lunes, 4 de junio de 2012

UE- Latinoamerica- A la izquierda de lo posible-Por Boaventura de Sousa Santos

4-6-12 Diario Pag 12- Opinion
Por Boaventura de Sousa Santos ** Doctor en Sociología del Derecho. El texto corresponde a la “Sexta carta a las izquierdas” del autor. Traducción: Javier Lorca.

Históricamente, las izquierdas se dividían a partir de los modelos de socialismo y las vías para realizarlos. Al no estar el socialismo, por ahora, en la agenda política –incluso en América latina pierde aliento la discusión del “socialismo del siglo XXI”–, las izquierdas parecen dividirse a partir de los modelos de capitalismo. A primera vista, esta división tiene poco sentido pues, por un lado, en la actualidad hay un modelo global del capitalismo, de lejos hegemónico, dominado por la lógica del capital financiero, basado en la búsqueda del máximo lucro en el menor tiempo posible, cualesquiera sean los costos sociales o el grado de destrucción de la naturaleza. Por otro lado, la disputa por los modelos de capitalismo debería ser más una disputa entre las derechas que entre las izquierdas. Pero no es así. A pesar de su globalidad, el modelo de capitalismo ahora dominante asume características distintas en diferentes países y regiones y las izquierdas tienen un interés vital en debatirlas, no sólo porque están en cuestión las condiciones de vida, aquí y ahora, de las clases populares, que son el soporte político de las izquierdas, sino también porque la lucha por horizontes poscapitalistas –a los que algunas izquierdas todavía no renunciaron– depende mucho del capitalismo real del que se parta.
Como el capitalismo es global, el análisis de los diferentes contextos debe tener en cuenta que, a pesar de sus diferencias, son parte del mismo texto. Siendo así, es perturbadora la actual disyunción entre las izquierdas europeas y las izquierdas de otros continentes, sobre todo las izquierdas latinoamericanas. Mientras las izquierdas europeas parecen estar de acuerdo en que el crecimiento es la solución para los males de Europa, las izquierdas latinoamericanas están profundamente divididas respecto del crecimiento y el modelo de desarrollo sobre el que se asienta. Veamos el contraste. Las izquierdas europeas parecen haber descubierto que la apuesta por el crecimiento económico es lo que las distingue de las derechas, que apuestan por la consolidación presupuestaria y la austeridad. El crecimiento significa empleo y éste, una mejora en las condiciones de vida de las mayorías. Sin embargo, no problematizarlo implica la idea de que cualquier crecimiento es bueno. Y eso es un pensamiento suicida para las izquierdas. Por un lado, las derechas lo aceptan fácilmente (como ya lo están aceptando, porque están convencidas de que será el crecimiento que ellas proponen el que prevalezca). Por otro lado, significa un retroceso histórico grave en relación con los avances en las luchas ecológicas de las últimas décadas, en los que algunas izquierdas tuvieron un rol determinante. O sea, se omite que el modelo de crecimiento dominante es insostenible. En pleno período preparatorio de la Conferencia de la ONU Río+20 no se habla de sustentabilidad, no se cuestiona el concepto de economía verde, aun cuando más allá del color de los dólares sea difícil imaginar un capitalismo verde.
En contraste, en América latina las izquierdas están polarizadas como nunca con respecto al modelo de crecimiento y desarrollo. La voracidad de China, el consumo digital sediento de metales raros y la especulación financiera sobre la tierra, las materias primas y los bienes alimentarios están provocando una carrera sin precedentes por los recursos naturales: la exploración y explotación megaminera a cielo abierto, la exploración petrolífera y la expansión de la frontera agrícola por el agronegocio. El crecimiento económico que propicia esta carrera choca con el aumento exponencial de la deuda socioambiental: la apropiación y la contaminación del agua, la expulsión de muchos miles de campesinos pobres y de pueblos indígenas de sus tierras ancestrales, la deforestación, la destrucción de la biodiversidad, la ruina de los modos de vida y las economías que hasta ahora garantizaron la sustentabilidad.
Frente a esta contradicción, una parte de las izquierdas –que están en la coalición gobernante en varios países– apoya la oportunidad extractivista, ya que los ingresos que genera se canalizan a reducir la pobreza y construir infraestructura. Otra parte –que de un modo más o menos radical se opone las coaliciones gobernantes– ve al nuevo extractivismo como la fase más reciente de la condena colonial de América latina a ser exportadora de naturaleza para los centros imperiales que están saqueando inmensas riquezas y destruyendo los modos de vida y las culturas de los pueblos. La confrontación es tan intensa que pone en cuestión la estabilidad política de países como Bolivia o Ecuador.
El contraste entre las izquierdas europeas y latinoamericanas reside en que sólo las primeras suscribieron incondicionalmente el “pacto colonial”, según el cual los avances del capitalismo valen por sí, aunque hayan sido (y continúen siendo) obtenidos a costa de la opresión colonial de los pueblos no europeos. Nada nuevo en el frente occidental mientras sea posible la exportación de la miseria humana y la destrucción de la naturaleza.
Para superar este contraste e iniciar la construcción de alianzas transcontinentales son necesarias dos condiciones. Las izquierdas europeas deberían poner en cuestión el consenso del crecimiento, que o es falso o significa una complicidad repugnante con una injusticia histórica demasiado larga. Deberían discutir el tema de la insustentabilidad, cuestionar el mito del crecimiento infinito y la idea de la inagotable disponibilidad de la naturaleza sobre la que se asienta, asumir que los crecientes costos socioambientales del capitalismo no se pueden superar con imaginarias economías verdes, defender que la prosperidad y la felicidad de la sociedad dependen menos del crecimiento que de la justicia social y la racionalidad ambiental, tener el coraje de afirmar que la lucha por la reducción de la pobreza es una burla para encubrir la lucha que no se quiere librar contra la concentración de la riqueza.
A su vez, las izquierdas latinoamericanas deberían discutir las antinomias entre el corto y el largo plazo, tener en mente que el futuro de las rentas diferenciales generadas actualmente por la explotación de los recursos naturales está en manos de unas pocas empresas multinacionales y que, al final de este ciclo extractivista, los países pueden ser más pobres y dependientes que nunca, reconocer que el nacionalismo extractivista garantiza al Estado ingresos que pueden tener una importante utilidad social si, en parte por lo menos, son utilizados para financiar una política de transición, que debe comenzar desde ya, desde el extractivismo depredador hacia una economía plural en la que esas actividades extractivas sólo serán útiles en la medida en que sean indispensables.
Las condiciones para desarrollar políticas de convergencia global son exigentes, pero no inviables, y apuntan a opciones que no deben ser descartadas bajo el pretexto de ser políticas de lo imposible. La cuestión no está en tener que optar entre la política de lo posible y la política de lo imposible. Está en saber estar siempre a la izquierda de lo posible.
 
