, cuya satisfacción colisiona con las necesidades del capitalismo (clases medias, trabajadores y clases populares en general). Al ser un conflicto de clases, se presenta social y políticamente como un conflicto distributivo: por un lado, la pulsión por la acumulación y la concentración de riqueza por parte de los capitalistas, y, por otro lado, la reivindicación de la redistribución de la riqueza generada en gran parte por los trabajadores y sus familias. La burguesía siempre ha tenido pavor a que las mayorías pobres tomen el poder y ha usado el poder político que le concedieron las revoluciones del siglo XIX para impedir que eso ocurra. Ha concebido a la democracia liberal de modo de garantizar eso mismo a través de medidas que cambiaron con el tiempo, pero mantuvieron su objetivo: restricciones al sufragio, primacía absoluta del derecho de propiedad individual, sistema político y electoral con múltiples válvulas de seguridad, represión violenta de la actividad política fuera de las instituciones, corrupción de los políticos, legalización del lobby... Y siempre que la democracia se mostró disfuncional, se mantuvo abierta la posibilidad del recurso a la dictadura, algo que sucedió muchas veces.
Después de la Segunda Guerra Mundial, muy pocos países tenían democracia, vastas regiones del mundo estaban sometidas al colonialismo europeo, que servía para consolidar el capitalismo euro-norteamericano, Europa estaba devastada por una guerra que había sido provocada por la supremacía alemana, y en el Este se consolidaba el régimen comunista, que aparecía como alternativa al capitalismo y la democracia liberal. En este contexto surgió en la Europa más desarrollada el llamado capitalismo democrático, un sistema de economía política basado en la idea de que, para ser compatible con la democracia, el capitalismo debería ser fuertemente regulado, lo que implicaba la nacionalización de sectores clave de la economía, un sistema tributario progresivo, la imposición de las negociaciones colectivas e incluso, como sucedió en la Alemania Occidental de entonces, la participación de los trabajadores en la gestión de empresas. En el plano científico, Keynes representaba entonces la ortodoxia económica y Hayek, la disidencia. En el plano político, los derechos económicos y sociales (derechos al trabajo, la educación, la salud y la seguridad social, garantizados por el Estado) habían sido el instrumento privilegiado para estabilizar las expectativas de los ciudadanos y para enfrentar las fluctuaciones constantes e imprevisibles de las “señales de los mercados”. Este cambio alteraba los términos del conflicto distributivo, pero no lo eliminaba. Por el contrario, tenía todas las condiciones para instigarlo luego de que se debilitara el crecimiento de las tres décadas siguientes. Y así sucedió.
Desde 1970, los Estados centrales han estado manejando el conflicto entre las exigencias de los ciudadanos y las exigencias del capital mediante el recurso a un conjunto de soluciones que gradualmente fueron dando más poder al capital. Primero fue la inflación (1970-1980); después, la lucha contra la inflación, acompañada del aumento del desempleo y del ataque al poder de los sindicatos (desde 1980), una medida complementada con el endeudamiento del Estado como resultado de la lucha del capital contra los impuestos, del estancamiento económico y del aumento de los gastos sociales originados en el aumento del desempleo (desde mediados de 1980), y luego con el endeudamiento de las familias, seducidas por las facilidades de crédito concedidas por un sector financiero finalmente libre de regulaciones estatales, para eludir el colapso de las expectativas respecto del consumo, la educación y la vivienda (desde mediados de 1990). Hasta que la ingeniería de las soluciones ficticias llegó a su fin con la crisis de 2008 y se volvió claro quién había ganado en el conflicto distributivo: el capital. La prueba: la conversión de la deuda privada en deuda pública, el incremento de las desigualdades sociales y el asalto final a las expectativas de una vida digna de las mayorías (los trabajadores, los jubilados, los desempleados, los inmigrantes, los jóvenes en busca de empleo) para garantizar las expectativas de rentabilidad de la minoría (el capital financiero y sus agentes). La democracia perdió la batalla y sólo evitará ser derrotada en la guerra si las mayorías pierden el miedo, se rebelan dentro y fuera de las instituciones y fuerzan al capital a volver a tener miedo, como sucedió hace sesenta años.
