martes, 18 de julio de 2023

Argentina- Jujuy- Litio- Pueblos Originarios- Svampa

 18-7-2023 Revista Anfibia UNSAM

LITIO, INDÍGENAS, GRIETA Y PACTO DEMOCRÁTICO

JUJUY, POSTAL DE LA ARGENTINA FRAGILL Y EN PELIGRO

Jujuy es una suerte de laboratorio de lo que nos espera como país si gana la fórmula opositora en las presidenciales de octubre, escribe Maristella Svampa. Es una postal, también, de cómo mira un sector del progresismo el modelo extractivista. Y de cómo los pueblos indígenas siguen siendo presos de la polarización política, y más en un contexto de derechización de la oferta electoral.
Por: Maristella Svampa
Arte: Jael Díaz Vila

Desde hace más de un mes, la provincia de Jujuy vive un levantamiento popular en contra de la reforma constitucional aprobada en junio por el gobernador Gerardo Morales. Se trata de un hecho inusual e histórico, una gran pueblada con caracteres indígenas, plebeyos y comunitarios; un movimiento vibrante de la sociedad jujeña que no viene desde el centro sino de los márgenes, los pueblos indígenas y, sobre todo, las mujeres originarias, grandes protagonistas de estas luchas. Una pueblada que nos emociona, interpela y mantiene en vilo porque nace desde lo más hondo del sentimiento colectivo y la defensa de la tierra. Una pueblada que también nos mantiene preocupadas, incluso aterradas, a raíz de la escalada de la represión del gobierno provincial y, más aún, ante la falta de respuesta política de gran parte de la sociedad argentina.

La pueblada arrancó con la protesta de los docentes, afectados por el deterioro salarial y la pobreza, pero el protagonismo mayor pronto estuvo en manos de las comunidades indígenas de la Puna, amenazadas por el despojo de sus territorios y el saqueo de los bienes naturales, entre ellos, el litio. Cortes de ruta programados, lúcidas declaraciones de legislaturas —como en Humahuaca—, acompañado de una gran cantidad de bailes y coplas cuyos ritmos y colores que nos llegan sólo a través de las redes sociales van engrosando el conmovedor repertorio de lucha del “Tercer Malón de la Paz”. En este se afirma: “El gobierno de Jujuy, más que nadie, debería conocer la historia de las razones por las cuales nosotros, las comunidades indígenas, nos movilizamos. Nadie vino a decirnos que nos quitaban las tierras. No, lo hemos vivido en carne propia con el aval de su gobierno. Tanto para emprendimientos mineros, turísticos, emprendimientos privados disfrazados como emprendimientos del Estado en territorio de las comunidades. Y de eso hay varios casos: Tilquiza, Tuscapacha, Caspalá, Salinas Grandes y otros tantos. Con una Justicia cómplice que avala la propiedad individual y privada en toda la provincia, por encima de los derechos de la propiedad comunitaria conquistado por las comunidades según la Convención 169 de la OIT y el artículo 75, inciso 17, de la Constitución Nacional, que nos reconoce como dueños legítimos por habitar estos territorios desde tiempos inmemoriales y por derecho consuetudinario”.

***

Lo que ocurre en Jujuy merece varias reflexiones. Van tres comentarios y una digresión
Primero y antes que nada, no se puede mirar al costado e ignorar lo que sucede en Jujuy en términos institucionales. Pese a las evidencias, que muestran una clara concentración de poder en el actual gobernador, quien manejó a su antojo la reforma constitucional, siendo juez y parte; no cumplió con los plazos institucionales requeridos ni con la debida consulta y apertura a la participación de la sociedad civil, menos aún respecto de los pueblos originarios, nada parece perforar la anuencia con la que cuenta Morales a nivel nacional desde sectores mediáticos, económicos y políticos de peso. Tal como ha analizado Roberto Gargarella, defensor del derecho a la protesta, la situación es transparente. “Cómo no escribir una Constitución. En Jujuy, radicales y peronistas aprobaron una reforma a puertas cerradas, a las corridas, escondiéndose y tratando de filtrar cláusulas (ilegales) de restricción de la protesta social. Todo lo que no hay que hacer. Así sentencian su propio futuro”. Sin embargo, nada de eso parece hacer mella; la reforma, pese a que se dieron de baja a ciertos artículos, fue aprobada a las apuradas el 20 de junio pasado y promulgada poco después.

Segundo comentario. Si bien no sorprende el blindaje político y mediático del que goza Morales, ungido como candidato a vicepresidente por una de las formulas de la derecha (UCR-JxC), preocupa el silencio mediático respecto a la violación de derechos humanos. Gran parte de la estrategia de los medios afines a Cambiemos ha sido la de mostrar las imágenes de una parte de lo que sucede en Jujuy, sobre todo una parte de lo que sucedió aquel 20 de junio pasado, cuando se aprobó en pocas horas y sin debate la reforma constitucional y cuando un grupo de manifestantes se desprendió de la multitud que protestaba e ingresó a la legislatura, causando daños y destrozos.

