jueves, 21 de mayo de 2020

UE- Ucrania Fabrica de bebes

17-5-20 Contrainformacion.es    GSIA


Bebés nacidos por gestación subrogada varados en un hotel en Ucrania: Todo es mercancía.

46 bebés dados a luz por madres que gestan a las criaturas para terceros
en el Centro de Reproducción Humana BioTexCom de Kiev,
con sus padres compradores en otros países y continentes,
se encuentran varados en un hotel por las medidas de confinamiento tomadas por el país.
La indirecta consecuencia de mercantilizar con vidas humanas.
Padres con dinero compran hijos a países pobres y a mujeres aún más pobres.
La representación del capitalismo más aberrante.

Una fábrica de bebés.

Llegamos a esta situación porque nuestras fronteras están cerradas y el ministro (ucraniano) de Relaciones Exteriores decidió no permitirle la entrada a extranjeros a Ucrania, ni siquiera a los que tienen un bebé nacido aquí», explicó a la BBC Denis Herman, abogado del centro clínico.

«La gente en Ucrania está en shock. Es muy extraño ver a un montón de bebés amontonados en alguna parte de un hotel y no en una clínica. Muchos se preguntan, ¿por qué está pasando esto? ¿Dónde están los padres de estas criaturas?», señala el abogado.

La Defensora del Pueblo para los Derechos Humanos, Lyudmila Denisova, ha afirmado que Ucrania está en el centro del escándalo de la maternidad subrogada tras la publicación del vídeo en redes sociales de estas criaturas.

«Este video producido es la confirmación de que la situación con la prestación de servicios de maternidad subrogada es masiva y sistémica, y las tecnologías de maternidad sustitutas se anuncian y se presentan como «producto de alta calidad», indicó Denisova.

La Defensora señaló además que «el Estado no toma todas las medidas adecuadas para proteger los derechos de los niños» y que su actitud no es «digna hacia ellos. Añadió, además, que «Ucrania se convierte en un país donante de bebés cuyo destino no puede controlar».

Denisova pone la clave sobre la mesa: «La maternidad subrogada en Ucrania es un problema que necesita una respuesta compleja e inmediata. Prestar esos servicios a ciudadanos extranjeros puede conducir principalmente a la violación de los derechos del niño y a una situación en la que Ucrania es incapaz de proteger a sus ciudadanos».

«Apelo a la Policía Nacional de Ucrania, el Ministerio de Salud de Ucrania, el Ministerio de Política Social de Ucrania con una demanda de una respuesta inmediata a la situación que ha surgido en torno a los niños nacidos por maternidad subrogada, uniendo fuerzas para mejorar urgentemente la legislación sobre el uso de tecnologías reproductivas de la maternidad subrogada para extranjeros y prevenir exportación incontrolada de niños al extranjero «, resumió Denisova.

El negocio de los vientres de alquiler es grande en Ucrania y, a diferencia de muchos otros países, es legal. Cientos de parejas extranjeras han escogido este país como lugar predilecto para gestar a sus bebés desde 2015, después de que varias naciones asiáticas comenzaran a cerrar sus centros de gestación debido a, sobre todo, denuncias de explotación.

Alquilar un vientre en Ucrania tiene un precio promedio de entre 30.000 y 50.000 dólares, mientras que en EE.UU. puede superar los 100.000.

https://contrainformacion.es/consecuencias-del-capitalismo-extremo-bebes-nacidos-por-gestacion-subrogada-varados-en-un-hotel-en-ucrania/

Arg- Cuando empecemos de nuevo, tras el covid-19, deberemos inventar otra escuela- Tonucci

20-5-20 Diario Tiempo Arg- Asoc. GSIA Infancia y adolescencia


"Cuando empecemos de nuevo, tras el covid-19, deberemos inventar otra escuela"

Tres cosas básicas de la experiencia actual:
Lo principal: a los niños les faltan los amigos.
Lo segundo: a los niños les gusta pasar tiempo con sus padres.
Lo tercero: los niños están hartos de la tarea de manera virtual

Entrevista a Francesco Tonucci:
Desde Roma, el célebre pedagogo italiano propone sacar las tareas en cuarentena y que la casa sea un laboratorio.
Y para después del virus, aboga por aulas desjerarquizadas y centradas en la diversidad.
Por Gustavo Sarmiento