En los países del Sur global que disponen de recursos naturales la situación es, por ahora, diferente. En algunos casos, por ejemplo en varios países de América latina, hasta puede decirse que la democracia se está imponiendo en el duelo con el capitalismo, y no es por casualidad que en países como Venezuela y Ecuador se comenzó a discutir el tema del socialismo del siglo XXI, aunque la realidad esté lejos de los discursos. Hay muchas razones detrás, pero tal vez la principal haya sido la conversión de China al neoliberalismo, lo que provocó, sobre todo a partir de la primera década del siglo XXI, una nueva carrera por los recursos naturales. El capital financiero encontró ahí y en la especulación con productos alimentarios una fuente extraordinaria de rentabilidad. Esto permitió que los gobiernos progresistas –llegados al poder como consecuencia de las luchas y los movimientos sociales de las décadas anteriores– pudieran desarrollar una redistribución de la riqueza muy significativa y, en algunos países, sin precedentes. Por esta vía, la democracia ganó nueva legitimidad en el imaginario popular. Pero, por su propia naturaleza, la redistribución de la riqueza no puso en cuestión el modelo de acumulación basado en la explotación intensiva de los recursos naturales y, en cambio, la intensificó. Esto estuvo en el origen de conflictos –que se han ido agravando– con los grupos sociales ligados a la tierra y a los territorios donde se encuentran los recursos naturales, los pueblos indígenas y los campesinos.
En los países del Sur global con recursos naturales pero sin una democracia digna de ese nombre, el boom de los recursos no trajo ningún impulso a la democracia, pese a que, en teoría, condiciones mas propicias para una resolución del conflicto distributivo deberían facilitar la solución democrática y viceversa. La verdad es que el capitalismo extractivista obtiene mejores condiciones de rentabilidad en sistemas políticos dictatoriales o con democracias de bajísima intensidad (sistemas casi de partido único), donde es más fácil corromper a las elites, a través de su involucramiento en la privatización de concesiones y las rentas del extractivismo. No es de esperar ninguna profesión de fe en la democracia por parte del capitalismo extractivista, incluso porque, siendo global, no reconoce problemas de legitimidad política. Por su parte, la reivindicación de la redistribución de la riqueza por parte de las mayorías no llega a ser oída, por falta de canales democráticos y por no poder contar con la solidaridad de las restringidas clases medias urbanas que reciben las migajas del rendimiento extractivista. Las poblaciones más directamente afectadas por el extractivismo son los campesinos, en cuyas tierras están los yacimientos mineros o donde se pretende instalar la nueva economía agroindustrial. Son expulsados de sus tierras y sometidos al exilio interno. Siempre que se resisten son violentamente reprimidos y su resistencia es tratada como un caso policial. En estos países, el conflicto distributivo no llega siquiera a existir como problema político. De este análisis se concluye que la actual puesta en cuestión del futuro de la democracia en Europa del Sur es la manifestación de un problema mucho más vasto que está aflorando en diferentes formas en varias regiones del mundo. Pero, así formulado, el problema puede ocultar una incertidumbre mucho mayor que la que expresa. No se trata sólo de cuestionar el futuro de la democracia. Se trata, también, de cuestionar la democracia del futuro. La democracia liberal fue históricamente derrotada por el capitalismo y no parece que la derrota sea reversible. Por eso, no hay que tener esperanzas de que el capitalismo vuelva a tenerle miedo a la democracia liberal, si alguna vez lo tuvo. La democracia liberal sobrevivirá en la medida en que el capitalismo global se pueda servir de ella. La lucha de quienes ven en la derrota de la democracia liberal la emergencia de un mundo repugnantemente injusto y descontroladamente violento debe centrarse en buscar una concepción de la democracia más robusta, cuya marca genética sea el anticapitalismo. Tras un siglo de luchas populares que hicieron entrar el ideal democrático en el imaginario de la emancipación social, sería un grave error político desperdiciar esa experiencia y asumir que la lucha anticapitalista debe ser también una lucha antidemocrática. Por el contrario, es preciso convertir al ideal democrático en una realidad radical que no se rinda ante el capitalismo. Y como el capitalismo no ejerce su dominio sino sirviéndose de otras formas de opresión, principalmente del colonialismo y el patriarcado, esta democracia radical, además de anticapitalista, debe ser también anticolonialista y antipatriarcal. Puede llamarse revolución democrática o democracia revolucionaria –el nombre poco importa–, pero debe ser necesariamente una democracia posliberal, que no puede perder sus atributos para acomodarse a las exigencias del capitalismo. Al contrario, debe basarse en dos principios: la profundización de la democracia sólo es posible a costa del capitalismo; y en caso de conflicto entre capitalismo y democracia debe prevalecer la democracia real.
* Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra, Portugal. El texto corresponde a la Décima carta a las izquierdas del autor.
Traducción: Javier Lorca.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-237107-2014-01-06.html

Arg-"La raza es una categoría acusatoria"- A. Frigerio

6-1-14 Cooperativa Ex Trabajadores Diario Critica 


El antropólogo Alejandro Frigerio sostiene que las razas son construcciones sociales que tienen efectos muy fuertes en la vida cotidiana.

Buenos Aires blanca y negra

Categoría: Identidades
Alejandro Frigerio es doctor en Antropología y especialista en religiones y movimientos afro. En sus investigaciones, desarticula dos de los mitos fundacionales de nuestro ser nacional: “en Argentina no hay negros” y “los argentinos no somos racistas”. Denuncia que vivimos en un orden racial en el que “las razas no existen como realidades biológicas, pero sí como construcciones sociales y tienen efectos muy fuertes en la vida cotidiana”.
- El color solamente te define como persona en una sociedad racista. Lo que pasa en nuestra sociedad – y por eso sigue siendo racista – es que el color negro (o no-blanco) te sigue definiendo y es presentado como lo principal de tu persona. Contra eso hay que luchar. Los militantes muchas veces afirman lo racial en un sentido positivo, pero igual creo que tenemos que avanzar hacia una sociedad post-racial. Como dice el tema “War” de Bob Marley: “Hasta que el color de la piel de un hombre no sea más importante que el color de sus ojos, yo digo guerra”.  Porque mientras el color de la piel sea lo que te define socialmente, cagaste, estás en una sociedad racista. Y es un sufrimiento continuo, todo el tiempo te van a hacer chistes, o van a preferir a otro, o te van a preguntar de dónde sos… muchas pequeñas agresiones continuas sumadas a algunas otras violentas e incluso definitorias, como que te agarre un policía y te mate, o un chabón te deje sin tu laburo… las posibilidades son infinitas.
Alejandro Frigerio es Dr. en Antropología e Investigador Independiente del CONICET. A partir de un viaje no planeado a Bahía de Todos los Santos en Brasil a principios de los 80’, encontró el tema que ocuparía buena parte de sus investigaciones en los siguientes 30 años: las religiones afro. Pero previo a cualquier análisis, sobrevino el impacto de esa fuerza imantada que emana Bahía: “A mí ya me interesaba la religión, de hecho fui en el bondi leyendo ‘Candomblé da Bahía’, de Roger Bastide. Pero Bahía me voló la cabeza. Fue muy loco, me acuerdo que un día en el carnaval vino una chica bahiana a bailar conmigo, después de un rato me dio un beso y se fue. Todo fue muy fuerte”. Esa pasión inmediata se sigue colando entre sus palabras cuando tres décadas después habla sobre el racismo, las religiones y los movimientos afro en Argentina y hasta sobre las representaciones mediáticas de la muerte de Mandela. Sentados en un bar de un barrio porteño que poco tiene que ver con Bahía, todavía se adivinan en sus manos las huellas de los primeros tambores. En su blog, Alejandro intuye: “Supongo que gran parte de lo que vino después fueron intentos por comprender, de la manera más amplia y profunda posible, este mundo”.
Religiosidad popular y pánico moral
Luego de su experiencia con el candomblé bahiano, Alejandro se enteró que en Argentina también había religiones afro y, sin conocer todavía la magnitud de ese movimiento, cambió su proyecto de investigación de Bahía a Buenos Aires. “Mi experiencia con el candomblé me abrió las puertas, me daba un poco de chapa, aunque lo que veía acá era umbanda. Y también ellos estaban muy interesados en que se los tomara en serio, porque son religiones muy estigmatizadas”.
-¿Cómo explicás el desarrollo de estos movimientos religiosos en Argentina?