No es que crea que haya que defender aquellos destrozos en la legislatura; antes bien amerita conversar porqué se producen estas rupturas y, sobre todo, cuáles son sus consecuencias para el conjunto del espacio movilizado. Y las consecuencias, sabemos, son de manual. Se toma una parte para referirse al todo (sinécdoque: una figura retórica muy funcional en la política de la grieta). Los destrozos en la legislatura de Jujuy habilitaron el borramiento de la ilegalidad e ilegitimidad del acto gubernamental (la reforma constitucional), para asociar la protesta con la violencia política, y así descalificarla. A esto se agregó que a nivel nacional la oposición vinculó la protesta en Jujuy con otra, ocurrida en el Congreso de la Nación en 2017, contra la reforma de pensiones, que pese a ser masiva y pacífica, culminó de la misma manera; un grupo se desprendió y avanzó sobre el congreso y todo terminó con piedrazos, balas de goma, múltiples daños y arrestos.

Para referirse a Jujuy, las pantallas de ciertos canales de televisión quedaron deliberadamente fijadas en esas imágenes del 20 de junio. Son los rostros o más bien, los prontuarios de los que tiraron piedras aquel día los que aparecen una y otra vez en los medios afines a Cambiemos. La traducción directa es la condena de cualquier lucha legítima (los pueblos originarios desaparecen de la escena) y el comienzo del relato (han atacado las instituciones; o incluso, han intentado un “golpe de Estado”, diría sin ruborizarse Gerardo Morales). La grieta hace el trabajo que mejor sabe hacer en términos de inversión: borrar, polarizar, deslegitimar, cancelar al otro, evacuar toda controversia, seguir avanzando en la simplificación política y la (potencial) eliminación del otro.

Ignoro si esto es suficiente para explicar cómo, pese a que el gobernador Morales redobló la apuesta, con más represión y más detenciones, a nivel país los adherentes de la UCR y de JxC eligieron no salir de la zona de confort en la que los instala la grieta, banalizando no solo el delicado tema constitucional o el carácter popular e indígena de las manifestaciones jujeñas, sino también el alcance de la violencia de Estado.


Desde las organizaciones de derechos humanos, el ambientalismo crítico, por supuesto también desde la izquierda y el kirchnerismo, se viene denunciando que en Jujuy no hay Estado de derecho. La denuncia cubre una larga lista de violación de derechos humanos de parte del gobierno de Morales, entre los cuales se encuentran desde “allanamientos a domicilios particulares y centros de trabajo, con nulo control por parte de los juzgados de garantías, más de 20 detenciones arbitrarias e inmediatas de docentes, sindicalistas, referentes/as de comunidades indígenas y ciudadanos; detención a abogados/as defensores de manifestantes criminalizados; violación del derecho a la protesta; persecución política a líderes de organizaciones y comunidades indígenas; hasta la presencia de la policía en la universidad, con amenazas de represión a los estudiantes; la detención de un profesor de la Universidad Nacional de Jujuy; e incluso, la amenaza del gobierno de expropiar la sede de la UBA en Tilcara.

El hecho de que no solo se desoigan los reclamos en relación a los derechos vulnerados, sino que se defienda lo actuado y se coloque esto como eje de campaña electoral, es doblemente preocupante. Resulta lógico pensar que lo que ocurre en Jujuy es una suerte de “laboratorio” de lo que nos espera como país, sobre todo a quienes defienden los territorios, en caso de un triunfo de la fórmula opositora en las elecciones presidenciales de octubre. Y mucho más ante un escenario político tan desalentador como derechizado en la totalidad de sus (cuatro) fórmulas más competitivas.

Sin embargo, si se me permite una digresión, quisiera desconfiar del talante de algunos rechazos a lo que sucede en Jujuy dentro del campo oficialista, para no pecar –una vez más- de ingenuas. A nivel nacional, pareciera que hay sectores del progresismo que acaban de descubrir que en Jujuy existe un extractivismo del litio, sediento de agua, controlado por las corporaciones transnacionales (que ni siquiera llegan a pagar el 3% de regalías) y que expropia a las comunidades indígenas de sus derechos y de sus territorios, avanzando sin licencia social. Incluso algunos intelectuales oficialistas han caracterizado Jujuy como “una guarida extractivista”, como si esto fuera novedoso o bien exclusivo de las provincias gobernadas por la UCR-Cambiemos.

Para quienes nos resistimos –a veces sin éxito- a navegar las aguas pantanosas de la polarización tóxica, queda claro que el extractivismo no conoce grieta, más allá de los matices políticos (el llamado “consenso extractivista”). Más aún, salvo honrosas excepciones, la crítica antiextractivista de los progresismos realmente existentes suele instalarse en un espacio de geometría variable, pues depende de quien esté al frente del gobierno nacional y/o provincial: si se trata de la oposición “de derecha”, sucederá que amplios sectores del progresismo se alinearán con las críticas al extractivismo, tal como ya sucedió entre 2015 y 2019, bajo el gobierno de Macri, cuando eran oposición. Pero si se trata de una provincia con gobierno afín, o si en octubre de este año triunfara el oficialismo con la fórmula Massa-Rossi, ese mismo extractivismo depredatorio denunciado poco tiempo atrás se convertirá ipso facto en un extractivismo virtuoso, esto es, “nacional y popular”, pese a la indignación del arco ambientalista.