http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-195573-2012-06-04.html

viernes, 1 de junio de 2012

Mundo- Los retos de Rio+20

1-6-2 le Monde

Ignacio Ramonet
País:  Global, Brasil
Tema:  Sostenibilidad, Crisis económica, Economía, Ecología 

Brasil acoge en Río de Janeiro, del 20 al 22 de junio, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible, llamada también “Rio+20” porque se ­celebra dos décadas después de la primera gran Cumbre de la Tierra de 1992. Asistirán a ella más de 80 jefes de Estado. Las discusiones se centrarán en torno a dos temas principales: 1) una “economía verde” en el contexto del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza; y 2) el marco institucional para el desarrollo sostenible. En paralelo al evento oficial, también se celebra la Cumbre de los Pueblos que congrega a los movimientos sociales y ecologistas del mundo.

Las cuestiones ambientales y los desafíos del cambio climático siguen constituyendo urgencias mayores de la agenda internacional (1). Pero esta ­realidad está siendo ocultada, en España y en Europa, por la gravedad de la crisis económica y financiera. Normal. 

La eurozona atraviesa uno de sus momentos más difíciles a causa del ­fracaso manifiesto de las políticas de “austeridad a ultranza”. La recesión se ha instalado en varias economías, con un desempleo en alza y dramáticas ­tensiones financieras. España, en particular, vive sus momentos más preocupantes desde 2008; peores que cuando ­quebró el banco Lehman Brothers. La economía ha debido someterse a la auditoría de los inspectores de Bruselas. La prima de riesgo se disparó entrando en zona de intervención, y se han vuelto a despertar todas las dudas sobre la solvencia del sistema bancario español, arrastrado por la escandalosa quiebra de Bankia. 

