sábado, 29 de mayo de 2021

ARG- UNICEF Estudio sobre los efectos en Salud Mental de Niños/as y Adolescentes por COVID 19

 28-5-21 UNICEF

Estudio sobre los efectos en Salud Mental de Niños/as y Adolescentes por COVID 19

Puntos destacados

Desde la irrupción de la pandemia a principios del 2020, se incrementó la preocupación sobre los efectos que tendría en nuestras vidas cotidianas. Este nuevo escenario supuso un reordenamiento y organización del tiempo – espacio y alteración de las rutinas, además de las transformaciones que introdujo en las relaciones que se establecen a partir de la convivencia.

Todo esto impacta sobre el cotidiano de las y los niños y adolescentes, sus lazos sociales, las posibilidades de esparcimiento, su desarrollo y su progresiva conquista de autonomía. De este modo, resulta esencial que se contemple la salud mental y los cuidados que niñas, niños y adolescentes necesitan.

La presente investigación se realizó con el objetivo de generar información que permita conocer los efectos que la pandemia por COVID-19 producen sobre el estado de salud mental y cambios en el comportamiento de niñas, niños y adolescentes, y presentar recomendaciones que orienten las acciones de diferentes actores relevantes, para evitar el sufrimiento y proteger la salud mental de niñas, niños y adolescentes.

PRÓLOGO - Luisa Brumana Representante - UNICEF Argentina

A más de treinta años de la Convención de los Derechos del Niño, el escenario actual de pandemia ha provocado retrocesos importantes en las condiciones de vida de las familias, y en particular de los niños, niñas y adolescentes. El Comité de Derechos del Niño ha expresado su preocupación por la situación de las y los niños, particularmente la de aquellos que viven en condiciones de vulnerabilidad, debido a los efectos que la pandemia de COVID-19 está teniendo y tendrá. Frente a la situación epidemiológica y a las medidas dispuestas para contener la propagación del virus las niñas y niños se enfrentaron a diferentes situaciones, entre ellas: la interrupción de los vínculos físicos con seres queridos, la pérdida de autonomía y de espacios de socialización, la incertidumbre sobre el avance de la enfermedad y sobre las afectaciones que este causaría a las personas más cercanas. Frente a estas situaciones era esperable que emergieran algunas respuestas emocionales como temor, ansiedad, angustia, irritabilidad, enojo, falta de concentración y problemas en el sueño. En ocasiones, estas respuestas adaptativas dejan de serlo y se convierten en efectos adversos sobre la salud mental de niñas, niños y adolescentes. Por esta razón, desde UNICEF buscamos rescatar la voz de las niñas, niños y adolescentes para conocer en primera persona sus experiencias, emociones, miedos y expectativas y, desde esta perspectiva, garantizar y promover su participación y la protección de su bienestar emocional. La investigación que realizamos se propuso como eje central conocer e indagar sobre las principales necesidades emocionales y los cambios en los comportamientos de niños, niñas y adolescentes que surgieron durante el primer año de pandemia. Se buscó documentar sus vivencias para entender mejor a partir de ellos y ellas cómo priorizar y mejorar sus cuidados. Con el propósito de dar la palabra a niños, niñas y adolescentes provenientes de realidades diversas y singulares se consultaron 780 niños, niñas y adolescentes a través de una metodología cualitativa y cuantitativa que articuló la recolección de información y producción de datos, junto a propuestas lúdicas que constituyeron, en sí mismas, actividades y prácticas que les permitieron elaborar la realidad y el contexto que estaban viviendo durante la pandemia. Se realizó una indagación pormenorizada sobre sus actividades, sus emociones y preocupaciones, centrada en sus experiencias a través de sus propios relatos y producciones, y se buscó evitar el análisis desde una perspectiva adulto-céntrica sobre sus percepciones. El análisis toma, a su vez, la diversidad de situaciones familiares y las distintas condiciones de vida de niños, niñas y adolescentes del país. Esta perspectiva de análisis permitió conocer los efectos en la salud mental en base a las diferencias de género, edad, lugar de residencia y contexto social y familiar. Algunas de las dimensiones analizadas en este estudio habían sido abordadas previamente por las encuestas que UNICEF llevó adelante en 2020, en las que se encontraron indicios sobre las posibles alteraciones que manifestaban las y los chicos. La propuesta de esta investigación permitió escuchar sus voces, complementando aquellos resultados iniciales, favoreciendo su participación activa en el proceso de investigación y de esta manera dar profundidad de sentido a dicha información.
Los hallazgos y aprendizajes producidos a lo largo las tres mediciones realizadas entre los meses de septiembre 2020 y febrero 2021, interpelan a distintos actores de la sociedad – organismos públicos, organizaciones comunitarias, medios de comunicación, y también las familias – a realizar acciones concretas para atender el cuidado psico-emocional de chicas y chicos en un contexto tan excepcional. La evidencia generada plantea la importancia de que las políticas destinadas a niños, niñas y adolescentes sean acompañadas por mensajes y propuestas que los convoquen y los haga partícipes. Es por esto que esperamos que este estudio contribuya propositivamente a las decisiones necesarias para que el momento que atravesamos conlleve el menor sufrimiento posible para niños, niñas y adolescentes. Confiamos, así mismo en que darle mayor visibilización a las necesidades que los propios chicos y chicas expresan podrá contribuir a promover su mayor bienestar y desarrollo. Finalmente, queremos agradecer al equipo de investigación conformado por integrantes del Grupo de trabajo e investigación en Niñez, Derechos Humanos y Salud Mental de la Universidad Nacional de Lanús y de Intercambios Asociación Civil por el compromiso para que las voces de los niños, niñas y adolescentes sean atendidas, brindando protagonismo a sus narrativas y reconociendo su capacidad de agencia. 