"Me arruiné las vacaciones". Francesco Tonucci sonríe al otro lado del teléfono y menciona una agenda interminable de videollamadas (con colegas, funcionarios, periodistas) que le impide un consumo típico de cuarentena, como libros o series. "Y va a seguir, porque me preguntan mucho por el después", agrega en perfecto español. Tonucci habla del Covid-19, como todos en estos días, pero especialmente de las infancias y de la escuela en este contexto de crisis, ilusionado con que sirva como oportunidad para cambiar el modelo educativo imperante.
Un currículum a las apuradas dirá que es pedagogo, escritor, dibujante, investigador y creador del proyecto internacional La Ciudad de los Niños y las Niñas, que se replica en más de 200 localidades de todo el mundo –unas 30 en la Argentina–, en las que se propone dar voz a los pequeños y brindarles espacios públicos donde puedan jugar en libertad. Uno de los que habló con él esta semana fue el ministro de Educación, Nicolás Trotta, que apoyó su iniciativa de que, cuando se abran completamente las ciudades, se les deje el primer día solo a los chicos y chicas, para que jueguen y las disfruten como nunca las vieron.
Francesco vive en Roma, "con el miedo de una persona vieja como yo, y la preocupación de que no se generen más problemas ahora que todo se empieza a abrir". Lo que más lo angustia es que hace más de 70 días no puede ver a sus hijos y, sobre todo, a sus nietos. "Estoy solo en mi casa, aislado, como todos, abriendo la puerta una vez a la semana para comprar". Al segundo se corrige. De hecho, el miércoles dio un paseo por su barrio, en la periferia de la capital italiana, por primera vez en dos meses. "Hice tres kilómetros, paseando por calles y monumentos que no conocía, cerca del Cementerio del Verano, que sorprendentemente tiene nombre español y aquí nadie sabe qué significa. Después de 50 años de transitar una ciudad que vive de manera caótica, con un movimiento espantoso, verla vacía es un efecto muy fuerte... Qué poder tiene un virus para conseguir parar el trabajo y el tráfico, dos dioses de nuestra cultura. Pensemos que aquí la contaminación aérea produce el doble de muertos que el Covid".

-¿Qué le dice su nieta de doce años?
-Lo mismo que estamos recogiendo de los chicos de nuestros Consejos de Niños de todo el mundo. Cuando empezó todo este rollo, me golpeó mucho que todos buscaran expertos para dar consejos a padres y maestros y nadie se preocupara por preguntarles a los niños qué pensaban y qué proponían, por lo cual le pedí a alcaldes e intendentes de nuestra red de ciudades, que convoquen al Consejo de Niños. Y lo que sale de esos testimonios son tres cosas básicas. Lo principal: les faltan los amigos. Esto ha sido mal interpretado, creyendo que decían "me falta la escuela". Pero no: les falta la escuela porque es el único lugar donde se encuentran sus amigos. Décadas atrás, se los encontraban en la calle, en el tiempo libre, para hacer otras cosas, inventar, jugar, y en la escuela estaban los compañeros de clase. Ya no es así: se perdió la calle. Lo segundo que dicen en las encuestas es que les gusta pasar tiempo con sus padres. Es un regalo de la pandemia. Muchos niños o no los conocían o los veían casi de casualidad. Ahora tienen que compartir y participan de las cosas de la casa. Lo tercero: todos manifiestan que están hartos de la tarea de manera virtual. Es algo que la escuela no ha entendido que no debía hacer. Por eso propuse aprovechar la casa para que sea un laboratorio, y que sean las acciones con los padres las verdaderas tareas, no las del libro de texto. Aprender a cocinar, coser, recuperar las fotos, pintar, y que la escuela trabaje con los niños sobre estas experiencias. Si "hacen pasta” y nada más, no sirve; veamos si hay matemáticas dentro de la cocina: hay pesos, proporciones, tiempos de cocción. O aprovechar para hacer lengua, escribiendo recetas, que no es escribir cualquier texto, debe ser útil para que otra persona que no me conoce pueda repetir el mismo plato. Cuando el mundo se amplíe de nuevo fuera de las casas, me gustaría que la escuela no perdiera este descubrimiento: que se puede trabajar sobre el mundo, el barrio, las historias, la naturaleza y los problemas ambientales, y no sobre los libros de textos.

