miércoles, 31 de marzo de 2021

ARGENTINA- Aumentó la Pobreza e Indigencia con el impacto de la pandemia - cifras

 31 de marzo de 2021 · Pag 12

En el segundo semestre de 2020 llegó al 42%. La indigencia, en 10,5%

Aumentó la pobreza con el impacto de la pandemia 

La recuperación económica no alcanzó para revertir el deterioro en los ingresos de sectores medios y bajos. Nivel de pobreza alarmante en la franja de menores de 14 años: 57,7%. 
Por Javier LewkowiczLa pobreza se ubicó en el 42 por ciento de la población argentina en el segundo semestre del 2020, lo cual implica una fuerte suba con respecto al 35,5 por ciento del mismo período del 2019, informó este miércoles el Indec. Dentro del universo de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que abarca a los 31 aglomerados urbanos del país, la cantidad de personas en situación de pobreza pasó en el curso del último año de casi 10 a 12 millones. Desde el segundo semestre de 2016, cuando el Indec cambió la metodología de cálculo de la pobreza, el indicador pasó de 30,3 por ciento al 42 por ciento
En cuanto a la indigencia, la foto en el segundo semestre del 2020 muestra un 10,5 por ciento, por encima del 8 por ciento del mismo período de 2019. En las urbes que mide la EPH hay 3 millones de personas indigentes. El dramático cuadro social muestra el impacto negativo de la pandemia sobre los ingresos y empleo junto a la dinámica de la inflación en alimentos.
En perspectiva
El informe oficial publicado ayer correspondiente al segundo semestre del año pasado muestra que casi uno de cada tres hogares está en situación de pobreza. Se trata del 31,6 por ciento de las familias, que supone el 42 por ciento de las personas. En consecuencia, sólo el 58 por ciento de las personas no son pobres. Dentro del conjunto que está por debajo de la línea de pobreza, el 7,8 por ciento de los hogares, que implica el 10,5 por ciento de las personas, es indigente.
Para poner estos datos en perspectiva, vale utilizar la serie de datos desarrollada por los investigadores Guido Zack, Daniel Schteingart y Federico Favata, quienes encontraron que bajo la metodología actual, la pobreza hubiera sido del 57 por ciento en 2003. Para encontrar un valor como el actual (42 por ciento) hay que remontarse a mediados de 2006.
En relación a los datos del segundo semestre del 2019, la cantidad de hogares/personas en situación de pobreza aumentó en un 18,3 por ciento. En el caso de la cantidad de hogares/personas indigentes, el incremento interanual fue del 31,3 por ciento.
Entre octubre 2001 y mayo de 2002, en la mayor crisis socio-económica de la historia argentina, la cantidad de hogares/personas en situación de pobreza subió un 38 por ciento, mientras que la indigencia saltó un 82 por ciento.
Más lejos