Ante el fracaso del Banco de España, y las dudas sobre la credibilidad del sistema financiero, se ha tenido que recurrir a un grupo de firmas “independientes” extranjeras para analizar la morosidad oculta de los bancos españoles (2). Entre los ciudadanos se extiende la idea de que España va a necesitar, de manera más o menos inmediata, el apoyo del Fondo de Rescate Europeo, como ya le ocurrió a Irlanda, Grecia y Portugal. El 62% de los españoles lo teme.

Cunde pues el pesimismo. El premio Nobel de economía Paul Krugman echó leña al fuego cuando, el mes pasado (3), avisó que es “muy posible” que Grecia abandone el euro en el curso de este mes de junio... Una salida de Atenas de la moneda única europea tendría como consecuencia inmediata la fuga de capitales hacia los paí­ses vecinos y la retirada en masa de los depósitos bancarios. Fenómenos que se contagiarían inevitablemente a Portugal e Irlanda y, sin duda, a España e Italia. Krugman vaticinó por cierto que no descartaba que, después, llegara a España y a Italia un corralito bancario (4)... 

En esas preocupaciones estamos. Y por eso los ciudadanos europeos siguen con tanta atención la agenda electoral europea: elecciones legislativas francesas el 10 y el 17 de junio; nuevas elecciones griegas ese mismo día 17 de junio. Y la cumbre de Bruselas del 28 y 29 de junio que decidirá por fin si la Unión Europea sigue la senda alemana de la austeridad hasta la muerte, o si adopta la vía francesa del crecimiento y del resurgimiento. Dilema vital.

Pero ello, a pesar de su dramatismo, no debe hacernos olvidar que, a escala del planeta, hay otros dilemas vitales no menos decisivos. Y el principal de ellos es el desastre climático del que será cuestión, también este mes, en Río de Janeiro. Recordemos que, en 2010, el cambio climático fue la causa del 90% de los desastres naturales que ocasionaron la muerte de unas 300.000 personas, con un quebranto económico estimado en más de 100.000 millones de euros…

Otra contradicción: en Europa, los ciudadanos reclaman, con razón, más crecimiento para salir de la crisis; pero en Río, los ecologistas advertirán que el crecimiento –si no es sostenible– significa siempre mayor deterioro del medio ambiente y mayor peligro de agotamiento de los limitados recursos del planeta...

Los líderes mundiales, junto con miles de representantes de gobiernos, empresas privadas, organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales y otros grupos de la sociedad civil, se reúnen pues en Río de Janeiro para definir precisamente una agenda global a fin de garantizar la sostenibilidad ambiental y también reducir la pobreza y promover la igualdad social. El debate central estará entre el concepto de “economía verde” que defienden los portavoces del neoliberalismo, y el de “economía ­solidaria”, promovida por los movimientos que creen que sin la superación del modelo actual de “desarrollo predatorio”, basado en la acumulación privada de riqueza, no habrá preservación ambiental.

Los países ricos acuden a Río con esa propuesta principal de la “economía verde”. Un concepto-trampa que se limita a designar, la mayoría de las veces, un simple camuflaje verde de la economía pura y dura de siempre. Un “enverdecimiento”, en suma, del ­capitalismo especulativo. Esos países desean que la Conferencia Rio+20 les otorgue un mandato de las Naciones Unidas para empezar a definir, a ­escala planetaria, una serie de indicadores de medición para evaluar económicamente las diferentes funciones de la naturaleza, y crear de ese modo las bases para un mercado mundial de servicios ambientales.

Esa “economía verde” desea no sólo la mercantilización de la parte material de la naturaleza ­sino la mercantilización de los procesos y funciones de la naturaleza. En otras palabras, la “economía verde”, como afirma el activista boliviano Pablo Solón, busca no sólo mercantilizar la madera de los bosques sino mercantilizar también la capacidad de absorción de dióxido de carbono de esos mismos bosques (5). 

El objetivo central de esa “economía verde” es crear, para la inversión privada, un mercado del agua, del medio ambiente, de los océanos, de la biodiversidad, etc. Asignando precio a cada elemento del medio ­ambiente, con el objetivo de garantizar las ganancias de los inversores privados. De tal modo que la “economía verde”, en vez de crear productos reales, organizará un nuevo mercado inmaterial de bonos e instrumentos financieros que se negociarán a través de los bancos. El mismo sistema bancario culpable de la crisis financiera del 2008, que recibió miles de millones de euros de los gobiernos, dispondrá así, a su antojo, de la Madre Naturaleza para seguir especulando y realizando de nuevo cuantiosas ganancias.