Bajar doc pdf Completo en 

file:///C:/Users/Patricia/Downloads/Estudio%20sobre%20los%20efectos%20en%20la%20salud%20mental%20de%20nin%CC%83as,%20nin%CC%83os%20y%20adolescentes%20por%20COVID-19.pdf

viernes, 28 de mayo de 2021

Arg- Protocolo para la interrupción legal del embarazo: el texto completo

 28-5-21 Diario Pagina 12

Fue publicado en el Boletín Oficial y quedó oficializado

Protocolo para la interrupción legal del embarazo: el texto completo

El protocolo para la atención integral de personas que optan por acceder a la interrupción voluntaria y legal del embarazo quedó oficializado con la publicación de su aprobación por parte de la cartera de Salud, encabezada por Carla Vizzotti, en el Boletín Oficial.

Se trata de la Resolución 1535/2021 de esa cartera, en su artículo 1, establece el Protocolo para la Atención Integral de personas con derecho a la interrupción Voluntaria y Legal del Embarazo, adecuada a la nueva normativa sancionada en diciembre último.

A su vez, la norma dispone que el protocolo se incorpora al Programa Nacional de Garantía de Calidad de la atención médica.

La resolución señala en sus considerandos que, mediante la Ley Nº 27.610, se reguló el acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo y a la atención postaborto, en cumplimiento de los compromisos asumidos por el Estado argentino en materia de salud pública y derechos humanos de las mujeres y de otras personas con capacidad de gestar para contribuir a la reducción de la morbilidad y mortalidad prevenible.

Recuerda también que la citada ley se enmarca en los derechos consagrados en distintos Tratados Internacionales, con rango constitucional, como la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Convención Americana sobre Derechos Humanos, la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés) y su Protocolo Facultativo, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Asimismo, se inspira en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Convención Interamericana Para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer "Convención De Belem Do Para", la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, la Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes.

Por otro lado, se resalta que la interrupción del embarazo es "una política de salud pública dentro del conjunto de políticas necesarias para garantizar la salud sexual y reproductiva de las niñas, adolescentes, mujeres y otras personas con capacidad de gestar y, con ella, sus derechos humanos".

Además, señala "una ley que desarrolla la respuesta integral de las políticas de salud sexual y reproductiva".

La Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) fue sancionada por el Congreso el 30 de diciembre de 2020 y promulgada el 14 de enero de 2021.

La norma establece el derecho al aborto en todos los casos hasta la semana catorce de gestación inclusive.

Leer TODO el Protocolo en
https://www.pagina12.com.ar/344465-protocolo-para-la-interrupcion-legal-del-embarazo-el-texto-c?cx_testId=11&cx_testVariant=cx_1&cx_artPos=1#cxrecs_s

lunes, 24 de mayo de 2021

ARG- Menor Jornada = más Salario y mayor Empleo

 15-5-2021  eldestapeweb.com

Menor Jornada = más Salario y mayor Empleo

Por ALVARO RUIZ

Las restas y sumas en el ámbito laboral no las define la aritmética sino la Política, sin que el resultado que se alcance deje de guardar correspondencia con una lógica elemental -hasta matemática- que se demuestre fácilmente en la conjugación de los términos de las variables elegidas.

Futuro del trabajo o Trabajo del futuro
El clima de época está fuertemente atravesado por la peste que azota al Mundo, y con razón, dado lo impensado y excepcional de lo que está sucediendo en todos los órdenes de la vida y la sensación, día a día, más asentada de que no habrá vuelta atrás, con relación a la que ahora se identifica como la anterior “normalidad”.

Esto último no posee un valor absoluto, universal y proyectado a todos los campos, en tanto se mantienen intactas las estructuras de poder y de la división internacional del trabajo a pesar de la crisis sin precedentes que golpea -aunque no por igual- a los países centrales y periféricos.

La solidaridad que algunos especulaban guiaría los comportamientos individuales, sociales y de los Estados, lejos se ha evidenciado y sobrados ejemplos se registran que dan cuenta de una nueva frustración en aras de arribar a interrelaciones más justas, de mayor equidad y con prevalencia de derechos humanos fundamentales frente a intereses mezquinos.

Lo que pareciera haber ocurrido es que se ha descorrido un velo de postulados declamatorios, mostrando disfunciones sistémicas de las democracias formales y los perniciosos efectos de las prácticas neocoloniales de una “normalidad” que no sólo subsiste, sino que se ha profundizado con -y no por- la pandemia.