- El puente es la religiosidad popular, en vez de ir a pedirle a un santo por determinada cosa, te acercás a un espíritu. También tiene que ver con que a los curas católicos no les gusta mucho que uno haga un uso mágico de los santos, prefieren que sean modelos de vida y no dadores de gracia. En cambio, en la umbanda a un espíritu le podés pedir millones de cosas. Toda la práctica mágico-religiosa está mucho más permitida y desarrollada. Y además tiene el tema de la música, el baile, el canto, el trance… hay mucha gente que en las ceremonias siente cosas en el cuerpo, tiene sueños y eso se interpreta como una predisposición para una práctica de la religión. Cosas que el psicólogo o el cura catalogan como locura, esta gente le da otra explicación y dice que es una manifestación de un espíritu que se está moviendo en vos y necesita que le des espacio… Son experiencias que en nuestra cultura son habitualmente patologizadas, invisibilizadas o directamente ininteligibles. Sin embargo, están presentes en la vida de las personas. En estas religiones, las despatologizan y las ven como parte normal y hasta deseable del desarrollo psicológico y espiritual de las personas. Teniendo en cuenta las características de la religiosidad popular argentina, estas religiones no son tan raras especialmente si la conectan a través de la umbanda, que es como un puente cognitivo que podés hacer entre lo afro y el catolicismo popular.
-¿Cómo ves la imagen que se tiene de estas religiones?
- Cuando yo empecé la imagen no era buena, pero ahora está peor. A principios del 90’ hubo toda una movida de pánico por las sectas, y en relación a las religiones afro esto empieza con una acusación de un cura católico hacia un pai de santo por haber asesinado a una chica ritualmente en su templo. Fue una acusación falsa y el cura era el cura Grassi, que se hace conocido en los medios por esa acusación. No tenía nada que ver con un sacrificio ritual y al pobre pai de santo lo metieron en prisión seis meses, adentro lo violaron y salió con la salud muy deteriorada… murió a los dos años. A partir de ahí la idea de que estas eran sectas que practicaban magia negra pero no tan peligrosas se transforma en que son tipos que matan gente. Y en los últimos diez años si buscás en cualquier diario “umbanda” sale siempre en la sección Policiales, en conexión con asesinatos. Pero si conocés un poquito te das cuenta que en el 98% de los casos son acusaciones infundadas. En cualquier asesinato que el tipo tiene alguna cosa que ver con la religión o hay un par de imágenes raras dando vueltas ya ponen “asesinato umbanda” o “asesinato ritual”. Y además por el estigma social que pesa sobre estas religiones, en general los umbandistas no se revelan como tales salvo con los más íntimos; en el trabajo no lo dicen, en la escuela de los pibes tampoco, entonces nunca conocés un umbandista común y corriente. La única imagen que uno tiene es a través de los medios, que es terrible.
-¿Por qué se mantiene y reproduce este estigma?
- Ya hay una imagen instalada. La religiosidad popular argentina basada en los continuos pedidos al mundo sobrenatural es muy común en nuestra sociedad, pero muy poco reconocida, es una faceta de nuestra cultura que preferimos ignorar y que no entra en nuestro ser ideal argentino. Los argentinos somos blancos, europeos, modernos, racionales, eventualmente católicos, pero de un catolicismo secularizado. Todo esto de pedirle a los santos y a los espíritus son cosas que la gente hace todo el tiempo y es parte de nuestra cultura, pero es el “lado b”. Es obvio que vas a los barrios del conurbano y encontrás imágenes, velas… entonces cuando se muere alguien enseguida le buscan la conexión por ese lado. Es como si encontraras un CD de cumbia o unas zapatillas de Adidas y pensaras que esas cosas son las que llevan al delito.
Buenos Aires – Ciudad blanca
Alejandro insiste en dos ideas que es necesario desarticular: “En Argentina no hay negros” y “los argentinos no somos racistas”. Por el contrario, dirá que en América Latina en general la raza es una categoría acusatoria y que en Argentina se mantiene un orden racial “porque que vos tengas cierto color de piel y cierta cara puede determinar que te den trabajo o no, o que tus encuentros con la policía sean muy diferente. Hasta que ciertas chicas te presten atención o no, son cosas que afectan la vida cotidiana de los argentinos de forma fuerte. Incluso los lugares por los que circulás”.
-¿Cómo es esto de que los argentinos somos blancos, europeos y modernos?