-¿Cree posible un cambio en la escuela después de la pandemia?

-Clases y tareas en este tiempo son cosas que no tienen sentido, porque vivimos situación extraordinaria, no puede ser que la escuela siga como antes. Pero esta manera de interpretar la educación y la escuela no debe ser sólo en tiempos de crisis y coronavirus, sino para siempre. Los cambios cuestan. Normalmente, las estructuras intentan quedarse iguales para siempre. La escuela italiana adoptó como lema en esta crisis: "La escuela continúa". Sería un “seguimos como antes”. Y es algo paradójico: ¿cómo que no cambia nada si cambió todo para todos? Pero si la mayoría piensa que la escuela no tiene que cambiar, vendrá agosto u octubre y todo seguirá igual. Tenemos que aprovechar esta oportunidad para lanzar una idea nueva de una escuela que corresponda a lo que nuestra sociedad necesita.

-¿Y qué necesita?
-Por ejemplo, la diversidad. En la escuela hay niños de culturas y lenguas diferentes, minorías indígenas, niños con discapacidades, de diferentes sectores sociales, niños pobres que en este momento manifiestan limitaciones porque no tienen aparatos tecnológicos para conectarse con la escuela. El tema de fondo es que hay una idea equivocada de que la escuela debe ser para iguales, entonces todas las veces que alguien no es igual a los demás se considera un problema. Y la verdad es que los niños son diferentes uno del otro, por lo cual si queremos hacer una propuesta educativa democrática y eficaz, tenemos que hacerla para diferentes, y no para iguales. Lo dice la Convención de los Derechos del Niño, a la que Argentina adhirió hace 30 años con carácter constitucional: la educación no tiene como objetivo que todos consigan los mismos resultados. El propósito de la escuela y la familia en conjunto debe ser que los chicos descubran sus aptitudes, vocación y talento, sus inteligencias, y una vez que cada uno descubrió su camino, ofrecerle los instrumentos adecuados para desarrollarlo hasta el máximo nivel posible. Por eso tiene que haber diversidades en la escuela, y trabajar sobre lo bueno que cada uno tiene, no sobre lo malo. Con los mismos textos para todos, pensados desde un ministerio casi siempre desde la capital del país, la escuela está dejando afuera a un porcentaje enorme de alumnos que no nacieron para ser literatos o matemáticos, que quieren ser músicos, pintores, deportistas, arquitectos o mecánicos. Hay una injusticia. Una propuesta igual para desiguales.

-¿El Covid-19 es una oportunidad para pensar en una escuela diferente?
-La crisis, como dijo Albert Einstein, puede ser una bendición, porque produce progresos. Espero eso, especialmente para casos como el de la Argentina, donde las autoridades parecen motivadas a impulsar cambios y no la conservación. Las escuelas que mejor funcionan en el mundo, como las de Finlandia, no tienen exámenes; hay muchas menos horas de cursada a lo largo del año; empiezan la primaria a los 7 años y no hay tareas. Se hace mucho hincapié en repetir o pasar de año, y eso no es lo central. Cuando empecemos de nuevo, tendremos que inventar una escuela que hoy no existe. No es verdad que vamos a poder volver a la escuela de antes; porque el virus nos obligará, con las condiciones de distancia y de cuidado, a pensar cosas totalmente distintas. Aquí, por ejemplo, hemos analizado la posibilidad de dividir las clases en dos grupos, uno en casa y otro en la escuela, e ir rotándolos. Pero lo principal es que tenemos que idear una escuela pensada de otra manera. La debilidad es que se funda en una base jerárquica y que los de la misma edad saben lo mismo, creyendo que cuando empiezan el proceso escolar no saben nada y después empiezan a saber lo que los maestros supieron pasarles. El mérito del aprendizaje se pone siempre en los niños: si no aprenden, no se castiga al docente que no supo enseñarles, sino al alumno que no tuvo capacidad o no quiso aprender. Podemos abandonar la idea de la clase con pupitres en la que los alumnos escuchan y repiten, y pensar que trabajen entre ellos. Si tenemos grupos de 6 a 12 años, hasta se pueden manejar solos, por lo cual un profesor puede lanzar propuestas, o crear grupos de trabajo que luego supervisa. En este momento, donde tenemos que enfrentar una situación nueva y problemática, mezclar edades lo haría mucho más fácil.