No es una chicana ni tampoco una ironía, sino pura real politik, un déjà vu, un recuerdo de lo que ya ha sucedido y puede volver a suceder. Pasó hace poco con la exploración de hidrocarburos offshore en el mar argentino (en donde YPF está asociada a Shell y Equinor), un avance muy cuestionado desde la comunidad científica y ambientalista por los riesgos que este tipo de explotación genera en los ecosistemas marinos. Solo por recordar, el pasado año, los mismos que hoy hablan de Jujuy como “guarida extractiva” publicaron una carta de apoyo a este tipo de explotación petrolera offhsore ignorando lo central de la crítica al extractivismo (los severos impactos socioambientales, la imposición vertical, la transnacionalización, el saqueo de los recursos, la continuidad del modelo fósil, entre otros). Los mismos que hoy critican la “guarida extractiva” de Morales nada dicen de lo que sucede en Catamarca, donde hay un gobernador peronista y el extractivismo del litio está haciendo estragos desde hace años. Tampoco el progresismo se ha empeñado en debatir y elaborar una hoja de ruta para la transición energética, hoy en disputa, o si lo hacen es para integrarla al consenso fosilista (Vaca Muerta mediante) que construyeron con la oposición.

Volviendo a Jujuy, mi tercer comentario tiene que ver con el racismo estructural que atraviesa la historia argentina, lo que explica la insensibilidad de amplios sectores de nuestra sociedad, una parte de la cual –no lo olvidemos- no duda en cuestionar que los mapuches sean argentinos o que tengan derecho legítimo a las tierras de las cuales han sido despojados. No solo la pueblada jujeña cayó en lo hondo de la grieta; los indígenas, “los primeros desaparecidos en la historia argentina” como solía decir David Viñas, permanecen presos de la polarización, en medio de un año electoral en el que se endurecen las posiciones políticas, se derechiza la oferta electoral y se evacúa la posibilidad de los matices y la complejidad propia de una conversación democrática.

Hay otra estrategia, ya usual en relación a actores subalternos, que consiste en negarles a éstos la capacidad de acción autónoma. Abundan las frases gubernamentales que afirman que las comunidades indígenas “han sido engañadas” o son “delincuentes” o sujetos manipulados por otros actores políticos: se trate de la izquierda (que está siempre en la calle), del kirchnerismo (por intereses políticos), o de la desdibujada Milagro Sala (en la actualidad con prisión domiciliaria).

De lo que se trata es de afirmar tácitamente que los indígenas no son sujetos políticos, sino que son manipulados por otros actores. Por repetida que sea en nuestra historia latinoamericana, esta es otra forma que el poder actualiza constantemente para desaparecer a los indígenas como actor político. Desde la oposición (UCR-JxC), el negacionismo es total y la ceguera muy peligrosa, pues rechazan de plano que en la pueblada jujeña sea la cultura y las costumbres de los pueblos originarios lo que se pone en valor, su mirada relacional en torno al cuidado de la tierra y el agua, ante la amenaza de los extractivismos, la voz de los territorios que se eleva y es necesario escuchar.



Hay una última modalidad del caudillismo provincial, muy preocupante, que consiste en denunciar que quienes fogonean o realizan tareas de apoyo a los manifestantes no son jujeños sino “porteños” o de otras provincias. Pareciera ser que si uno no ha nacido en Jujuy o no tuviera domicilio legal en esa provincia no puede manifestarse políticamente, como ciudadano/a argentino/a, indignado por una situación de injusticia. Estamos aquí ante una vuelta perversa del falso federalismo que generó la Constitución de 1994 al provincializar los recursos naturales.

Porque a lo largo de los últimos 15 años, no hay gobernador que ante una protesta en contra de algún tipo de extractivismo (sobre todo minero) no haya denunciado la intromisión de “elementos externos” o “infiltrados” venidos de otras provincias. En San Juan y Catamarca –provincias de tradición peronista- lo han padecido en varias oportunidades. Pero ha sido el radical Morales el que apostó más fuerte y amenazó incluso con cerrar una sede de la UBA en Tilcara, ignorando incluso la autonomía universitaria.