El argentino típico se considera blanco. El momento fundacional de nuestra historia y nuestra cultura empieza con la inmigración europea, todo lo anterior se ve como poco importante, quedó subsumido bajo el aluvión cultural europeo. Se toma lo que sucede en algunos barrios de Buenos Aires como lo que representa a la Argentina toda. Tenemos esta idea de que los argentinos somos básicamente blancos, entonces la gente que no es tan blanca como creemos que somos, es extranjera o directamente no existe. Hay un racismo muy fuerte, no es solo xenofobia, sino que tiene que ver con una cantidad de argentinos que son invisibilizados, y cuando se los visibiliza son extranjerizados o patologizados, porque no son el argentino que queremos ser. Esto muchas veces se disfraza de un prejuicio sociocultural, esta cosa de los “negros de mierda” o “negros villeros”, pero también hay un trasfondo racial muy fuerte, porque es toda gente con un tipo físico parecido, generalmente es gente “insuficientemente blanca”. Entonces esa gente es sospechosa y es la representante de la barbarie, no los queremos en el centro, en la ciudad blanca que creemos que es Buenos Aires. Tenemos que darnos cuenta cómo opera este prejuicio racial, que se expresa como si fuera de clase pero que tiene un componente racial fuerte. No es solamente que escucha cumbia o que habla de determinada manera. Acá está clara la división: blanco y no blanco. Aunque sabemos que no hay razas, sí hay tipos físicos diferentes, sí hay “niveles de blanquedad”, y eso es lo que lo hace difícil de comprender, porque es una acusación que tiene muchos efectos perjudiciales en la vida de las personas, pero que nunca está enunciada explícitamente. Entonces, decimos “portación de rostro”, “buena presencia”, todos eufemismos para referirnos a ese fenómeno que tiene que ver con tipos físicos de la persona. La gente que es morocha lo sabe porque lo vive, sabe que es algo que resta.
- Si se demostró que las razas no existen, ¿por qué seguir utilizando el término?
- Las razas no existen como realidades biológicas, pero sí como construcciones sociales y tienen efectos muy fuertes en la vida cotidiana. En cada sociedad la raza se construye de forma diferente. En América Latina, en general la raza es una categoría acusatoria. Salvo cuando se la usa con fines políticos reivindicativos. En Argentina por ejemplo se ha empezado a usar “afro-descendiente”; sin embargo, en Brasil siguen usando “negro”, porque dicen que afro-descendientes son muchos, pero los discriminados son los negros. Uno tiene que hablar de raza o de racialización porque te permite llegar a un nivel del prejuicio y la discriminación que lo étnico no llega. Yo digo que en Buenos Aires había un orden racial espacial que se quebró con el 2001, porque antes había lugares de la ciudad en los que era obvio que si andabas por ahí eras el portero o la mucama, porque con ese fenotipo seguro no vivías ahí, ni estabas visitando amigos o pareja. Con el 2001 aparecen los cartoneros, los piqueteros… de repente la ciudad blanca casi no existe. Eso a mucha gente le molestó mucho y explica parte del éxito de Macri, un tipo que también venía a poner a los negros en su lugar, a terminar los cortes de calles o las manifestaciones. La ciudad blanca se llenó de negros, todo lo que era un orden muy clarito ya no funciona tan bien y la gente se siente amenazada por esta presencia que no debería estar en el corazón de la Buenos Aires blanca. Es la barbarie dentro de la civilización.
Santo Mandela
- Me llamó la atención esta santificación que se hizo de una forma tan pasteurizada, Mandela pasó a ser el gran perdonador, casi un tío Tom. Se enfatizó todo el tiempo que había perdonado a sus enemigos, como si esa fuera una actitud natural, como si no hubiera que remarcar el acto del racismo primero. El problema es el racismo. Entonces en vez de enfatizar toda la lucha de Mandela, se eligió mostrar el perdón. Que se enmarca en la tradición de mostrar la nobleza del negro esclavo, que sigue siendo bueno… en contraposición al negro revoltoso que se rebela, que es el negro malo o el negro de mierda directamente. Este negro bueno y fiel es el deseable y es la imagen que se vio muy patente en lo que se dijo sobre Mandela, lo transformaron en un santo como si el tipo no hubiera tenido que luchar, no hubiera tenido que recurrir a la violencia. Es mucho más que un gran perdonador. Y también la contradicción o el divorcio entre el elogio a Mandela y la actitud que uno tiene frente a las situaciones que Mandela hubiera denunciado. Hubiera sido interesante que la muerte de Mandela nos llevara a otra discusión… ¿qué pasa con el apartheid porteño? Con este orden espacial que se rompió porque ahora hay negros en la ciudad blanca… pero hay que pensar en cómo son vistos y tratados, y cómo muchos están intentando que se vuelvan a sus lugares “naturales” y que no invadan nuestra ciudad blanca.