Dejando a la luz, con gran crudeza y a la vista de todo aquel que quiera ver, las enormes desigualdades imperantes. Que, además, en lugar de encontrar algún paliativo, se han exacerbado a niveles superlativos y a despecho de los crecientes padecimientos de los más desposeídos.

El aumento de la desocupación que es, como siempre, un fenómeno que acompaña los vaivenes de la Economía, arroja a la desesperación y a la búsqueda de cualquier estrategia de supervivencia a quienes cuentan únicamente con su fuerza de trabajo para encontrar su diario sustento.

La resignación de derechos laborales, la forzada disposición a aceptar condiciones de trabajo cada vez más precarias o la paulatina deslaboralización de los servicios personales que se prestan, constituyen claros emergentes en estos tiempos.

Que se acentúan en igual o mayor medida en que se debilitan las organizaciones gremiales y se expanden las prácticas antisindicales, ya sea para incidir a la baja en las tasas de sindicalización o por el diseño -ficcional- de figuras, roles y vínculos en apariencia excluidos de la agremiación.

De todo ello se valen quienes otrora proclamaban “el fin del trabajo”, una entelequia que perseguía la deconstrucción de los derechos sociales, para instalar ahora la idea del “futuro del trabajo”. Imbuido de supuestas inexorables demandas acordes con los cambios tecnológicos, que reclamarían la adaptación de las formas de organizar, distribuir y dirigir el trabajo.

Un trabajo sin derechos, o con pocos derechos para unos pocos, en que prime una pseudo autonomía del que lo ejecuta, se difuminen los beneficiarios de esos servicios y en que se vaya acotando, al máximo posible, la relación de empleo.

Plantearse el “trabajo del futuro”, como razonablemente corresponde, no consiste en un mero juego de palabras ni expresa nociones equivalentes, sino que configuran significantes absolutamente disímiles tanto como implica concepciones en gran medida antagónicas.

El trabajo no es un fin en sí mismo, sino el medio para dignificar a la persona humana. Ni puede ceñirse a generar riqueza para otros que la acumulen sin límites, al punto de una concentración indecente -al contrastarla con la pobreza que tamaña codicia genera- y sin compromiso social de ninguna índole.

Pensar el trabajo del futuro, plantearse su desarrollo valiéndose de los avances tecnológicos, debe conducirnos a imaginarlo más seguro, menos agobiante, con mayores tiempos de ocio y posibilitando el pleno empleo a la par de proporcionar una mejor calidad de vida, con la irrenunciable aspiración de una vida digna para todos.

El crecimiento de la Economía no garantiza mayor equidad
Cuando se enfrenta un deterioro generalizado como común denominador en la caída de la producción de bienes y servicios, una destrucción de la industria y del empleo, un endeudamiento externo sólo comparable con la fuga de capitales que, simultáneamente, se verificaba y el incremento de la pobreza e indigencia, de la magnitud que se registraba en diciembre de 2019, lo primero que, sin duda, un Gobierno debe procurar es una recuperación de la Economía.

Si a todos esos nefastos indicadores se suma una paralización de la actividad impuesta por la pandemia, ese objetivo cobra todavía mayor entidad y alcanzarlo se hace más urgente, como más complejo. Aunque toda decisión política, que es en definitiva lo que define las medidas adoptadas en el ámbito económico-productivo, indefectiblemente tiene cierto direccionamiento y requiere establecer cómo será la distribución de sacrificios y beneficios.

Los economistas ortodoxos, sus benefactores y, recurrentemente, los comunicadores que les son afines, ponen el eje en el crecimiento y señalan como condicionantes para un desenvolvimiento virtuoso del Mercado, la austeridad fiscal junto con una drástica reducción del gasto público y de la emisión monetaria, siempre basados en la premisa de disminuir sustancialmente la “presión tributaria” para que con todo ello se multipliquen las inversiones, en particular las extranjeras.

Desde esa misma perspectiva, será recién entonces cuando -por obra de las reglas del mercado- se pueda crecer, con la consiguiente bonanza y, a partir de ello, los efectos depararán benéficos generales y por su propio peso derramarán en todas las capas sociales. Cuánto y cómo, es parte de un misterio que se develará a la población cuando todo eso ocurra.

En términos sencillos, que suelen emplear los “académicos” forjadores de ese relato para que todos puedan comprenderlo, se compara con una “torta” que hay que agrandar como condición de tanta buenaventura.

Lo que se calla, o directamente se oculta, es cómo se cortarán las porciones y que, claro está, la glotonería del poder concentrado será la que oriente el cuchillo. Fileteando módicos pedazos o repartiendo las migajas a las mayorías, guardando para sí el resto que, por cierto, deberían mantener en sus manos para amasar otra mayor en el siguiente ciclo y continuar ese pretendido circuito virtuoso.

Mafalda, un personaje particularmente icónico entre las innumerables creaciones de Quino, sentenciaba: “Que, para amasar una gran fortuna, es necesario hacer harina a los demás”. Una reflexión también sencilla, pero que expresa una verdad de la que carece aquella otra.