En el segundo semestre de 2020, el ingreso total familiar promedio de los hogares pobres fue de 29.567 pesos, mientras que la canasta básica, que se utiliza para definir la línea de pobreza, alcanzó los 50.854 pesos. La distancia entre el ingreso y la canasta también subió, es decir que no sólo hay mayor cantidad de pobres sino que los pobres están más lejos de revertir su situación.
Entre los niños (de 0 a 14 años) la pobreza asciende al 57,7 por ciento, de modo que en el país hay más personas de esa edad que son pobres que los que no lo son. Un año atrás, ese número estaba en el 52,3 por ciento. También subió fuerte la pobreza en la franja de 15 a 29 años, desde 42,5 por ciento a 49,2 por ciento. Entre los 30 y 64 años, el avance fue de 30,5 a 37,2 por ciento. En este contexto, un dato no tan malo es la relativa estabilidad de la pobreza en la franja de 65 años y más, dado que pasó del 11,3 al 11,9 por ciento.
El desagregado regional muestra que en el Conurbano bonaerense la pobreza llegó al 51 por ciento de las personas y la indigencia, al 15,2 por ciento. Un año atrás, la pobreza en ese distrito era del 40,5 por ciento y la indigencia, del 11,3 por ciento. En el segundo semestre de 2018, la pobreza en el Conurbano era del 35,9 por ciento. También superó el promedio de pobreza el Gran Mendoza (44 por ciento), Gran Resistencia (53,6), Gran Tucumán-Tafí Viejo (43,5) y Concordia (49,5).
Pierden la carrera
La suba de la pobreza se explica por ingresos que son superados por la evolución de los precios de los alimentos y de los servicios básicos. Por el lado de los ingresos, el Indec calculó que en diciembre pasado frente al mismo mes de 2019 el avance del salario fue del 33 por ciento. Pero además, según el Ministerio de Trabajo el empleo registrado perdió 222 mil puestos a lo largo del año. Es de suponer que el impacto entre los no registrados haya sido mucho mayor.
En el mismo período, el capítulo de alimentos y bebidas del IPC-Indec subió un 42,1 por ciento, con especial subas en carnes y derivados, frutas, verduras y legumbres. Por ello, la canasta alimentaria, que define la línea de indigencia, avanzó en 2020 un 45,5 por ciento. Gracias al congelamiento de los servicios públicos, la suba de la canasta básica fue algo más moderada, del 39,1 por ciento.
El 2020 arrojó entonces una retracción del empleo en conjunto con un fuerte deterioro del poder adquisitivo de las personas que mantuvieron su puesto. Esto se dio en un contexto de pandemia pero también de fuertes controles de precios y congelamiento en muchos rubros, algo que este año no va a continuar en esa magnitud. Los datos también muestran que las medidas oficiales para contener el impacto de la pandemia, si bien permitieron que la situación no empeorara todavía más, es a las claras insuficiente para contener la retracción del ya muy deteriorado tejido social.
https://www.pagina12.com.ar/333029-aumento-la-pobreza-con-el-impacto-de-la-pandemia