http://www.revistacitrica.com/la-raza-es-una-categoria-acusatoria.html

Mundo- Novelas sobre Trabajo Infantil

6-1-14 Blog de Libros Erase una Vez

En estas novelas y relatos, el trabajo o explotación infantil tienen un importante protagonismo:

El lazarillo de Tormes, anónimo
Lázaro, hijo de un ladrón y acemilero, queda huérfano en Salamanca. Estará al servicio de diferentes amos (un ciego, un hidalgo arruinado, un clérigo avaricioso, un fraile de la Merced, un burlero farsante, etc.), y ejercerá varios oficios, que permiten al narrador realizar una sátira de los diferentes estamentos de la sociedad de la época y reflexionar con ironía sobre el tema de la honra. Novela picaresca, origen y modelo en su género, se publicó en 1594
Oliver Twist, Charles Dickens
Con Oliver Twist da inicio Charles Dickens a la literatura dedicada especialmente a los adolescentes. Poseyendo un marcado componente autobiográfico, esta novela relata las aventuras de un niño que debe desenvolverse en un mundo inhóspito, donde tanto la bondad como la maldad son pan de cada día; pero demuestra también que se tienen principios éticos sólidos, es posible revertir el infortunio y alcanzar mejores condiciones de vida.
Una hermosa y sensible historia, cuyos personajes reflejan la problemática social presente en todas las épocas.
La orilla del mundo, Juan Carlos Arce
Una periodista de televisión descubre en Pakistán una fábrica de juguetes que tiene como empleados a niños. A su regreso a España, inicia una cruzada en su programa contra todas las multinacionales que explotan a menores. Madre de un niño de seis años, verá cómo su ética profesional pone en peligro su propia vida y la de su entorno. Una novela de emociones encontradas en la que el lector va cambiando de posición hasta comprender que la injusta realidad siempre se impone.
Esclava, Mende Nazer y Damien Lewis
Mende Nazer fue raptada cuando tenía doce años para ser vendida como esclava. Su inquebrantable espíritu, los entrañables recuerdos de su infancia y la fuerza de la fe le permitieron sobrevivir a siete terribles años en los que fue sojuzgada y maltratada, en los que trabajó para una familia de Jartum que la obligaba a comer sus sobras y a dormir en un cuartucho que su ama cerraba cada noche con llave. “Me acostumbré a llorar sola. Era mi único consuelo”, confiesa Mende. Como afirma Rosa Regàs en el prólogo, “este libro es un ejemplo de lo que es la vida bajo la esclavitud, bajo el miedo, bajo la convicción de que nada se puede hacer para cambiar la situación en que uno se encuentra cuando acaba por reconocer que está en la peor situación imaginable”. El conmovedor testimonio de Esclava parece tomado de las páginas más oscuras de la Historia; sin embargo, lo que aquí se cuenta es hoy una realidad en muchos rincones de nuestro planeta.
Los ángeles del olvido, Rose Marie Tapia
Novela sobre el trabajo infantil que reflexiona sobre una de las heridas más profundas de la presente sociedad. En el mundo de hoy es común el debate acerca de los mecanismos para minimizar la amplia brecha que separa a los que más tienen de aquellos a quienes todo se les niega. Y no se trata solo de naciones tercermundistas en donde esta condición parece ser un factor esencial a su perfil, pues hasta en los países desarrollados es patente la suprema inequidad en la distribución de recursos. Es una novela clara, sin dobleces, en la que alienta una voz de esperanza para quienes se decidan a realizar su aporte personal, esencial, al futuro propio y del planeta.
 He jugado con lobos, Gabriel Janer Manila
He jugado con lobos está basada en la historia real de Marcos, un hombre nacido en 1946 que durante 12 años de su niñez (de los 7 a los 19) vivió solo en las montañas de Sierra Morena después de que su padre le vendiera a un pastor para que le ayudara a hacerse cargo del rebaño de cabras. Tras la muerte del pastor, Marcos se queda solo, con la única compañía de los animales, con quien comienza una relación de amistad y de supervivencia. Gabriel Janer Manila ha convertido esta historia en un relato que destaca por la ternura y la sensibilidad que respira, pero también por la calidad de escritura del autor.
