“Las bromas sobre mi color de piel siempre han estado presentes en mi
vida. De niña me decían ‘negra, gorila, ándate al África’ y eso me
dolía mucho. De adolescente, como era muy alegre o bailaba, era
considerada una chica fácil. Cuando me casé, mi esposo también me
maltrataba y discriminaba, me decía ‘negra de mierda’ o ‘negra esclava’.
Con mi segundo esposo fue igual. Desde que tengo uso de razón he tenido
siempre que esforzarme mucho más que el resto para que me respeten y
demostrar lo que valgo. Sin embargo, eso, en lugar de considerarlo una
desventaja, me ha hecho valorar mucho más mi raza”.
Las palabras son de Delia Zamudio, una afroperuana de 73 años que
dirige una casa de acogida contra la violencia familiar en San Juan de
Lurigancho y cuyo testimonio de vida forma parte de la publicación
Rostros de Violencia, Rostros de Poder, que prepara el Centro de
Estudios y Promoción Afroperuanos Lundu, con el financiamiento de la
Agencia de Cooperación Española (Aecid).
El informe ha documentado 40 casos donde se evidencia la particular
situación de violencia que viven las mujeres afroperuanas, por el
agravante de la raza y, en muchos casos, también por su condición
social. Sin embargo, el documento también da cuenta de cómo estas
mujeres se han sobrepuesto a la violencia y los maltratos, y han salido
adelante.
“Después de muchos años de lucha, yo he sido la primera mujer
sindicalista que en los años 70 llegó a la secretaría general de la
CGTP.
Aunque sufrí hasta agresiones físicas porque no aceptaban que una
mujer, y menos que una negra, sea una secretaria general, me sobrepuse.
En lugar de retroceder, esa situación de humillación me hizo avanzar y
pude poner en relevancia la situación particular que vivimos las mujeres
negras en el Perú”, cuenta Delia Zamudio.
PREJUICIOS PERSISTEN
Pero en el Perú, pese a los avances, aún hay muchos perjuicios sobre la
población afroperuana. “Aquí aún se cree que la mujer negra es
‘caliente’ y que su rol está determinado en función a la complacencia
del hombre. Eso particulariza aun más la situación, pues hace que las
relaciones de este grupo sean violentas; nos golpean, nos agreden y nos
insultan por ser mujeres, pero también nos maltratan porque nos miran
negras. Es una doble situación de violencia que no viven otras etnias
del Perú”, anotó la activista afroperuana Sofía Carrillo.
PRIMERAS CIFRAS
Según el Estudio Especializado sobre Población Afroperuana (
EEPA)
–elaborado el año pasado por el Ministerio de Cultura y el Grupo de
Análisis para el Desarrollo (Grade)–, el 24.1% de las mujeres
afroperuanas que fueron encuestadas reveló que sufrió violencia
psicológica; el 23.7%, violencia física; y el 4.7%, violencia sexual.
Olga Bardales, del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables,
señaló que desde enero del año pasado los Centros de Emergencia Mujer (
CEM)
también han introducido en las variables de recojo de casos el
indicador étnico afroperuano, el cual ha permitido obtener data oficial
de esta población. El reporte de 2015 revela que en ese año se
reportaron 59 casos de violencia contra las mujeres afroperuanas y, en
lo que va del presente año, la cifra llega a 29 casos.
“Aunque las cifras aún no reflejan la realidad ni son mayores al
promedio nacional, preocupa que el insulto racista y sexista sea una de
las principales manifestaciones de violencia hacia la mujer afroperuana
y, sobre todo, que se presente en todas las etapas de la vida, ya sea en
la niñez, juventud o adultez”, manifestó Mónica Carrillo, fundadora de
Lundu y autora del proyecto Rostros de Poder.