Los datos corresponden al segundo semestre de 2020

La pobreza alcanzó al 42% de las personas y al 31,6% de los hogares

El índice de pobreza llegó al 42% al término del segundo semestre del 2020, 6,5 puntos porcentuales por encima del 35,5% de igual período de 2019, informó este miércoles el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
Además, el Índice de Indigencia, que comprende a las personas cuyos ingresos no alcanzan para comprar el mínimo de comida para la subsistencia, se ubicó en el 10,5%, contra el 8% del semestre julio-diciembre de 2019.
Entre ambas mediciones, el Producto Bruto Interno, (PBI) cayó un 9,9 % producto de las restricciones que se aplicaron para evitar la propagación de la Covid 19, al tiempo que la inflación fue de 36,1%.
Al cierre del primer semestre de 2020, el índice de pobreza se había ubicado en 40,9%, lo que significó un incremento de 5,5 puntos porcentuales respecto al 35,4% de igual período de 2019. En tanto, el Índice de Indigencia ascendió al 10,5% al término del primer semestre, contra el 7,7% de enero-junio del año pasado.
De esta forma, con respecto al primer semestre de 2020, al cierre del segundo semestre se registró un aumento en la cantidad de personas en situación de pobreza de 1,1 puntos porcentual, en tanto la indigencia se mantuvo en el mismo valor para el conjunto de la población cubierta por la encuesta.
El índice se elabora al contrastar los ingresos de personas y hogares -grupo familiar- frente a una canasta de alimentos, indumentaria y determinados productos, en el caso de la pobreza, y solo de carácter alimentario en el caso de la indigencia.
En el caso del Índice de Pobreza, la Canasta Básica Total aumentó 39,1% al cierre del año pasado, debido a que una pareja con dos hijos necesitó percibir ingresos por $ 54.207 para cubrir sus necesidades, mientras que la Canasta Alimentaria subió 45,5%, con una necesidad de ingresos de $22.680 para el mismo grupo familiar.
De cara a estos aumentos en los precios de alimentos y servicios, durante el año pasado, los salarios de los trabajadores privados se incrementaron 34,4%, los haberes del sector público, 26,8% y los empleados “en negro”, 39%, según la medición del Indec.
Si se toma una población estimada en 45,8 millones de habitantes, estas cifras implican que 19,2 millones de personas se encuentran en situación de pobreza, y entre ellos 4,5 millones son indigentes.
Por edades, entre los recién nacidos y los jóvenes de hasta 14 años, el Índice de Pobreza alcanza al 57,7% de ese grupo etario, y explica el 49,2% entre aquellos que tienen entre 15 y 29 años.
En lo que respecta a los grandes centros urbanos, los mayores niveles de pobreza se notaron en Resistencia, Chaco, con el 53,6% de la población; seguida por los partidos del Gran Buenos Aires, con el 51%; Concordia, 49,5%; San Nicolás-Villa Constitución, 43,6%, y el Gran Tucumán, con el 43,5% del total.
Según el Indec, en el caso de la indigencia, entendida esta como la gente cuyos ingresos no alcanzan para alimentarse, al cierre de 2020 comprendió al 15,2% de los habitantes del Gran Buenos Aires; 12,3% en en el gran centro urbano Neuquén-Plotier.
A los que se sumaron Resistencia, Salta y Mar del Plata, con un nivel apenas superior al 10%.
Por el contrario, los menores niveles de pobreza se anotaron en la Ciudad de Buenos Aires, con el 16,5%; y Bahía Blanca 24; mientras que el resto de los grandes centros urbanos se ubicaron todas por encima del 30 %.
El Indec informó que el porcentaje de hogares por debajo de la línea de pobreza (LP) alcanzó el 31,6%; donde residen el 42 % de las personas económicamente activas.
Dentro de este conjunto se distingue un 7,8% de hogares por debajo de la línea de indigencia (LI), que incluyen al 10,5% de las personas.
Esto implica que, para el universo de los 31 aglomerados urbanos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), por debajo de la LP se encuentran 2.926.890 hogares que incluyen a 12.000.998 personas y, dentro de ese conjunto, 720.678 hogares se encuentran por debajo de la LI, e incluyen a 3.007.177 personas indigentes.
“No solo hubo un aumento en la incidencia de pobreza respecto del primer semestre de 2020, sino que la situación de las personas bajo la línea de pobreza empeoró por la mayor distancia entre sus ingresos y la Canasta Básica Total”, concluyó el Indec.

https://www.pagina12.com.ar/332960-la-pobreza-alcanzo-al-42-de-las-personas-y-al-31-6-de-los-ho?cx_testId=3&cx_testVariant=cx_1&cx_artPos=0#cxrecs_s

jueves, 25 de marzo de 2021

Argentina- 24 de marzo: Plantamos memoria

 24-3-2021 Diario Pagina 12

A 45 años del golpe genocida-  

24 de marzo: Plantamos memoria

Las y los lectores de Página/12 se sumaron a la convocatoria para recordar a les 30 mil. 


VER FOTOS en
https://www.pagina12.com.ar/331531-24-de-marzo-plantamos-memoria


24 de marzo: Verdad y azote

Felix Crouse- * Integrante de Justicia Legítima. 