Antes del último sueño, Ami McKay
Moth vive con su madre en uno de los barrios más pobres de Nueva York. Al cumplir los doce años es vendida como sirvienta, y al escapar de esta nueva vida, entra en contacto con los bajos fondos de la ciudad. Aprende a convivir con pícaros, ladronzuelos, mendigos y prostitutas, pero también con los ricos que visitan en secreto el prostíbulo clandestino de Miss Everett, un local exclusivo en el que se ofrece a chicas jóvenes y vírgenes, como Moth, como el bien más preciado. A pesar de las duras condiciones, este nuevo mundo de lujo, le permite a Moth soñar con una nueva vida, una nueva oportunidad.
El corazón de la tierra, Juan Cobos Wilkins
Catherine, una joven británica, decide viajar a Riotinto, lugar en el que vivió su abuelo muchos años atrás. Allí conoce a Blanca, una anciana española con la que inicia una historia de amistad. A través de sus conversaciones, conoceremos los hechos históricos acaecidos en la cuenca minera onubense en 1888, la explotación que sufrieron los mineros y las condiciones infrahumanos bajo las que vivían, incluidos los niños. Pero sobre todo conoceremos el misterio que, como las cajas chinas, tarda en mostrarse, y que unirá a las dos mujeres.
Qué verde era mi valle, Richard Llewellyn
Esta novela concentra la atención en la historia familiar y personal de Huw Morgan, y a través de sus ojos traza una panorámica de las condiciones sociales y laborales de la minería en el valle del sur de Gales. La perfecta exposición del paisaje tanto físico como humano de una zona empobrecida y sometida a los intereses cambiantes de la gran ciudad es uno de los valores más perdurables de esta novela, que ha sido también interpretada como un canto de identidad de las pequeñas comunidades nacionales.
No hay tiempo para jugar, Sandra Arenal
No hay tiempo para jugar reúne 50 breves historias de vida de niños y niñas trabajadores de la ciudad mexicana de Monterrey. La socióloga Sandra Arenal realizó numerosas entrevistas a niños, y en un libro –que sirve de base a esta edición– recopiló algunos de estos testimonios que nos muestran la cara más fea del mundo, la que nunca queremos ver: niños y niñas sin infancia y con responsabilidades de adultos, obligados a trabajar en las peores condiciones, ejerciendo duras tareas a cambio de un magro salario para mantener a sus familias, para costearse los estudios o sencillamente para sobrevivir.
La hora del recreo, varios autores
Esta obra nos presenta una serie de reportajes fotográficos y escritos que pretende acercarnos a una realidad social, la del trabajo infantil en Latinoamérica, con una mirada diferente: real, comprometida, solidaria, sensible y, sin duda, respetuosa. Una dura realidad alejada en el espacio y en el tiempo de la nuestra y a la cual no estamos acostumbrados. Javier Reverte, Rosa Regás Soledad Puértolas, Vicente Molina Foix, Espido Freire o Angeles Caso son algunos de los autores que han colaborado en este proyecto.
Trapitos al sol, María Clara Melguizo
Trapitos al sol pretende mostrar historias reales de niños y niñas trabajadores domésticos y de sus madres, de tal forma que permitan conocer los contextos en los cuales han nacido y crecido, resaltando sus creencias, valores, dificultades y sueños. A través de sus páginas se presenta el complejo contexto social, que en el caso colombiano, involucra múltiples aspectos como la pobreza, la violencia, el maltrato, el abandono y la explotación, entre otras dificultades. Para la reconstrucción de las historias su autora realizó una investigación que incluyó el estudio de más de 60 casos de niños trabajadores domésticos en Colombia.
La compuerta nº 12, (Subterra: cuadros mineros), Baldomero Lillo
El segundo cuento de Subterra nos cuenta la historia de un padre minero que lleva a su hijo Pablo, de tan solo ocho años, a trabajar a la mina, debido a que su familia está constituida por seis integrantes y él es el único que trabajaba. El capataz le asigna el trabajo de abrir la compuerta numero 12 cada vez que pasan los caballos con el carro de carbón, ya que el niño de diez años encargado del trabajo había fallecido el día anterior aplastado por una corrida.