Carrillo anotó que el bullying hacia las niñas afro es una de las
manifestaciones iniciales de la violencia y sus consecuencias son
nefastas, pues, además de reducir la autoestima de estas niñas, moldea
la aceptación de la agresión y puede ocasionar el rechazo de las mujeres
a la escuela, que es el espacio donde pueden tener mayor información
sobre sus derechos.
“Uno puede decir que no, pero (lo que vives en la escuela) sí te
marca. Y eso en algún momento de tu vida aflora. Si te lo dicen de
nuevo, ya no lo tomas como si fuera algo malo, ya lo tomas como algo
normal”, dice Raquel, una afroperuana de 30 años que vive en El Carmen
(Ica).
TRAUMA QUE SE REPITE
Pero las consecuencias de esta violencia van más allá. Carrillo señaló
que el estudio ha determinado que, pese a que han pasado 162 años desde
la abolición de la esclavitud, el trauma intergeneracional y los
recuerdos del castigo esclavista persisten en la población afroperuana,
principalmente en las mayores de 50 años.
Además, se ha determinado que existe una alta probabilidad (37%) de
que las mujeres afroperuanas cuyas madres fueron víctimas de violencia
repitan ese patrón de agresión con sus hijos.
La información recogida en el documento también revela que la
mayoría de mujeres afro que denuncia la violencia abandona el proceso,
pues encuentra muchas trabas o considera que si hace público su caso
solo se expondrá a las burlas y no logrará justicia ni reparación
alguna.
“Pero quizá lo que más preocupa es que hay muchas afroperuanas que
no se autoidentifican como tales, aunque en esos casos también hay
responsabilidad de los funcionarios que reciben las denuncias de
violencia y omiten preguntar sobre la raza de la denunciante porque lo
consideran una ofensa. Otro grupo califica a todas las víctimas como
mestizas, y así distorsionan la información”, detalló Carrillo.
Agregó que, aunque no hay estudios oficiales, existe la percepción
de que las afroperuanas son más afectadas por la violencia psicológica,
que es la más difícil de probar. Por ello, dijo que es importante que se
pueda aprobar el proyecto de ley que incorpora el insulto racista como
un agravante de la violencia de género.
PLAN PARA POBLACIÓN AFRO AÚN A LA ESPERA
Pese a que fue consensuado en noviembre del año pasado y recibió la
recomendación de la Defensoría del Pueblo para su aprobación, el Plan
Nacional de Desarrollo para la Población Afroperuana (Plandepa)
2016-2020 aún no ha sido firmado por el presidente Ollanta Humala.
El documento, que ya fue aprobado por los viceministros, es el
resultado de tres años de trabajo de técnicos de ocho sectores del
Gobierno, que han afinado las medidas para que sean viables.
El plan contiene una serie de demandas de la población afro, desde
la atención eficiente en el sistema educativo, de salud, trabajo,
calidad de vida y servicios básicos, hasta la estadística de cuántos
son, dónde están y el reconocimiento de su cultura.
“Mucha gente piensa que no es urgente tener un plan diferenciado
para esta población, pero no sabe que mientras la curva socioeconómica
del país aumenta, la de la población afroperuana desciende. Además,
según un estudio de la Universidad del Pacífico, mientras los
profesionales peruanos envían entre 5 y 6 veces su currículum para
obtener un trabajo, los afroperuanos debemos presentarlo 16 veces. Por
eso, es importante que se apruebe un plan diferenciado”, dijo Susana
Matute, directora de Pueblos Afroperuanos del Ministerio de Cultura.
TENGA EN CUENTA
- Se estima que entre el 3% y 4% de la población peruana es
afroperuana. El censo del próximo año recién incorporará la variable
étnica afroperuana.
- La población económicamente activa afroperuana es 14% menor que la población nacional.
- Un 74% de la población afroperuana cuenta con seguro de salud, pero existen brechas en la calidad de servicios que reciben.
- El 55% de encuestados en el estudio de población afroperuana dice que fue víctima de discriminación.