***

Comencé este artículo con la idea de describir las batallas geopolíticas que rodean al litio y la búsqueda de minerales críticos por parte de las grandes potencias, a fin de financiar su transición energética, a expensas del sur global. Sin embargo, antes de comenzar, esto me llevó a reflexionar sobre la situación en Jujuy y lo que ésta revela sobre el cada vez más frágil pacto democrático, hundido en la oscuridad de la grieta, a cuarenta años de haber terminado con la más horrenda de las dictaduras cívico-militar en nuestro país. No dudo en que nos debemos una discusión amplia acerca de cómo hacer la transición energética, para quién hacerla y sobre quiénes deben pagar los costos de la misma. Pero lejos de ser un desvío, Jujuy es hoy el centro, en tanto postal de una Argentina frágil y en peligro, y por ello merece una reflexión especial y previa a esta discusión, porque conjuga todo: extractivismo y litio, pueblada y pueblos originarios, derechos humanos, grieta y estallido del pacto democrático.

https://www.revistaanfibia.com/jujuy-postal-argentina-fragil-y-en-peligro-maristella-svampa/

Mundo- NO ES CALOR, NO ES FRÍO, ES CAPITALISMO

 18-7-2023 Revista y Editorial Sudestada 

NO ES CALOR, NO ES FRÍO, ES CAPITALISMO
(El desastre ambiental y un planeta inhabitable)

Las cifras globales son contundentes. Los récords de temperaturas no paran de romperse. Donde apoyamos el dedo del globo terráqueo, una tragedia climática es noticia “tímida” que asoma en los titulares. El más reciente estudio publicado en la revista científica, Nature Sustainability, concluye que, sin una protección drástica del clima, millones de personas se verán afectadas por un calor extremo y potencialmente mortal en las próximas décadas, lo que corresponde aproximadamente al 23% de la población global. Países como Qatar, Mali o Burkina Faso podrían ser inhabitables para la vida hacia el año 2100 si se mantienen las políticas climáticas actuales que garantizan la agresión contra los territorios. El aumento de la temperatura de 2,7 grados centígrados cambiaría radicalmente la "habitabilidad" de la Tierra y podría provocar una "reordenación a gran escala de los lugares donde vive la gente", afirma el autor principal del estudio, Tim Lenton, de la Universidad británica de Exeter.

¿Hasta dónde son capaces los gobiernos gestores de las multinacionales y empresarios sedientos de ganancias, de seguir ocultando su desastre capitalista, el cuál convirtió a nuestro planeta en una pesadilla distópica? Si sabían que contaminar los ríos con cianuro, depredar los montes, bosques y océanos, que plantar monocultivos a costa de regar cáncer y enfermedades en cada hospital, que nada de eso sería gratis para los más humildes, ¿no los convierte en los responsables directos por acción u omisión de este desastre global? ¿le seguirán echando la culpa al niño que tiró un papel en el suelo o a la vecina que se olvidó de separar los residuos, libres de toda culpa y cargo sosteniendo que fue "la acción del hombre"?
Se espantaran diciendo que es ola de calor y de frío, pero desde abajo se ve bien claro, es el capitalismo pisando el acelerador.

#RevistaSudestada

https://www.instagram.com 


Argentina- Todos a capacitarse en la "Ley Lucio"

 17-7-2023 Diario Judicial

Todos a capacitarse en la "Ley Lucio"

Se reglamentó la ley 27.709 de creación del Plan Federal de Capacitación sobre Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de carácter continuo, permanente y obligatorio destinado a las personas que se desempeñan en los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial

El Gobierno reglamentó la ley 27.709 de creación del Plan Federal de Capacitación sobre Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de carácter continuo, permanente y obligatorio destinado a las personas que se desempeñan en áreas y dependencias de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial del Estado Nacional .

Se trata de la norma conocida como "Ley Lucio", aprueba tras el asesinato del niño de 5 años Lucio Dupuy que sufrió una brutal golpiza por parte de su madre y de su pareja.

Fue publicado en el Boletín Oficial mediante el decreto 360/2023, con la firma del presidente Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, Agustín Rossi; y la ministra de Desarrollo Social, Victoria Tolosa Paz.

Todas las personas que se desempeñen en la “función pública en todos los niveles y jerarquías del Poder Ejecutivo, cualquiera fuera la modalidad de contratación y/o relación, independientemente del régimen estatutario al que pertenezcan, deberán recibir capacitaciones sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes”, según la reglamentación. 

Se promoverán los acuerdos o convenios necesarios con el Poder Judicial de la Nación y los Ministerios Públicos para alcanzar con la capacitación a las autoridades y equipos técnicos y administrativos de esos organismos. Lo mismo sucederá con las Universidades Nacionales.

Todas las personas que se desempeñen en la “función pública en todos los niveles y jerarquías del Poder Ejecutivo, cualquiera fuera la modalidad de contratación y/o relación, independientemente del régimen estatutario al que pertenezcan, deberán recibir capacitaciones sobre los derechos de niñas, niños y adolescentes”, según la reglamentación. 

“Los y las agentes de la Administración Pública Nacional que se negaren sin justa causa a realizar las capacitaciones previstas en el Plan Federal de Capacitación sobre Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes serán íntimos e íntimadas en forma fehaciente a través de la Unidad Responsable de las acciones de personal de cada organismo. El incumplimiento será considerado falta grave y dará lugar a las sanciones correspondientes conforme la normativa vigente en materia de Empleo Público Nacional”, añade.