-¿Cómo están los niños en estas semanas en las que les cambió el mundo?
-No se los escucha, en casi ningún lugar, excepto en países como Finlandia o Nueva Zelanda, que no casualmente son liderados por políticas mujeres, que desde el principio les hablaron a los niños. Los niños valen poco porque no votan. No están en agenda. Y si la escuela quiere modificar la relación con ellos, no puede repetir siempre lo mismo. El tema central es si la escuela es consciente de que hay que cambiar: así como era ya no funcionaba desde antes de la pandemia. No es que antes funcionaba bien y entonces lamentamos no poder seguir como antes. No. Muchos niños se aburrían, no seguían la clase, y después olvidaban lo que habían aprendido. Era una estructura débil, incluso en el aula. Por eso me gustaría una escuela donde todos los espacios se utilicen como talleres y laboratorios, con muchísimas propuestas distintas: baile, música, física, huertas, ir moviendo a los grupos. En estas épocas puede ser útil la idea de la jornada escolar como un recorrido y no como una estancia. Hace 30 años que lo propongo, pero ahora parece que llegó el momento en el que a los gobiernos que me consultan les parece viable. Algo bueno habrá hecho este virus maldito.

Que las ciudades sean para los niños
Una de las propuestas de Tonucci para estos tiempos de pandemia apunta a que, el día que "reabran" las ciudades, cuando todo vuelva a una mínima normalidad, se las entreguen por 24 horas a los niños y las niñas. "Lo lanzamos como proyecto internacional de la Ciudad de los Niños. La gente puede firmar la petición en nuestra página lacittadeibambini.org/o en nuestro Facebook. Lo que decimos es que esta crisis tuvo errores sanitarios, víctimas (sobre todo nosotros, los viejos), y ha tenido campeones, que son los niños. Porque resistieron al virus, no por mérito de ellos solos, claro, pero viven esta temporada muy larga, encerrados en casa, que les significa algo incomprensible, y lo están haciendo muy bien. Darles un día la ciudad vacía para que jueguen y la disfruten en libertad, como nunca han podido, y como les gusta a ellos, sin tráfico, peligros ni contaminación, es el regalo que les podemos hacer a modo de agradecimiento".
Hizo llegar su iniciativa a los 200 alcaldes de las localidades que forman parte de la red internacional, entre ellas varias argentinas. Tonucci menciona a Arrecifes y a Rosario, una de las históricas desde que el proyecto de la Ciudad de los Niños arrancó en mayo de 1991, con la idea de que "los niños asuman un papel activo en el proceso de cambio, participando de forma concreta en el gobierno y en la delineación de su ciudad, apropiándose de nuevo del espacio urbano".
También le comentó al ministro de Educación, Nicolás Trotta, la iniciativa de liberar un día las ciudades para los niños: "Prometió que se iba a sumar a la petición, igual que Rosario o Neuquén. Es más una decisión política que educativa. Sé que es una propuesta muy utópica, pero lamentablemente todo el tiempo que proponemos algo para niños, es utópico".

Pruebas Pisa
Afirma Tonucci: "La escuela sigue siendo la escuela de lengua y matemáticas, y el resto es algo que si hay, hay, y si no, no importa, como las Pruebas Pisa que toman estas dos o tres competencias y las miden por igual en todos los países sin tener en cuenta las diferentes realidades. El niño mapuche ve distinto la vida del que vive en Palermo o en una villa miseria, todos tienen el mismo derecho de aprender, y lo hará mejor cuanto más pueda examinar su propia realidad".


Francesco Tonucci.https://gsia.blogspot.com/2020/05/cuando-empecemos-de-nuevo-tras-el-covid.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+GsiaInfanciaYAdolescencia+%28GSIA%2C+Infancia+y+Adolescencia%29

Argentina- RETOMO BLOG- Patricia Jurado

21-5-20

SALUDO A TODXS después de una larga Ausencia

   

   Retomo publicaciones respecto a Infancia a nivel Mundial...con sus 

problemáticas  multiaxiales.. 

Por razones personales...No he podido continuar con las publicaciones, me Disculpo !!!

 En tiempos de Pandemia...de tanta Complejidad en todas las áreas...la Infancia esta 

siendo  Agudamente Atravesada a nivel Mundial... como ya, iremos plasmando en el Blog...