Frente a estas posiciones, paralelamente a la Conferencia de la ONU, la sociedad civil organiza en Río la Cumbre de los Pueblos. En este foro se presentan alternativas en defensa de los “bienes comunes de la humanidad”. Producidos por la naturaleza o por grupos humanos, a nivel local, nacional o global, estos bienes deben ser de propiedad colectiva. Entre ellos están el aire y la atmósfera, el agua, los acuíferos –ríos, océanos y ­lagos–, las tierras comunales o ancestrales, las semillas, la biodiversidad, los parques ­naturales, el lenguaje, el paisaje, la memoria, el ­conocimiento, ­Internet, los productos distribuidos con licencia libre, la información genética, etc. El agua dulce empieza a ser vista como el bien común por excelencia, y las luchas contra su privatización –en varios Estados– han tenido notable éxito. 

Otra idea que preconiza la Cumbre de los Pueblos es la de una transición gradual entre una civilización antropocéntrica y una “civilización biocéntrica”, centrada en la vida, lo que implica el reconocimiento de los derechos de la Naturaleza y la redefinición del buen vivir y de la prosperidad de modo que no dependan del crecimiento económico infinito. También defiende la soberanía alimentaria. Cada comunidad debe poder controlar los alimentos que produce y consume, acercando consumidores y productores, defendiendo una agricultura campesina y prohibiendo la especulación financiera con los alimentos. 

En fin, la Cumbre de los Pueblos reclama un vasto programa de “consumo responsable” que incluya una nueva ética del cuidado y del compartir; una preocupación contra la obsolescencia artificial de los productos; una preferencia por los bienes producidos por la economía social y solidaria basada en el trabajo y no en el capital; y un rechazo del consumo de productos realizados a costa del trabajo esclavo (6).

La Conferencia Rio+20 ofrece así la ocasión a los movimientos sociales, a escala internacional, de reafirmar su  lucha por una justicia ambiental en oposición al modelo de desarrollo especulativo. Y su rechazo del intento de “enverdecimiento” del capitalismo. Según esos movimientos, la “economía verde” no constituye una solución a la crisis ­ambiental y alimentaria. Al contrario, se trata de una “falsa solución” que agravará el problema de la mercantilización de la vida (7). En suma, un nuevo disfraz del sistema. Y los ciudadanos están cada vez más hartos de los disfraces. Y del sistema.

(1) Léase Ignacio Ramonet,  “Urgencias climáticas”, Le Monde diplomatique en español, enero de 2012.
(2) El País, Madrid, 21 de mayo de 2012.
(4) “Corralito” es una palabra surgida durante la crisis económica argentina de 2001, cuando ante la avalancha de clientes a los bancos para retirar sus ahorros, el ministro  Domingo Cavallo decidió que cada titular de cuenta sólo podría retirar un máximo de 250 pesos por semana. El ministro español de Hacienda, Cristóbal Montoro, declaró, al revuelo causado por la palabras de Krugman, asegurando que un corralito en España es una posibilidad técnicamente imposible.
(5) Pablo Solón, “¿Qué pasa en la negociación  para Rio+20?”, 4 de abril de 2012. http://rio20.net/documentos/que-pasa-en-la-negociacion-para-rio20
(7) Léase, “Declaración de la Asamblea de movimientos sociales”, Porto Alegre, 28 de enero de 2012. http://redconvergenciasocial.org/?p=160

http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=e65e3a88-c75f-4298-807e-0c577fdc3902