Documento relacionado:
https://www.diariojudicial.com/news-95481-todos-a-capacitarse-en-la-ley-lucio


domingo, 25 de junio de 2023

America Latina- PLANES DE ESTABILIZACIÓN EN AMÉRICA LATINA: ¿QUÉ DISTINGUE A LOS CASOS EXITOSOS?

 12-1-2022  Voces en el Fenix - https://vocesenelfenix.economicas.uba.ar/

Los autores dan cuenta de distintas experiencias con vistas a lograr un crecimiento económico con bajos niveles de inflación. 

Por Gabriel Palazzo*, Martín Rapetti** y Joaquín Waldman***

La Argentina atraviesa un proceso de inflación crónica, encadenando 13 años consecutivos de aumentos interanuales por encima del 20%. Nuestro status inflacionario ha empeorado aún más en 2022, dado que la tasa de inflación no sólo es crónica, sino que se ubicaría en torno al 100%. En este escenario de alta inflación, el incremento de precios va a un ritmo definitivamente perjudicial para el crecimiento económico.[1]

Esto nos lleva a aseverar, sin miedo a equivocarnos, que reducir drásticamente la tasa de inflación y estabilizar la macroeconomía será un objetivo de primer orden para quienes guíen la política económica en los próximos años. Un régimen de inflación crónica y alta es un fenómeno de naturaleza diferente a la aceleración inflacionaria en contextos de baja inflación. Para lidiar con este fenómeno no basta con imponer un Banco Central independiente que establezca una política contractiva y decida su tasa de política monetaria siguiendo alguna versión de la famosa Regla de Taylor.[2] Con niveles de inflación superiores al 30%, esas políticas suelen ser inefectivas. La sintonía fina no es suficiente ante desequilibrios mayúsculos.[3]

Terminar con el proceso inflacionario que enfrenta la Argentina requiere aplicar un plan de estabilización. Los planes de estabilización consisten en programas macroeconómicos a gran escala, en los cuales se subordina la mayor parte de las políticas económicas a la reducción de la tasa de inflación. Los planes suelen darse a conocer con anuncios de las principales autoridades políticas del país y la definición de un ancla antiinflacionaria. Ambos hechos buscan influir en las expectativas, persuadiendo a los agentes sobre un cambio en la sostenibilidad de las políticas macroeconómicas y ofreciendo una variable de referencia –ancla– que guíe la dinámica de precios. En definitiva, un plan de estabilización busca el quiebre de la dinámica inflacionaria para que la economía retorne a un régimen de baja inflación.[4]

En este artículo nos concentramos en tres aspectos importantes sobre las experiencias de planes de estabilización en la región. Esta evidencia surge de un trabajo de investigación en que los autores de esta nota recopilamos y analizamos 50 planes implementados en América latina desde 1970 hasta la actualidad. La fecha de inicio del análisis restringe el estudio al período de la segunda globalización financiera, donde los flujos de capitales comenzaron a cobrar un papel fundamental en el funcionamiento de las economías de la región.

La base de datos fue armada consultando fuentes secundarias y nacionales, así como también una exhaustiva revisión bibliográfica de literatura académica y documentos oficiales para la determinación de las fechas del lanzamiento del plan, las anclas utilizadas y las políticas complementarias que fueron parte de los programas. El enfoque episódico adoptado nos ha permitido analizar no solo aquellos casos exitosos, sino también aprender sobre las experiencias fallidas. Este artículo es el puntapié inicial de una serie de investigaciones relacionadas.

Tres hechos estilizados
Estabilizar es difícil

El primer punto a resaltar es que estabilizar no ha sido sencillo. La gran mayoría de los casos que estudiamos han fracasado en el objetivo de disminuir la inflación y anclar las expectativas inflacionarias en un régimen de baja inflación.[5] De los 50 intentos realizados en América latina desde 1970 hasta la fecha, 31 han fracasado, sin haber reducido la inflación ni siquiera de forma momentánea. Otros 8 tuvieron una reducción inicial que se revirtió tiempo después y solo los 11 restantes consiguieron desinflar de forma perdurable.

El cuadro 1 organiza a los planes según su grado de éxito y el ancla elegida para la estabilización. El ancla, como sugiere la analogía, es un elemento que se fija en un punto y tensa al resto de los precios, buscando desacelerar su avance. Esta variable debe estar bajo el control directo de los hacedores de política. Se distingue entre los planes que utilizan al tipo de cambio como ancla inflacionaria del resto de los planes (en los que, principalmente, se utiliza algún agregado monetario). La principal diferencia entre ambos casos radica en si hay un compromiso explícito o no sobre la evolución futura del tipo de cambio nominal.

Cuadro 1. Resultados de los intentos de estabilización por tipo de ancla en América latina (1970-2020)

Fuente: elaboración propia.