A CUIDAR los NIÑXS... AL  PRÓJIMO ... y a  NOSOTRXS MISMOS !!!


PJ


miércoles, 17 de octubre de 2018

América Latina- Antiprogresismo

Octubre 2018 Rev Nueva Sociedad


ANTIPROGRESISMO Un fantasma que recorre América Latina-
Pablo Stefanoni


Lejos de ser solo «un Trump», Jair Messias Bolsonaro es un candidato con tintes fascistas en un país con mucha menos solidez institucional que Estados Unidos y que ya vive altas dosis de violencia política. Los resultados de ayer expanden el ya existente bloque parlamentario BBB (buey, biblia, bala) hacia dimensiones hasta hoy desconocidas. Pero el antiprogresismo no se limita a Brasil. Se expande por toda la región y pone en riesgo los avances democráticos de las últimas décadas.

Sí, ayer en la primera vuelta ganó, como escribía un corresponsal, un político autoritario, racista, machista, homófobo; una persona que encarna los valores más retrógrados acaricia la Presidencia de Brasil. Obtuvo más votos de los que anticipaban las encuestas, arañó un triunfo en la primera vuelta y tiñó con sus colores casi todo el país, salvo el nordeste. Brasil y América Latina se enfrentan, así, a un nuevo escenario que ya no es solamente el fin del ciclo progresista y su eventual reemplazo por fuerzas de derecha o centroderecha en el marco de la democracia, sino un corrimiento de las fronteras hacia otro terreno: el potencial triunfo en segunda vuelta de un candidato que, mediante una campaña llena de biblias y balas, reivindica abiertamente la dictadura, hace alarde de la violencia y desprecia todos los valores que fundamentan el sistema democrático.
No es solo «un Trump», es un candidato con tintes fascistas en un país con mucha menos solidez institucional que Estados Unidos y que ya vive altas dosis de violencia política. Los resultados de ayer expanden el ya existente bloque parlamentario BBB (buey, biblia, bala, en referencia a terratenientes, pastores evangélicos y ex-integrantes de fuerzas de seguridad) hacia dimensiones hasta hoy desconocidas. Como dice un periodista de El País, la «B» de Bolsonaro los terminó articulando a todos ellos. Y los dejó a las puertas del poder.
La principal razón del crecimiento de Bolsonaro está ligada, para la historiadora Maud Chirio, «a la construcción de la hostilidad hacia el Partido de los Trabajadores (PT) y a la izquierda en general. Esta hostilidad recuerda el anticomunismo de la Guerra Fría: teoría del complot, demonización, asociación entre taras morales y proyecto político condenable. Bolsonaro se apropió de este simbolismo de rechazo, que se sumó a las implicaciones del PT en casos de corrupción. No se trata solo de un desplazamiento de los conservadores hacia la extrema derecha, sino de una adhesión rupturista». Como ya advirtiera el historiador Zeev Sternhell, el fascismo no solo era reacción, sino que era percibido como una forma de revolución, de voluntad de cambio frente a un statu quo en crisis.
No es posible, desde el progresismo, rehuir las responsabilidades por estos años de gobiernos «rosados». Que tanta gente esté dispuesta a votar a un Bolsonaro para evitar que vuelva el PT es en sí mismo un llamado a la reflexión, más aún cuando eso ocurre en las zonas más «modernas» de Brasil, donde nació un partido que enamoró a toda América Latina y hace años que viene perdiendo apoyos. Como expresión de este rechazo, Dilma Rousseff, contra todas las encuestas preelectorales, quedó fuera del Senado en Minas Gerais. Y el PT hizo mucho por debilitar su épica originaria, su integridad moral y su proyecto de futuro. Pero no solo a eso se debe el rechazo.
Como hemos señalado en otra oportunidad, la lucha de clases soft que durante su gobierno mejoró la situación de los de abajo sin quitarles a los de arriba terminó por ser considerada intolerable para las elites. El caso de Brasil confirma que las clases dominantes solo aceptan las reformas si existe una amenaza de «revolución», y la llegada al poder del PT estuvo lejos de la radicalización social; al mismo tiempo, impulsó políticas en favor de los «de abajo» en un país tradicionalmente desigual. En todo caso, la experiencia petista terminó exhibiendo relaciones demasiado estrechas entre el gobierno y una opaca «burguesía nacional (como frigoríficos o constructoras), que socavaron su proyecto de reforma ética de la política y terminaron por debilitar la moral de sus militantes.