Cuando en las catacumbas de la Inquisición se torturaba a los herejes, éstos siempre eran culpables. Si confesaban el pecado, por la confesión. Si no lo hacían, por perseverar en la herejía.
La violencia y la verdad son dos columnas sobre las que descansa todo el poder de la Justicia. Se busca la verdad, y si esa verdad establece la culpabilidad del acusado, llega la violencia de la pena.
Lo que está prohibido es recurrir a la violencia para llegar a la verdad. No se puede forzar la confesión, no se puede torturar, no se puede detener antes de una sentencia como estrategia para resolver un caso.
Suele decirse que si en la dictadura el poder judicial hubiera cumplido su cometido, la dictadura no habría podido cometer los crímenes que cometió. Es un razonamiento ingenuo y equivocado: no hay dictadura con Poder Judicial independiente ni eficaz para contenerla. Y el Poder Judicial no tenía vocación de poner límites.
El terrorismo de Estado comenzó bastante antes de 1976, durante el degradado gobierno de Isabelita. Por entonces había jueces de la democracia. Varios de ellos fueron cómplices o encubridores de esos crímenes. Algunos luego procesados y encarcelados por esos hechos.
Con el retorno democrático, identificar al Poder Judicial y a esos jueces en particular como parte del poder dictatorial, y no como un dispositivo de freno fallido, costó aún más que encausar a los militares, al fin de cuentas solo los matarifes de José Alfredo Martínez de Hoz.
Pero hubo una coincidencia: tampoco en su caso la iniciativa surgió del Poder Judicial. Una vez más los familiares querellantes los identificaron y bregaron por sacarlos del despacho y sentarlos en el banquillo de los reos ante la abulia o fingida sorpresa de sus colegas.
Es que para el Poder Judicial tanto el 24 de marzo de 1976 como el 10 de diciembre de 1983 no sucedió nada determinante dentro del Palacio de Tribunales.
Tan jueces son para la grey togada los que juran por la Constitución como los que lo hicieron en su momento por el Estatuto del Proceso.
Jamás ninguno de los últimos fue repudiado ni raleado por sus pares de la democracia. Tampoco fue motivo para impedir su regreso y ascenso, hasta hoy, cuando varios siguen haciendo zancadillas a los juicios por los crímenes de la dictadura que antes los acunó.
En los juzgados nadie descolgó los cuadros de los jueces de la dictadura. No es una metáfora fácil: en algunos juzgados es costumbre colocar los cuadros de los jueces. Entre 1976 y 1983 solo cambió el ancho de las solapas de los trajes.
Quizás no sea la Corte sino todo el Poder Judicial el que se autoperciba como un Estado Libre Asociado a la República Argentina, según la amarga caracterización que saca sonrisas socarronas en los cafés frecuentados por el proletariado avenegra.
Nadie debería sorprenderse entonces de que en el presente la “terapia de la reja”, esa violencia ejercida sin sentencia para conseguir la confesión, esa verdad hija del azote abolido en 1813, sobrevuele nuevamente el Palacio. Supone honrar una oscura tradición judicial, donde el dolor humano tributa a la ideología y los intereses de Sus Señorías y sus patrones.
Como en el cuento “La Colonia Penitenciaria” de Kafka, la Ley se escribe con sangre en la carne de los reos. Sean guerrilleros, rebeldes, insumisos, marginales y, si es menester, empresarios.
La verdad, hoy como ayer, se moldea con la violencia.

https://www.pagina12.com.ar/182944-24-de-marzo-verdad-y-azote
 




Argentina- Complicidades que amparan la violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes

 25-3-21 Diario Pagina 12

Complicidades que amparan la violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes

Susana Toporosi - * Psicoanalista de niños, niñas y adolescentes.