El cuadro nos sugiere dos lecciones. En primer lugar, queda en evidencia que la probabilidad de fracasar ha sido superior a la de tener éxito. Mientras que un 22% de los casos fueron exitosos de forma duradera, el 78% restante fracasó, de forma temprana o tardía. En segundo lugar, la elección del ancla pareciera no determinar la probabilidad de éxito, ya que la proporción de casos positivos en ambos tipos de plan es similar. No obstante, sí se observa una diferencia en la factibilidad de obtener éxitos temporarios según el tipo de ancla: aquellos planes que no comprometen ancla cambiaria no suelen mostrar éxitos temporarios. Pareciera que estos, cuando fracasan, lo hacen antes del año y medio, sin lograr siquiera un éxito transitorio en la lucha contra la inflación.

¿En qué se parecen los casos exitosos? ¿Qué podemos aprender de los fracasos? Aquí vienen los siguientes dos hechos estilizados que consideramos importantes para el diseño de un plan de estabilización.

El orden fiscal es indispensable
Este es un hecho estilizado que muestra una división tajante entre los casos de éxito perdurable y el resto de planes. Las inflaciones crónicas se dan de forma concomitante con problemas fiscales, desbalances estructurales y períodos de endeudamiento del Estado. Una de las precondiciones para estabilizar es regularizar estas situaciones, garantizando la sostenibilidad fiscal. Así, los casos de estabilización exitosos han iniciado el plan con un superávit primario promedio de 1,4% del PBI. De hecho, solo dos de los 10 casos de éxito para los que contamos con datos muestran un déficit primario inicial (Bolivia y Nicaragua), mientras que el resto muestra cuentas equilibradas o superávits de hasta un 5,6% del PBI.[6]

En sentido contrario, los planes que fracasaron o que solo fueron exitosos transitoriamente muestran, en promedio, un déficit fiscal primario inicial de 0,1% y 7,1% del PBI, respectivamente. En el peor de los casos, el déficit llega hasta el 22,5% del PBI. Si analizamos el resultado financiero, vemos comportamientos similares. Los planes exitosos tienen –en promedio– menores déficits financieros que el resto de planes.[7]

Contar con cuentas fiscales ordenadas no es condición suficiente para el éxito. De hecho, existen casos en los que la consolidación fiscal se había alcanzado y los planes no consiguieron estabilizar (por ejemplo, en Venezuela en 1989 o en Ecuador 1988). Siguiendo a Kiguel y Liviatan (1988 y 1992a), creemos que las políticas de sostenibilidad fiscal por sí solas son insuficientes para reducir inflaciones crónicas y que el anuncio de anclas y políticas de ingreso tiene un rol en estabilizar economías con inflaciones como las que estamos estudiando. De cualquier modo, la experiencia histórica es contundente en que la sostenibilidad fiscal es elemento indispensable para el éxito.

La probabilidad de éxito aumenta con cuentas externas más robustas
Los procesos de inflación crónica también coinciden con desbalances de cuenta corriente, escasez de divisas y procesos de endeudamiento en moneda extranjera. Para retornar al normal funcionamiento de la economía es necesario encarrilar esta situación y recuperar la sostenibilidad externa. Sin embargo, la propia dinámica de la estabilización suele implicar una apreciación del tipo de cambio real, tanto en los casos de ancla cambiaria como en el resto, lo cual suele corresponderse con un empeoramiento de la cuenta corriente durante el proceso de desinflación.

La literatura económica estudió este fenómeno y lo relacionó con la dinámica de “ciclos de boom-bust”.[8] Durante la fase inicial de un plan de estabilización, la apreciación cambiaria y el flujo de capitales hacia el país facilitan una mejora en el desempeño económico tanto por la menor incertidumbre económica como por la mejora de los salarios reales (boom). Sin embargo, esta dinámica empeora el resultado externo, pudiendo tornar insostenible a la apreciación y generar una crisis de balance de pagos (bust). Si la crisis cambiaria ocurre más temprano que tarde, el proceso de desinflación puede revertirse, impidiendo que las expectativas inflacionarias se anclen en un entorno estable y que la economía ingrese en un régimen de baja inflación.

Un aspecto que encontramos en nuestro trabajo es que los planes exitosos inician su intento de estabilización con saldos de cuenta corriente superavitarios o menos deficitarios que aquellos que fracasan. Partir de una situación más robusta en el balance externo implica menores chances de inestabilidad cambiaria durante el lanzamiento del plan y una mayor posibilidad de apreciar el tipo de cambio real durante la desinflación, sin que se torne insostenible tempranamente el balance de pagos.

Contamos con datos del saldo de cuenta corriente trimestral para 24 experiencias. En esta muestra, los casos exitosos exhiben un superávit de cuenta corriente –promedio– en el trimestre de lanzamiento del plan y los tres trimestres previos de 1,9% del PBI. Uno solo de los eventos es deficitario (Perú), mientras que el resto tiene balances positivos de hasta 8 puntos. Adicionalmente, en 4 de los 5 casos de planes exitosos para los que no tenemos datos en frecuencia trimestral de la cuenta corriente observamos una suba del tipo de cambio real en los meses iniciales del plan.[9] Esto da indicios de que los planes de estabilización exitosos comenzaron con un frente externo positivo o ajustaron su desbalance externo en el momento de la implementación del programa.