Es decir, el actual rechazo a los partidos progresistas que gobernaron tiene una doble dimensión. En toda América Latina está emergiendo también una nueva derecha que articula un voto que se opone a los aciertos. El racismo como rechazo a una visión racializada de la pobreza, y el conservadurismo contra los avances del feminismo y las minorías sexuales. El crecimiento del evangelismo político y la popularidad de políticos y referentes de opinión que declararon la guerra a lo que llaman «ideología de género» son algunos de los vectores para la expresión política de un antiprogresismo crecientemente virulento.
«Estamos en guerra, estamos a la ofensiva. Ya no a la defensiva. La Iglesia por mucho tiempo ha estado metida en una cueva esperando ver qué hace el enemigo, pero hoy está a la ofensiva, entendiendo que es tiempo de conquistar el territorio, tiempo de tomar posición de los lugares del gobierno, de la educación y de la economía», exclamó en el Centro Mundial de Adoración el pastor evangélico Ronny Chaves Jr. durante la campaña presidencial de Costa Rica, en la que un candidato evangélico pasó a la segunda vuelta en abril de este año. Es cierto, también hay que decirlo, que Rousseff se alió con ellos, pero ahora muchas de estas iglesias, como la Universal, parecen «ir por todo» sin necesidad de pragmáticas alianzas con la izquierda.
Las nuevas extremas derechas atraen, además, parte del voto joven y construyen líderes de opinión con fuerte presencia en las redes sociales. Estos movimientos se presentan incluso como antielitistas, aun cuando –como ocurre con Bolsonaro– su propuesta económica sea ultraliberal y sea apoyada con entusiasmo, en la última fase, por los mercados. Como ha señalado Martín Bergel, ha venido siendo muy eficaz un relato que asocia a la izquierda con los «privilegios» de ciertos grupos, que pueden incluir hasta a los pobres que reciben planes sociales, frente al pueblo que «realmente trabaja y no recibe nada».
El progresismo continental se encuentra así frente a una crisis profunda –política, intelectual y moral–. La catastrófica situación venezolana –difícil de procesar– viene siendo de gran ayuda para las derechas continentales. Por no hablar de los silencios frente a la represión parapolicial en Nicaragua. En este contexto, el reciente llamado de Bernie Sanders a constituir una nueva Internacional progresista–que tenga como ejes el rechazo al creciente autoritarismo alrededor del mundo y la lucha contra la desigualdad– resulta tan oportuno como difícil de pensar en una América Latina donde gran parte de las izquierdas se entusiasma con figuras como Vladímir Putin, Bashar al-Asad o Xi Jinping como supuestos contrapesos al Imperio.
A diferencia de encuentros anteriores, cuando las izquierdas constituían fuerzas expansivas en la región, la última reunión del Foro de San Pablo en La Habana en julio pasado estuvo marcada por los discursos centrados en la «resistencia» y el atrincheramiento. El lugar elegido –La Habana– y la presencia de figuras históricas del ala más conservadora del gobierno cubano contribuyeron a un repliegue ideológico en un discurso antiimperialista cargado de nostalgia hacia la figura del fallecido comandante Fidel Castro y sin espacios para un análisis reflexivo de las experiencias –y retrocesos– de estos años. La defensa cerrada de Nicolás Maduro y Daniel Ortega fue la consecuencia lógica de esa deriva. Pero recuperar las capacidades expansivas requiere salir de las zonas de confort ideológicas y de la autovictimización.
Parafraseando una expresión francesa respecto a su propia extrema derecha, Bolsonaro logró «desdiabolizarse». Y de ganar el balotaje, no estará solo en el mundo. Al mismo tiempo, nadie en la región –en medio de los retrocesos integradores– será capaz de ponerle límites. Un triunfo del ex-capitán sería uno de los mayores retrocesos democráticos desde las dictaduras militares de los años 70, sin que hoy podamos anticipar las consecuencias. La imagen de un votante que se filmó apretando los botones de la urna electrónica con el cañón de un revólver –obviamente votando en favor de Bolsonaro– fue una de las postales de una jornada que no anticipa nada bueno para Brasil ni América Latina.

http://nuso.org/articulo/antiprogresismo/