Siguiendo con la apelación a la repostería, lo que realmente importa -cualquiera sea el tamaño de la torta- es cómo va a repartirse entre los que aportaron para elaborarla y cuánto incidirá para decidirlo el apetito -incluso el hambre- o la gula de los comensales.

Aunque lo más significativo es que no se trata de tortas, como decía María Antonieta antes de perder la cabeza, sino de algo más perentorio, de “pan y trabajo”.

La teoría del derrame es más que ilusoria, perversa. Una fantasía, creada en favor de los que nunca sentirán colmada su copa y que, si llegara a desbordar, estarían prestos a buscar otra para no perder ni una sola gota.

En la cuna del Capitalismo liberal, en la Metrópoli imperial de Occidente, es donde hoy se reconoce por su primer mandatario (Joe Biden) lo falaz de esa teoría, que no es novedad para quienes habitamos los suburbios del mundo en donde se han padecido -y se padecen- los efectos perniciosos de ese tipo de experiencias.

Más de 100 años igual
La lucha por la reducción de la jornada laboral es más que centenaria, ya por 1866 se levantaba la consigna de “los tres 8”, reclamando que el día se dividiera en tercios de ocho horas: para el trabajo, para el ocio y para el descanso.

Muchas décadas tuvieron que pasar, y mucha sangre correr, para que esa aspiración se tradujera en leyes que fijaran límites a la jornada, pero la realidad supera a la ficción legal como es sabido y en esta materia no ha sido una excepción.

La necesidad de suplementar magros salarios ha exigido que se trabajen horas extras, no siempre remuneradas con los recargos que normativamente corresponden y con frecuencia abonadas marginalmente, para alcanzar un nivel de ingreso suficiente para satisfacer necesidades básicas.

Las metas de productividad y competitividad empresarias también han pivoteado en esa variable, recurriendo a un sobreesfuerzo a bajo costo que incluso llegó a volcarse en iniciativas legislativas -la última con Macri en 2018- que proponían anualizar el cómputo de la jornada máxima legal o la creación de un banco de horas, con lo que se pretendía sortear todo límite y eludir -en la práctica- la efectiva retribución del tiempo extra de labor cuyo cálculo efectivo se tornaría virtualmente imposible e incontrolable.

En 1929 la llamada “gran depresión”, identificada hasta hace poco como la mayor crisis del Capitalismo mundial, para la Argentina implicó la caída abrupta del precio de sus productos primarios sin que en igual medida sucediera con los que se importaban, el cierre de los principales mercados a los que se dirigían las exportaciones y la consiguiente merma en el ingreso de divisas.

Sin embargo, fue en ese mismo año en que se sancionó la Ley 11.544 que estableció un límite máximo de 8 horas diarias y 48 horas semanales, que transcurridos casi 100 años no ha sido modificado.

Con ese precedente, la crisis actual mal podría oponerse a una disminución, tan significativa como aquélla, a la duración del trabajo. Menos aún cuando la incorporación de tecnología permitiría, por sí sola, aumentar la productividad y mantener -sino acrecentar- la producción.

El imprescindible impulso al salario
Entre 2016 y 2019 el poder adquisitivo del salario se redujo en promedio un 25%, con el consiguiente efecto recesivo en el mercado interno, cuya recuperación es un objetivo central del actual Gobierno nacional.

En tal sentido se propuso la meta de que en este año el salario le ganara a la inflación, en base a dos presupuestos básicos: una contención razonable de los precios y una ronda paritaria en que se obtuvieran aumentos significativos de las remuneraciones.

La realidad no parece corresponderse con ese anhelo, estando al comportamiento de los formadores de precios, en especial de los alimentos que son los que más impactan -junto con los servicios esenciales- en el rendimiento del salario.

Tampoco la expectativa en la negociación colectiva se ha concretado porque, salvo los gremios más fuertes -que accedieron a mejoras salariales pero escalonadas-, la evolución de las paritarias no muestra una tendencia capaz de alcanzar aquel objetivo, y los que lograron una mejor posición están seriamente expuestos a un retroceso al ritmo que crece la inflación y su proyección hacia fin de año

En ese contexto, más allá de la justicia que encierra por sí misma para las personas que trabajan, es que se impone una reducción sustancial del tiempo máximo legal de labor, fijándolo en no más de 38 o 40 horas semanales sin disminución de la remuneración y estableciendo una mayor limitación de la cantidad de horas extras admitidas.

Si bien redundaría en una sensible mejora en la calidad de vida, a la vez que en orden a las contraprestaciones comprometidas por esa vía se generaría un incremento remuneratorio, no importaría en términos absolutos un aumento en los ingresos de los asalariados.

Esto último sí podría concretarse en función de la elevación del salario mínimo, vital y móvil, junto con la implementación de un salario mínimo profesional que esté ligado a la evolución del SMVyM, asegurando un piso de más amplia cobertura y que permita a los sindicatos una disputa más efectiva por la distribución de las ganancias de las empresas.

Dispositivo legal que contenía en su texto originario (1974) la Ley de Contrato de Trabajo (cfr. arts.131 y 132), apto para generar mejores condiciones y mayores fortalezas sindicales en la negociación colectiva, especialmente en aquellos sectores en que las representaciones gremiales exhiben desequilibrios más marcados frente al poder empresario.