Y para los jóvenes lectores:
La música del viento, Jordi Sierra i Fabra
Un periodista encuentra en una alfombra traída de India un mensaje del niño que la ha tejido. Es una petición de socorro, un grito desesperado, y no puede permanecer ajeno a él. Aunque millones de niños son explotados en el mundo, el mensaje tiene un nombre, Iqbal, y una procedencia: la ciudad de Madurai. Un viaje a la tienda donde fue comprada la alfombra enfrentará al protagonista con la realidad de los niños esclavos que son vendidos por sus propios padres. Iqbal murió hace tiempo, pero en su lugar sigue habiendo niños esclavos, igual que él. El protagonista deberá decidir qué puede hacer un occidental ante lo desconocido y en un mundo que permite la esclavitud infantil. Fiel a sus principios, rescatará a nueve niños que representan a Iqbal. El insólito desenlace de la historia, lleno de fuerza y coraje, es un canto a la esperanza ante el gran reto de la sociedad de erradicar definitivamente la explotación infantil.
Iqbal Masih: Lágrimas, Sorpresas y Coraje, Miguel Griot
En 1995, Iqbal Masih, se convirtió en mártir por la lucha contra la esclavitud infantil al ser asesinado en Lahore, su localidad natal. Iqbal denunció su situación ante la opinión pública para concienciar al mundo de una injusticia que afecta a millones de menores en el mundo.
Con la recreación de los testimonios de los que le rodearon, conocemos a un personaje cuya labor ha sido imprescindible en la búsqueda de un mundo mejor.
La cámara oculta, Silvia Schujer
Tamara es una niña de 12 años y la protagonista de  La cámara oculta, una historia que indaga sobre el trabajo de los niños en televisión, la presión que ejercen sus padres y el trasfondo de una cultura exitista y de consumo continuo. Una novela fuerte, cuya trama desvela el mundo de los castings y de los programas de televisión, con todos sus brillos y sus miserias.
Con gran maestría y luego de un importante trabajo de investigación y de entrevistas que realizó en estudios de televisión, productoras y otros sitios del ambiente, Schujer logra mostrar un mundo de ficción dentro de la ficción que sorprenderá a todos los lectores, chicos y grandes.
Los niños del agua, Charles Kingsley
Publicada dos años antes que Alicia en el País de las MaravillasLos niños del agua se ha confundido a menudo con un relato meramente infantil aunque, al igual que la novela de Lewis Carroll, supera con creces cualquier barrera de edad.
Adaptada al cine por Walt Disney en 1935, narra la historia de Tom, un deshollinador de diez años, explotado cruelmente por su amo Grimes, que cae por la chimenea de una casa de campo a donde ha sido llevado a trabajar. El accidente provoca un enorme revuelo y Tom huye hacia un estanque en el que, aparentemente, se ahoga. Pero no muere y se transforma en un niño del agua, que deberá madurar con la ayuda de las hadas y las criaturas marinas hasta convertirse en un nuevo ser más libre y responsable. En 1889 se publicó una edición especial ilustrada por Linley Sambourne con dibujos tan fantásticos, inquietantes y sorprendentes como el texto.
La piel de la memoria, Jordi Sierra i Fabra
La vida de Kalil Mtube, un niño de Malí, cambia drásticamente cuando, después de haber sido vendido por su padre a un traficante, es obligado a trabajar brutalmente como esclavo en una plantación de cacao en Costa de Marfil. Allí conoce la amistad y el amor, pero también la despiadada crueldad de los seres humanos. Kalil lo gra escapar y llega a la ciudad de Dalao. Después de un año, decide regresar a su casa, pero en el camino es hecho prisionero por un grupo de traficantes de esclavos y metido en un barco. Durante la travesía está a punto de morir, aunque al final es rescatado. Cinco años después, Kalil cuenta toda su historia a un hombre blanco, el mismo que la transcribe a los lectores
La fábrica de betún (El joven Dickens), Vicente Muñoz Puelles
Charles Dickens acaba de fallecer. Entre las personas que asisten al entierro está su gran amigo y agente literario John Forster, al que le cuesta imaginar un día a día sin la compañía del autor. John comienza por ordenar papeles y documentos con el propósito de escribir una biografía, cuando, una noche, se le aparece el espectro del propio Dickens dispuesto a revivir su infancia para que así John conozca de primera mano aquellos aspectos hasta el momento desconocidos.
Y así, acompañados por un fantasma, con ternura y humor, se nos brinda la posibilidad de adentrarnos en la infancia de Dickens, y de entender mejor la temática de sus novelas.
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http://eraseunavezqueseera.wordpress.com/2013/12/17/novelas-sobre-trabajo-infantil/