Mundo- Niños chinos necesitan infancias más felices, según estudio

jueves, 31 de mayo de 2012-  Argenpress

XINHUA
La mayoría de los entrevistados en una reciente encuesta tienen la sensación de que los niños de hoy en día no son tan felices como los de generaciones anteriores, y muchos están de acuerdo en que la responsable es la sociedad en su conjunto.
El estudio, llevado a cabo por el diario China Youth Daily y publicado hoy jueves, muestra que el 53,2 por ciento de los 11.754 encuestados son de la opinión de que los niños actuales no son tan felices como los de generaciones previas, y un 11,3 por ciento declaran no haber tenido infancias felices en sus propios casos, aunque piensan que hoy en día la situación es aún peor.
En cuanto a la distribución de la responsabilidad, un 78 por ciento cree que el culpable es el conjunto de la sociedad, alrededor del 51 por ciento piensa que lo son los padres, y un 44,3 por ciento opina que la responsabilidad recae en las escuelas.
"La presión académica y el ansia de los padres por que sus hijos tengan éxito son las dos principales causas de las infancias infelices", dice Huang Hongji, experto en estudios infantiles de la Universidad Pedagógica de Shanghai.
En opinión de un 71,1 por ciento de los encuestados, la falta de tiempo libre causada por el exceso de carga académica y las actividades extraescolares es uno de los principales factores de depresión infantil. "Las desmedidas expectativas de los padres" y "la presión de los exámenes" son asimismo factores esenciales, de acuerdo con el sondeo.
Según Sun Hongyan, investigadora del Centro de Estudios de la Juventud y la Infancia de China, su equipo condujo un estudio sobre más de 200 alumnos de primaria y secundaria en escuelas de la capital china de Beijing y de la provincia oriental de Zhejiang, y descubrió que incluso aquellos niños que aseguraban ser felices no disfrutaban de una auténtica felicidad.
Al ser preguntados qué es la felicidad, la mayor parte de los niños respondieron que "sacar buenas notas", "tener amigos", y "tener tiempo libre" les hacía felices.
"Si un niño considera que ir bien en el colegio es una de las principales fuentes de felicidad, y el tiempo libre se convierte en un lujo, ¿cómo puede ser realmente feliz?, dice Sun.
Lu Zhi, autor de libros infantiles, apunta que el estrés de los progenitores, que no es más que un reflejo del estrés sufrido por el conjunto de la sociedad, podría ser una de las razones que explicasen las emociones negativas de sus hijos, y pueden llegar a destruir sus infancias.
Los padres, mientras tanto, se sienten frustrados por la situación en la que se encuentran sus vástagos.
"Dudo que haya padres que realmente quieran encarcelar a sus hijos para que estudien, pero el inapropiado sistema de selección de talento de la sociedad, que se basa en gran medida en la formación académica de la gente, les fuerza a comportarse de ese modo", dice Sun, que además es madre.
La mayoría de los encuestados creen que la ausencia de una infancia alegre puede afectar al estado físico y mental del niño, llevar a aborrecer el aprendizaje, y socavar la curiosidad, la vitalidad y el pensamiento independiente.
En el sondeo, el 85,2 por ciento de las personas respondieron que los niños necesitan vidas más felices, con más tiempo para jugar y menos deberes y lecciones. A este respecto, Lu hizo un llamamiento a los padres para que, primero, alivien sus propias tensiones, y después presten más atención a la salud psicológica de sus hijos.
 

Mundo- Denuncian peligro del trabajo forzoso en el mundo

viernes, 1 de junio de 2012- Argenpress- por PL

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) denunció hoy que 20,9 millones de personas están obligadas a laborar contra su voluntad, atrapadas en empleos que les han sido impuestos que no pueden abandonar.

Según el informe "Estimaciones Globales de Trabajo Forzoso" difundido este viernes, los afectados son amenazados con deudas, retención de documentos de identidad, denuncias ante departamentos de inmigración e incluso violencia física.
La OIT indicó que del número mencionado, 5,5 millones tienen edades por debajo de los 18 años, lo cual equivale al 23 por ciento del total.
La región de Asia y el Pacífico representa el número más alto de trabajadores forzosos en el mundo, 11,7 millones, seguida de África, con 3,7 millones y América Latina, con 1,8 millones.
Mientras, en las economías desarrolladas y en la Unión Europea hay 1,5 millones, en tanto en los países de Europa Central y Suroriental y la Comunidad de Estados Independientes se registran 1,6 millones.
Respecto a la prevalencia del fenómeno, el estudio concluyó que este es más común en Europa central y oriental (4,2 personas por cada mil habitantes), seguido de Africa (cuatro), Oriente Medio (3,4), Asia y el Pacífico (3,3), Latinoamérica y el Caribe (3,1) y las economías desarrolladas (1,5).
Tras avanzar en los esfuerzos por promover legislaciones nacionales para combatir el flagelo, la OIT señaló que la atención debería dirigirse hacia una mejor identificación y persecución del trabajo forzoso y de los delitos relacionados como la trata de seres humanos.
En ese sentido, consideró que se debe evitar un incremento en la cifra de víctimas durante la actual crisis económica, en la cual las personas son cada vez más vulnerables a esta práctica nefasta.

http://www.argenpress.info/2012/06/denuncian-peligro-del-trabajo-forzoso.html