“Cuando por las formas de remuneración adoptadas o de su liquidación, no se pudieran establecer salarios profesionales en las convenciones colectivas, con relación a todos o algunos de los trabajadores comprendidos, se deberá fijar en las mismas el salario mínimo profesional que asegure al trabajador un ingreso adecuado atendiendo a su profesión, oficio, categoría o calificación. (…) El salario mínimo profesional no podrá ser inferior, en ningún caso, al salario mínimo vital más una proporción sobre el mismo que establecerá la reglamentación.”

Alternativa para generar empleo
El tema de la jornada laboral debe ser concebido también como contrapartida de las nuevas maneras de organizar, tercerizar y segmentar la producción, una estrategia empresarial que le ha reportado enormes ganancias, permitiendo una reducción paulatina del “costo laboral” directo y del riesgo común -económicamente mensurable- de su actividad.

Sin prescindir de aquellos efectos virtuosos de la limitación de la jornada para las personas que trabajan, es especialmente relevante el impacto inmediato que produciría en la ampliación del empleo. Un universo empequeñecido en la gestión de gubernamental anterior y que no cesa de decrecer por la pandemia, reflejado en tasas de desempleo de dos dígitos y en las -superiores aún- de la subocupación a marzo de 2021.

Otro problema que la creación de empleo por la reducción de la jornada y/o semana laboral puede ayudar a resolver, es la peligrosa permanencia de una informalidad que amenaza con transformarse en estructural -como en la mayor parte de los países de la Región-, que necesita ser subsidiada por el Estado y menoscaba notoriamente la cultura del trabajo como configurante de una ciudadanía plena.

Privando del acceso a un amplio haz de derechos, garantías y beneficios, imprescindibles para una vida digna, que la asistencia estatal -si excede de la emergencia, para quedarse- no hace sino convalidar y condenar a permanecer en esa situación por varias generaciones.

Tiempo de trabajo, salario y empleo guardan una clara interdependencia, que por cierto no son indiferentes al nivel de ganancias empresariales y suponen una evidente transferencia de ingresos. Que, en los términos propuestos, representaría una modesta devolución de la ya recibida una y otra vez en mérito -no a los esfuerzos e inversión productiva de ese sector- sino de las depredadoras políticas neoliberales que, a la par, de achicar la torta agrandaban descomunalmente su porción.

No se puede pedir permiso ni confiarse a la filantropía empresaria
La conducta observada por la clase empresarial, muy especialmente por los grupos concentrados “multinegocios” con origen o terminales en el exterior, sigue evidenciado ser más proclive a resguardar en guaridas -para ellos “paraísos”- fiscales el fruto del trabajo argentino o a deslocalizar sus actividades tentados por mayores rentabilidades y menores controles, que a reinvertirlo en nuestro país.

Ni siquiera a hacer esas inversiones cumpliendo en parte las obligaciones asumidas, como es el caso de las concesionarias de servicios públicos que multiplicaron por miles las tarifas y no mejoraron en nada sus prestaciones como tampoco su infraestructura en décadas.

Una etapa tan extraordinaria como la que se vive en Argentina desde marzo de 2020, no ha conmovido los cimientos de esa concepción de los ganadores de siempre, ni ha provocado fisuras en los rostros pétreos de sus mandaderos que siguen reclamando que los esfuerzos del Estado se ordenen, prioritariamente, para consolidar sus privilegios. Demandas, que canalizan en el acceso fluido a despachos oficiales condicionando su disposición al diálogo, a través de prácticas lobistas y campañas mediáticas, o buscando el “amparo” de sus seguros servidores judiciales.

Sólo en la medida que se intervenga decididamente desde el Estado con políticas, soberanas, que alteren la cristalización de una inequitativa distribución de la renta nacional; se transforme el drenaje de capitales hacia el exterior en desarrollo industrial, con el auxilio de la inversión en ciencia y tecnología, que en conjunto permitan una ampliación del mercado interno y el ingreso de divisas por exportaciones con mayor valor agregado, resguardando las cuotas necesarias para abastecer a los consumidores locales; resultará factible aspirar a un país más justo, más solidario y, por sobre todo, con posibilidades de erradicar tanta desigualdad social que es una afrenta para toda persona de bien

El Peronismo llegó y se hizo carne en el Pueblo, no por anunciar un futuro promisorio a largo plazo, que -según una célebre frase- nos encontrará a todos muertos, ni por prometer -más allá de la comunión que pueda atribuírsele con la fe cristiana- otra vida plena de placeres que compense los sacrificios de nuestro paso por la Tierra, ni tampoco por augurar a los más humildes que de ellos será un reino celestial que los ricos muy difícilmente alcanzarán y , en base a esa ilusión, resignarse a soportar las peores injusticias en el presente,

No, fue el Peronismo el que sostuvo que mejor que prometer es realizar y completó esa concepción política de gestión indicando que mejor que decir es hacer; actuando en consecuencia, buscando asegurar la felicidad del pueblo de inmediato o, a lo sumo, en el corto plazo con más y mejor trabajo, sustentado en la recuperación de los resortes básicos de la Economía. Y vaya si lo logró, en cada ocasión en que gobernó sujeto a sus principios fundantes.