¿Cuántas complicidades se necesitan para mantener la pesada cadena de la apropiación de los cuerpos de niños, niñas y adolescentes en la violencia sexual por parte de las instituciones del poder?
La violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes es un analizador de la sociedad machista y clasista en la que vivimos, o sea, deja a la vista, para que los vayamos descubriendo uno a uno, los eslabones de una trama abrumadora de complicidades institucionales.
Hace pocos días absolvieron al excura Carlos Eduardo José que ejerció violencia sexual contra quien era una niña de jardín y luego una adolescente, Mailín Gobbo. No sólo operó con total impunidad para sacarla de clase durante todo el tiempo que él quisiera para abusarla en el ámbito del Instituto José Obrero de Caseros, sino que además usó su poder de sacerdote para someter a su familia a la cual visitaba bajo la excusa de su capacidad de sanación, para lograr la confianza que le franqueara el acceso a permanecer a solas con su hija en su habitación “para sanarla”.
Docentes y padres que quedaban entregados a la confianza hacia una figura empoderada por la institución de la Iglesia, por ser supuestamente protectora.
Pero entendamos bien. La confianza no era hacia la persona individual del excura, sino a su investidura por parte de la institución que lo había empoderado en el cargo que le había otorgado. Esto significa que es la institución también la que fue violentada por Carlos Eduardo José al haberla defraudado en la confianza otorgada.
¿Qué hizo la institución Iglesia Católica frente a uno de los suyos que violó la confianza que la propia institución había depositado en él para educar?
En lugar de sentirse agraviada suspendiendo al excura hasta que se investigue lo denunciado lo trasladó a otra escuela, lo protegió escondiéndolo una semana en un seminario, tiempo en el que permaneció prófugo de la justicia. O sea, amparó al violento, desamparó a los violentados y a todas las comunidades educativas que confían en ella. Una red de complicidades que no constituye un caso aislado sino un modo habitual de operar.
¿Entendemos la gravedad que tiene que una institución que se ocupa de la educación de niños, niñas y adolescentes, con muchísimas escuelas a su cargo, frente al riesgo de quedar cuestionada, intente negar y tapar sus fallas y hasta los delitos que se cometen en su interior, trasladando a quien es un agresor de niños, un delincuente, a otra escuela, a otra comunidad, para que lo siga haciendo? ¿Cuál es la confianza que podrán tener padres de niños, niñas y adolescentes para entregar la educación de sus hijos en manos de una institución que va a velar por la reproducción de sus propios privilegios sin considerar la protección de derechos de las infancias que sus actos, como institución que toma a su cargo tareas educativas, deberían reflejar?
¿Cuál es el nivel de sometimiento que se necesita por parte de la comunidad para poner de costado estas acciones institucionales y seguir apostando a la educación en manos de la Iglesia Católica?
La complicidad de la justicia patriarcal aporta sus escabrosos eslabones a esta pesada cadena de complicidades: para otras tres jóvenes que se animaron a denunciar al excura sus denuncias prescribieron. Y en el caso de una cuarta joven que se animó a denunciarlo, le tomaron declaración en la fiscalía en presencia de los abogados del excura, quienes en una clara maniobra machista revictimizante le pidieron que describiera el tamaño del pene del agresor, con lo cual la joven, arrasada, no pudo volver a declarar.
El marco social de impunidad que construyen estos representantes institucionales para los delitos de violencia sexual entorpece y obstruye el proceso individual de elaboración psíquica del traumatismo padecido por cada niño, niña o adolescente y sus adultos protectores.
El trabajo psicoterapéutico no alcanza. La reparación de cada psiquismo individual depende también de que se logre desarticular esas pesadas cadenas de impunidad. Que las instituciones que operan con complicidad sólo preocupadas por sostener sus propios privilegios sean interpeladas por el discurso social. Que se cuestione su idoneidad para seguir a cargo de tareas tan sensibles como son las educativas o de administración de justicia para las infancias y adolescencias.
Si es reconocido como un delito en el discurso social, si el abusador es castigado por la ley, si se hace público quién fue el que causó el daño y quién fue dañado, el procesamiento en el psiquismo de la víctima tendrá mejores posibilidades. No alcanza con el trabajo psicoterapéutico. El marco social de impunidad para los delitos de abuso entorpece el proceso individual de elaboración psíquica de cada niño, niña o adolescente abusada.

https://www.pagina12.com.ar/331724-complicidades-que-amparan-la-violencia-sexual-contra-ninos-n

lunes, 15 de marzo de 2021

Mundo- Desmercantilizar Descolonizar y Despatriarcalizar

 28-2-2021 Diario El Pais- Ideas


Desmercantilizar Descolonizar y Despatriarcalizar

por  Boaventura de Souza Santos


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