El contraste con el resto de las experiencias es sugerente. Los planes con éxitos transitorios muestran un déficit promedio de 1,1% del PIB (y 4 de los 5 casos para los que tenemos datos parten de déficits externos, que alcanzan hasta 3,5%) mientras que los fracasos tienen un déficit promedio de 2,1% (con 10 de 13 casos comenzando en terreno negativo, con déficits de hasta 6,3%).

Vemos entonces que los planes de estabilización exitosos suelen iniciarse con una cuenta corriente positiva. Este punto de partida no siempre es “heredado”, sino que en numerosas ocasiones la corrección se realiza como parte del propio lanzamiento del plan, o poco antes. En sentido contrario, los fracasos comienzan con mayores déficits de cuenta corriente y, por lo tanto, se enfrentan a problemas al intentar estabilizar o anclar el tipo de cambio nominal.

¿Por qué estabilizar?

Cerramos estas páginas con dos observaciones. La primera es que para que la estabilización sea exitosa es muy importante generar ciertas condiciones iniciales. Nuestro estudio sugiere que los planes no logran estabilizar si no se corrigen los desequilibrios fundamentales que acompañan la dinámica inflacionaria previa. No se puede estabilizar sin ordenar las cuentas fiscales y externas. La capacidad de mantener el ancla nominal de manera sostenible y creíble para guiar un cambio de comportamiento y expectativas de los agentes económicos depende en última instancia de la capacidad de estabilizar esas dos dimensiones.

La segunda es que el lanzamiento del plan no es el punto de llegada, sino solo el de partida. El éxito dependerá de la trayectoria que sigan las cuentas fiscales y externas en el futuro. Si se relaja la prudencia fiscal, o se torna insostenible tempranamente la cuenta corriente, el plan de estabilización no logrará modificar de forma duradera el comportamiento de los agentes, condición necesaria para que la economía alcance un régimen de baja inflación.

Esta labor es compleja y puede parecer, a primera vista, poco atractiva. Probablemente no sea seductor desde el punto de vista electoral ajustar gastos o reducir el nivel de absorción interna. Pero es importante no perder de vista que se estabiliza para crecer y crecer mejora la vida material de las personas. Generar las condiciones previas para aplicar un plan exitoso puede implicar costos iniciales, pero estos se ven compensados por la recuperación del crecimiento sostenido que genera dicho éxito. Nuestros datos y la evidencia previa sugieren que estabilizar es expansivo.

Nuestro estudio muestra que los países que estabilizan se encontraban estancados, con su PIB cayendo –en mediana– un 0,2% interanual en el momento del lanzamiento del plan. Aquellos que son exitosos crecen, luego del lanzamiento, a un ritmo de 3,5% interanual en los 5 años siguientes. Este efecto suele verificarse de forma inmediata o poco tiempo después de la implementación del plan: la mediana de los 9 casos para los que tenemos datos muestra un crecimiento de 6,5% en el primer año (el rango va desde 0,1% hasta 16,6%). La diferencia con los fracasos es muy marcada: estos casos muestran continuidad del estancamiento tras el lanzamiento del plan (+0,5%, en mediana, con 12 de 25 casos cayendo durante el año posterior al lanzamiento). La menor incertidumbre, la mejora del salario real y la caída del impuesto inflacionario son algunos de los factores que explican la expansión.

Estabilizar es redituable, aun contabilizando los esfuerzos fiscales y el ajuste de cuenta corriente inicial necesario. Reducir la inflación de forma perdurable es condición necesaria para terminar de una vez por todas con el estancamiento secular en que se encuentra el país hace más de una década.