Esa visión trasladada a nuestros días no es utópica ni prescindente de las relaciones de poder en que se desenvuelve el Gobierno nacional, como tampoco propone un realizar y un hacer, virtuoso para las mayorías, simultáneo en todos los frentes. Pero sí plantea, que sin arriesgar para transformar verdaderamente las estructuras de la dependencia y las bases de una injusticia social intolerable que se pretende instalar definitivamente, no sólo se perderá apoyo popular y gobernanza, sino una nueva oportunidad de revalidarse como Movimiento Nacional y único capaz de romper las cadenas que siguen sometiendo el destino de las y los argentinos, y de la Patria toda.

https://www.eldestapeweb.com/politica/trabajo/menor-jornada-mas-salario-y-mayor-empleo-202151519043

Argentina y el mundo post coronavirus: si no hay solución universal, volver a la aldea

 24-5-2021 eldestapeweb.com


Argentina y el mundo post coronavirus: si no hay solución universal, volver a la aldea

Por ALVARO RUIZ

Los fracasos recurrentes de enunciados universales, el poco apego a los mismos que profesan quienes los formulan en el ámbito internacional y las disfunciones sistémicas que indican el agotamiento de categorías o concepciones que seguimos considerando acríticamente, nos impone volver sobre determinados postulados y cotejarlos con lo que hoy nos presentan como inexorables.

Polibio y sus concepciones
Es alarmante contemplar la persistencia de fenómenos cuya caracterización común es la injusticia, la profundización de las desigualdades, el envilecimiento desprendido de las consecuencias que provoca y las vidas humanas en juego, cuyo valor se deprecia día a día.

Las relaciones de poder se establecen en base a la violencia de la más diversa naturaleza, que es la que predomina en el plano internacional. En tanto las organizaciones e instituciones creadas, supuestamente, para lograr cierto equilibrio no cumplen otro rol que legitimar -por acción o ignominiosa omisión- esa violencia y neutralizar todo esfuerzo por hacer prevalecer elementales sentimientos humanitarios.

Las operaciones de tierra arrasada, y con ello la de su población, que lleva adelante Israel contra Palestina desde hace ya muchos años y que actualmente atraviesa un nuevo capítulo, pone de manifiesto una concepción de “solución final”, que rememora las prácticas más deleznables que incipientemente se registraban en Europa cien años atrás y que, paradójicamente, tenían por víctimas -no únicas, pero más recordadas- a los judíos.

Cuánto más repudiable resulta, entonces, cuando se advierte que ese objetivo se recicla ahora por mezquinos intereses coyunturales de disputas políticas domésticas, para proveer sustentabilidad a un gobierno y para eludir responsabilidades teñidas de corrupción a un gobernante; y que ello, efectivamente, les brinda mayor popularidad.

Los éxodos forzados hacia el Continente europeo de quienes padecen en África los efectos de un estado de guerra permanente, expulsados por las políticas neocoloniales depredatorias de sus territorios y de saqueos constantes de sus riquezas, que se llevan adelante por intervenciones armadas -incluso de ejércitos mercenarios financiados por esas Potencias- o por insidiosas injerencias desestabilizantes de sus gobiernos, impulsan corrientes migratorias de personas desesperadas que no encuentran -si alcanzan su destino- receptividad material ni emocional.

Cada tanto conmueve alguna fotografía, como la que esta semana mostraba a un buzo español rescatar de las aguas del Mediterráneo a una criatura de dos meses a punto de ahogarse, pero esa conmoción no se queda gravada a fuego en la conciencia colectiva. Que, como ya ha ocurrido en situaciones semejantes, pronto es ganada por un “racionalismo” xenófobo que pone en la “irresponsabilidad” de las víctimas y en la necesidad de preservar el “ser nacional” europeo y sus comprometidas condiciones materiales de existencia, la razón que justifica priorizar lo propio haciendo caso omiso de toda otredad, aun de la que evidencia un punto límite entre la vida y la muerte, literalmente.

En nuestro Continente experiencias similares abundan, siendo de las más visibles aquellas que se orientan a la Meca imperial. Como el cierre de la frontera sur de EEUU o el confinamiento en virtuales campos de concentración de una infancia con rasgos de pueblos originarios que, por casualidad o persistencia, han logrado ingresar al gran país del Norte que se autoerige en campeón de la democracia y defensor de los derechos humanos.

Dando cuenta del desprecio real de esos mentados valores, de una desconsideración absoluta ante emergentes resultantes de sus propias políticas colonizantes y, además, de una ciudadanía que respalda ese tipo de conducta, lo que no morigeran algunas expresiones en apariencia más contemplativas de las tragedias humanas que subyacen a esas masas inmigrantes.

Polibio (210/200 a.C. – 118 a.C., se estima), destacado historiador griego cuya teoría de la sucesión cíclica de los regímenes políticos se basa en la degeneración de los mismos, que conlleva a una repetición que las enmarca en seis fases, que consisten en las contracaras de uno y otro régimen: monarquía/tiranía, aristocracia/oligarquía y democracia/oclocracia (esta última podría hoy asimilarse a “populismo”) y que, con la crisis de esta última, se volvería a la monarquía.

Sin prescindir de su valioso aporte a la historiografía y a la filosofía política, como tampoco de su declarado propósito de realzar y explicar el predominio mundial de Roma -de quien cayera prisionero en el 169 a.C.-, ni con su cita adscribir a su pensamiento, es interesante recordar su teoría teniendo a la vista los sucesos mundiales y determinadas variables que se repiten -con las peculiaridades de cada instancia temporo/espacial- marcando tendencias relevantes en la historia de la Humanidad.

Sueños ganados por las pesadillas
Las idealizaciones que se forjaron entre los siglos XVIII y XX, conformando doctrinas que alentaban expectativas de cambios sociales desde concepciones reformistas a revolucionarias proyectadas universalmente, no lograron consolidarse ni convalidarse.

El bien común cedió inexorablemente ante la codicia sin límites de los poderosos que, conformados en corporaciones, controlan los Estados centrales y orientan sus políticas de dominación.

Así el liberalismo democrático fue demostrando sus estrechos márgenes recipendiarios de los ideales enunciados, en términos de “libertad, igualdad, fraternidad”; y los presupuestos indispensables de enclaves coloniales para dar sustento al desarrollo de los países centrales, en los que -si bien con rangos más elevados- tampoco se volcaba en el conjunto de la población, sino que consolidaba a las elites que marcaban su rumbo.

El marxismo, en sus diferentes manifestaciones, constituyó un factor fuertemente disruptivo del devenir social y de las relaciones de producción existentes, contribuyendo con notable fuerza a la interpretación de la Historia y a la comprensión de las reglas que presidían la “normalización” (y normativización) de un Mundo en el cual la riqueza generada por la explotación del trabajo humano -incluso en condiciones análogas a la esclavitud-, era acaparada deparando una concentración que daba por resultado el sojuzgamiento y la pobreza de las mayorías populares.

En esa confrontación el Capitalismo occidental logró reciclarse al compás del deterioro paulatino del llamado socialismo real, confluyendo en la noción de un “pensamiento único” favorecido por la caída de la bipolaridad reinante desde mediados del siglo XX. Proceso, en que se exhibieron como figuras protagónicas en los años 80’ Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Juan Pablo II. Dando paso a la expansión de un Neoliberalismo, que supo aprovechar el proceso de Globalización y el poderío militar que -más que el económico- es condición del predominio mundial.

Sistemas agotados
Las democracias formales en Occidente se han ido vaciando de los dogmas que las presentaban como un sistema que, si bien imperfecto, era el mejor para una convivencia comunitaria respetuosa de los derechos esenciales.

Perdiendo aceleradamente niveles aceptables de representatividad de sus representaciones políticas por antonomasia, los Partidos, como de participación e interés efectivo de la población en la actividad política.

Las formaciones socialdemócratas en las que concluyeron o se reconfiguraron las “izquierdas”, no han dado respuestas a antiguas y nuevas demandas sociales, ni parecieran ser capaces o tener, realmente, voluntad de hacerlo, en función de las reconversiones ideológicas que demuestran.

Los movimientos “progresistas” suelen quedar a mitad de camino entre las potencialidades de representación iniciales, para conjugar y sintetizar los reclamos populares, y la efectiva consolidación de una organicidad que se traduzca en una concepción hegemónica y una conducción de razonable unicidad para disputar poder.

Se nota un predominio de lo individual por sobre lo colectivo, un desencanto con los ideales pregonados que no guardan correspondencia con las actitudes de quienes los declaman ni con las posibilidades de su concreción práctica que indica la realidad.

Una realidad intervenida no sólo por los poderes fácticos, sino por relatos mediáticos que responden a sus directivas y un bombardeo de información de todo tipo magnificado que aturde, más que informa, no dando tiempo de procesarla y que en nada ayuda a desarrollar un pensamiento crítico, sino que lleva a envolverse en mayor confusión.

En ese contexto cobran cada vez más protagonismo los emergentes totalitarios, mostrados crudamente como tales -levantando viejas consignas racistas y antidemocráticas- o trasvestidos de un “republicanismo libertario” hipócrita que, sustancialmente, no se diferencia de esos otros.

De crisis y cuentos
La “crisis como oportunidad” es una frase muy repetida, pero que ofrece serias dudas acerca de la veracidad que encierra. Está claro y ampliamente comprobado que una crisis importa padecimientos, sacrificios y pérdidas de toda clase, aunque no lo está que de ella se salga fortalecido, mejorado y con un futuro promisorio al alcance de la mano si se sabe aprovecharla.

La crisis actual con una peste que invade al mundo entero es, ante todo: dolor, muerte, frustración, empobrecimiento, desigualdad que se incrementa exponencialmente, derrumbe de las Economías con efectos mucho más perniciosos en los países dependientes o periféricos por cuya recuperación no se exhibe otra razón que asegurar el cobro de las deudas contraídas, la continuidad de su rol en la división internacional del trabajo, la preservación de mercados cautivos y de proveedores de bienes primarios sujetos a intercambios asimétricos.