Referencias bibliográficas
Barro, R. J. (1995). Inflation and economic growth. NBER Working Paper 5362.
Bruno, M. y Easterly, W. (1995). Inflation crises and long-run growth. NBER Working Paper 5209.
Calvo, G. A., & Végh, C.A. (1994). Inflation stabilization and nominal anchors. Contemporary Economic Policy, 12(2), 35-45.
Calvo, G. (2017). Fighting Chronic Inflation with Interest Rates: Cutting a Hydra’s Heads with a Swiss Army Knife? Unpublished manuscript.
De Gregorio, J. (1991). The Effects of Inflation on Economic Growth: Lessons From Latin America, IMF Working Paper WP/91/95
Frenkel, R. (1979). “Decisiones de precio en alta inflación”. Desarrollo Económico, 291-330.
Frenkel, R., 1983. “Mercado financiero, expectativas cambiarias y movimientos de capital”. El trimestre económico, 50 (200 (4)), pp.2041-2076.
Frenkel, R. (1989). “El régimen de alta inflación y el nivel de actividad”.
Frenkel, R., y Rapetti, M. (2009). “A developing country view of the current global crisis: what should not be forgotten and what should be done”. Cambridge Journal of Economics, 33(4), 685-702.
Ghosh, A. y Phillips, S. (1998). Warning: Inflation may be harmful to your growth. IMF Staff Papers, 45(4), 672-710.
Heymann, D., y Leijonhufvud, A. (1995). “High Inflation: The Arne Ryde Memorial Lectures”. OUP Catalogue.
Ibarra, R. y Trupkin, D. (2011). The relationship between inflation and growth: A panel smooth transition regression approach for developed and developing countries. Banco Central del Uruguay Working Paper Series, 6.
Kehoe, T.J., y Nicolini, J.P. (Eds.). (2022). A Monetary and Fiscal History of Latin America, 1960-2017. U of Minnesota Press.
Khan, M. y Ssnhadji, A. (2001). Threshold Effects in the Relationship between Inflation and Growth. IMF Econ Rev 48, 1-21.
Kiguel, M.A., y Liviatan, N. (1988). Inflationary rigidities and orthodox stabilization policies: Lessons from Latin America. The World Bank Economic Review, 2(3), 273-298.
Kiguel, M.A. y Liviatan, N. (1992a). When do heterodox stabilization programs work?: lessons from experience. The World Bank Research Observer, 7(1), 35-57.
Kiguel, M.A., y Liviatan, N. (1992b). The business cycle associated with exchange rate-based stabilizations. The World Bank Economic Review, 6(2), 279-305.
Libman, E. y Palazzo, G. (2020). Inflation targeting, disinflation, and debt traps in Argentina. European Journal of Economics and Economic Policies: Intervention, 17(1), 78-105.
Mauro, P., Romeu, R., Binder, A. y Zaman, A. (2013). “Modern History of Fiscal Prudence and Profligacy”. IMF Working Paper, WP/13/5
Sarel, M. (1995), “Non linear effects of inflation on economic growth”. IMF Working Paper, WP/95/56.


Gabriel Palazzo Licenciado en Economía (UBA). Doctor en Economía por la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de Alcalá de Henares. Profesor adjunto de Macroeconomía 2 en la Universidad de Buenos Aires. Investigador de Equilibra, del IIEP-Baires (UBA-CONICET) y del CEDES.
**  Martín RapettiLicenciado en Economía (UBA). Phd. en Economía por la Universidad de Massachusetts, Amherst. Director Ejecutivo del Centro de Análisis Económico Equilibra. Investigador Adjunto del CONICET. Profesor de Macroeconomía Avanzada en la Universidad de Buenos Aires y el Instituto Universitario CIAS.
*** Joaquín Waldman  Licenciado en Economía (UBA). Maestrando y doctorando en la Universidad de Buenos Aires. Es becario doctoral del CONICET en el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES) e investigador asociado de Equilibra y del IIEP-Baires (UBA-CONICET).

Notas:
[1] Para una mayor discusión sobre el umbral específico a partir del cual la inflación afecta de forma negativa a la actividad económica, ver Barro (1995), Bruno y Easterly (1995), De Gregorio (1991), Ghosh y Phillips (1998), Ibarra y Trupkin (2011), Khan y Senhadji (2001) y Sarel (1995).
[2] Según esta regla, la tasa de interés real debe incrementarse ante desvíos del objetivo inflacionario del Banco Central y/o de la brecha del producto respecto al producto potencial.
[3] Ver Calvo (2017) y Libman y Palazzo (2020) para una discusión al respecto.
[4] Para una discusión sobre distintos regímenes de inflación ver Heymann y Leijonhufvud (1995) y Frenkel (1979, 1989).
[5] Definimos a un plan de estabilización como exitoso de forma perdurable si al cabo de un año y medio de su implementación la tasa de inflación interanual se ubica por debajo del 75% del nivel previo al plan y luego de 5 años el aumento de precios es menor al 20% y, en simultáneo, menor a la mitad de la inflación inicial. Denominamos como fracasos a aquellos planes de estabilización que, en los primeros 18 meses de implementación, no logran reducir su tasa de inflación en un cuarto de la inicial o que son reemplazados por un nuevo plan. Finalmente, consideraremos éxitos transitorios a aquellos planes que, si bien logran reducir la inflación en el primer año y medio (a un nivel inferior al 75% de la inflación inicial), no reducen lo suficiente la inflación a los 5 años (no alcanzan la categoría de éxito perdurable), o son reemplazados por otro plan de estabilización en ese lapso.
[6] Tanto en Bolivia como en Nicaragua, aunque permanece en terreno negativo, la contracción del déficit primario en el año de lanzamiento del plan es del orden de los dos dígitos en porcentaje del PBI.
[7] Los datos fiscales surgen, principalmente, de Kehoe y Nicolini (2022) y Mauro, Romeu, Binder y Zaman (2013).
[8] Ver, por ejemplo, Frenkel (1983), Kiguel y Liviatan (1992b), Calvo y Vegh (1994) y Frenkel y Rapetti (2009).
[9] El programa restante, aplicado en Costa Rica en 1982, muestra una suba muy importante del tipo de cambio real siete meses antes de su aplicación.