Con sólo apreciar la indecente acumulación de vacunas contra el Covid-19, por parte de los países centrales, en cantidades que multiplican sobradamente sus poblaciones, la resistencia a la liberación de patentes que permitan un abastecimiento general, las multimillonarias ganancias que a pocas personas ha redituado la comercialización de esos productos, poco puede esperarse de bueno de esta crisis.

El comportamiento observado por los Organismos multilaterales, no únicamente los crediticios o financieros, frente a la pandemia y otros tantos males que aquejan al Mundo, restan aún más credibilidad a concepciones optimistas sobre las salidas de situaciones críticas y abonan la creencia de constituir una frase de circunstancia que, incluso, puede ser engañosa, para resignarse a no explorar otros caminos que los que se nos presentan.

Tercera Posición ¿cuánta vigencia cabe asignarle?
La manera en que se desenvuelven las sociedades, la pérdida de entidad real -en sus enunciados dogmáticos y en la receptividad de sus destinatarios- de las democracias imperantes, el alarmante abandono de concepciones comunitarias, el acrecentamiento de los lazos de dependencia en las relaciones internacionales y el comportamiento de los Estados, son datos relevantes para considerar la existencia o no de propuestas universales superadoras para la Humanidad en su conjunto.

Es francamente posible que asistamos a un momento de quiebre histórico, a partir del cual se abran otras alternativas ecuménicas, que nada garantiza se verifique a corto plazo ni que redunde en una mejora sustantiva.

Lo que sí se presenta como más urgente, y a nuestro alcance, es la reconsideración actual de ciertas categorías políticas, sociales, económicas y culturales que hemos venido admitiendo -y también, en algunos casos olvidando- en el devenir de la vertiginosidad de nuestra cotidianeidad.

En un mundo que dejó de ser bipolar, entendido así por la confrontación entre dos grandes hegemonías internacionales (EEUU y URSS), da la sensación que hablar de una “Tercera Posición” carecería de sentido.

Esa postura enunciada con carácter doctrinal por Perón tuvo especial influencia -o cuanto menos total correspondencia- con la conformación del movimiento de los “Países No Alineados”, que perseguían la autodeterminación de los Estados nacionales, una real soberanía en la administración y aprovechamiento de sus recursos naturales, como en las decisiones sobre el modo de organización política.

Ese postulado del peronismo con proyección internacional, se sostenía en dos presupuestos que permitieran hacer posible romper con el encuadramiento -o alineamiento- en una de esas alternativas. Consistían, en una primera etapa de fuerte consolidación nacional y una segunda que conjugara regionalmente un potencial mancomunado desde donde relacionarse, sin distinciones, con los demás países y bloques existentes.

La multipolaridad que hoy se reconoce, como la Globalización que -en buena medida- ofrece la convicción en la perduración de cambios estructurales en la interrelación de Estados y mercados, no es óbice para plantearse otro modo de interactuar en ese campo y la reconsideración de los criterios que deben prevalecer para esa integración.

No hay “un regreso al Mundo” del que nunca nos fuimos, ni hacer primar una proposición de aislamiento de suyo imposible, sino de replantear cómo, desde dónde y con quiénes privilegiaremos vincularnos o distanciarnos todo cuanto sea posible.

Es cada vez más evidente que los Organismos Internacionales son funcionales y están al servicio de intereses que no son los propios de los países del Tercer Mundo, término que aún hoy mantiene sentido en cuanto resulta común a ese conjunto. Por lo cual, no será allí en donde hallaremos reparo.

Las aspiraciones plasmadas en doctrinas capaces de unificar proposiciones ideológicas universales superadoras, no se advierten actualmente; ni siquiera en los enunciados Neoliberales, que cubren con pragmatismos inconsistentes postulados carentes de todo contenido doctrinal o filosófico, constituyendo exclusivamente estrategias de negocios y de expoliación sin apego a ningún dogma que trasunte un pensamiento sistémico que exceda de las apetencias contingentes.

En la elaboración teórica de Polibio cobra relevancia no sólo determinar el cuándo y cómo en el desarrollo de los acontecimientos, sino la interpretación de las categorías formales del pensamiento que revelan. Acordándole especial importancia a las Constituciones Políticas, analizando su origen, evolución y composición; por entender, que de la estructura política surgen todas las intenciones y proyectos de los actos, y allí reside la causa suprema tanto de los éxitos como de los fracasos.

Las vicisitudes que afronta la Argentina exigen desprenderse de categorías, principalmente eurocéntricas, que prevalecen en nuestra práctica política y nos desfavorecen para alcanzar básicos estándares de autodeterminación soberana. Robustecer el pensamiento nacional y reformularlo -en cuanto fuera menester- en función de las nuevas circunstancias, sin atenerse a los dictados de las usinas internacionales del neocolonialismo, y propender a instalar una estructura política que responda y se asiente en los intereses nacionales, antes y por encima de cualquier otra proyección fuera de nuestras fronteras.

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